Mi mayor red flag es que no importa que tan mal me sienta, nunca voy a decir ni la mitad de lo que realmente siento porque eso implicaría sentirme vulnerable y detesto sentirme así.
Lo más difícil de este año ha sido darme cuenta de que no todo el mundo tiene las mismas intenciones que yo, que no todos cuidan como yo cuido, ni valoran como yo valoro. Aceptar eso ha sido una de las lecciones más incómodas, pero también necesarias.