Muchas veces me ha tocado contenerme y decirme en silencio: "por favor, no llores", mientras comía, trabajaba o caminaba sola por la calle, intentando seguir adelante como si nada estuviera pasando.
Lo que más admiro de mí misma es que, después de todo lo que he pasado, sigo siendo tranquila, sigo llena de amor, sigo siendo esa buena mujer.
Estoy orgullosa de en quien me he convertido. Nunca dejé que el mundo me endureciera.
Aspiro a una vida tranquila porque ya viví demasiado tiempo en medio de la ira, el caos y el desorden. Hoy elijo la calma, los límites y la distancia de todo aquello que me roba estabilidad. Entendí que mi paz no es un lujo: es una necesidad que voy a cuidar.
Ultimamente, mi mayor deseo es que los planes de Dios coincidan con los míos, pero si no es así, que prepare mi mente y mi corazón para aceptar con fe todo aquello que tenga preparado para mi vida.
Soy el claro ejemplo, de que para alejarme de algo, primero tiene que destruirme por completo. Y no es falta de amor propio, es la bendita fe que tengo en creer que todo puede cambiar.
la depresión funcional existe (distimia). Trabajas, bromeas, cuidas a los tuyos, te arreglas, pero mentalmente te estás ahogando en tus propios pensamientos y nadie lo sabe
Retírate de la misma forma en que llegaste: alegre, genuina, con buenas intenciones y en paz. Seguramente fuiste el golpe de suerte que jamás volverán a tener.
He cambiado de gustos, de planes y hasta de versión de mí misma. Pero hay algo que nunca cambió: mi sueño de casarme, formar una familia y compartir la vida con alguien que también me elija todos los días