En magnífica conferencia, José F. Peláez e Ignacio Camacho insistían ayer en que hablamos demasiado en las columnas de actualidad y de Pedro Sánchez. Y yo me sonreía por lo bajo, porque acaba de enviar a redacción ésta, situada a mediados del siglo XIX.
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Casi siempre es tarde cuando comprendemos al otro, porque se precisa objetividad. El drama es que, una vez hay comprensión, ya no está el otro o el afecto ha desaparecido. Sin afecto no hay relación, pero sin comprensión no hay futuro. El milagro es que se den a la par, a tiempo.
'para el lector católico toda lectura termina transfigurándose en católica, aunque no fuese ésa la intención del autor, del mismo modo que frente a cualquier paisaje sublime o hermoso, el alma de un católico se pone de rodillas"🎩
El 18 de junio, invitado por la @FundacionAHO, hablé sobre lo que significa ser un escritor católico. También hablo de lo que significa ser un lector católico. Como es natural y, sobre todo, gozoso, no digo nada nuevo.
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«Gratis lo recibisteis; dadlo gratis». Quizá una de las grandes tragedias de la vida es olvidar que lo mejor que tenemos nunca lo compramos: el amor, la fe, la amistad, la gracia...
Cuando Jesús envía a sus discípulos lo hace para que repartan con generosidad gestos y palabras que restauran la vida y la dignidad de las personas. Somos enviados a realizar las mismas obras del Señor, en el seno de nuestras relaciones y de nuestras ocupaciones cotidianas.
Será muy fácil estos días componer la triste figura del racionalista altivo, incapaz de comprender a esos chavales traicionados por todas las ideologías que acuden a oír a un señor de 70 años que no promete el éxito para invertir en criptos.
Mi columna: https://t.co/O4NeFBu74A
Hay quien se ha lanzado a evangelizar sin pasar por la vida oculta. Y son esos tiempos de silencio, de tranquila maduración y de atravesar más de una tormenta y más de una batalla, los que dan luego sentido, hondura y verdad a la Palabra de la que se intenta ser eco.
Hoy te pido una paga diferente:
acuérdate del que sufre en el trabajo,
del que está explotado
y sobre todo del que no lo tiene.
Recuérdame para qué trabajo,
la suerte que tengo
y Quién es mi jefe.
Ayúdame a verte en los compañeros
–en los buenos y en los no tan buenos–,
a sentirte en la rutina
y a no perder la ilusión.
Tú, que trabajaste como carpintero
–con silencio y mucho sudor–,
haz que mi trabajo
también sea Reino de Dios.
[Álvaro Lobo, sj]
A todos los que están subiendo a sus estados de WhatsApp y retuiteado palabras del Papa León XIV, los espero.
Los espero porque el Papa no es mudo, ni ha sido mudo, ni debe ser mudo.
"El amor no es consuelo… es luz”, diría Simone Weil. La tentación es no aceptar ese vacío e intentar llenarlo con falsos consuelos, compensaciones mezquinas. Aceptar nuestro vacío nos abre a la posibilidad de ser llenados, a su tiempo y en su momento, por la luz que es el Amor.
Hemos llegado a un punto en el que una parte de la sociedad se escandaliza si una chica joven decide hacerse monja en una película , pero calla y otorga cuando alguien quiere suicidarse en la realidad.