Como cada año, mes, semana, día, hora, minuto y segundo, lo definitorio subyace en el hecho de aprender a disfrutar el viaje y la compañía. Pudo no haber existido. En ello residen las raíces del arte de vivir.
Probablemente el texto mas importante a leer actualmente. El impacto profundo de la propaganda y como muchísima gente fue manipulada y condicionada a odiar.
Las cosas que me quedaron claras respecto a este mundial:
1. Messi es el mejor futbolista de toda la historia
2. España es un digno campeón
3. La tecnología ha impactado negativamente en el futbol
4. Hubo una campaña orquestada -aunque con mucho colaborador espontáneo- contra Argentina
5. Llegó a su fin la última gran época del futbol; lo que viene por delante va a ser MUY aburrido
Sobre esto último vale la pena ampliar un poco.
La rivalidad Messi vs. CR7 dominó las últimas dos décadas del futbol. Fue el clímax de un deporte en el que todavía importaba más la disciplina y el talento que las Relaciones Públicas y las Redes Sociales.
El cambio llegó, y fue gracias al talento sobresaliente de Messi y CR7 (y otros como Modric, Suárez, Neymar, Kroos, etc.) que todavía hasta este mundial pudimos disfrutar de lo mejor del futbol.
Pero ha llegado la era híper tecnologizada, el futbol de Instagram y TikTok, X y Facebook. Y el problema no es el uso que los jugadores le den a las redes para construir una imagen (verdadera o falaz, da igual), sino la presión que las redes sociales provocarán en los equipos, los entrenadores, los árbitros y las instituciones.
De hecho, la final del mundial fue el ejemplo perfecto de ello: después de todas las controversias acumuladas durante todo el torneo, está muy claro que Argentina -un equipo al estilo de la vieja escuela- no supo o no pudo manejar todo ese estrés. Los españoles, más jóvenes y acostumbrados de manera natural a eso, ni siquiera lo resintieron.
Así va a ser la era de M'bappe, Haaland, Cucurella, Pedri, Yamal y Vinicius, un futbol que no se va a resolver nada más en la cancha, sino en las redes sociales.
No me gusta. Con la final del mundial creo que ha muerto mi interés por ese deporte. Me siento como cuando Ayrton Sena murió en un trágico accidente y Alain Prost decidió retirarse. Con el final de esa rivalidad -idéntica en todo sentido a la de Messi vs. CR7- acabó una época brillante de la F1 (la de Piquet, Mansell, Patrece, Naninni, heredera a su vez de la de Fangio, Roseberg o Fittipaldi), y llegó la de figuras ultradominantes como Schumacher, Hamilton o Verstappen.
Dirán que estoy viejo y el mundo actual empieza a incomodarme, pero nunca me van a quitar el placer de saber que pude ver en vivo y directo el futbol más bonito de toda la historia, plagado de figuras que nos regalaron momentos inolvidables. Las nuevas estrellas tal vez lleguen a romper algunos récords, pero no creo -soy pesimista del todo- que nos vayan a hacer vibrar como esos clásicos del Barça vs. Madrid en los que se nos iba la vida.
Con este mundial llegaron a su fin las carreras de Messi y CR7, y con ellos murió una época.
El símbolo de dicha era será, inevitablemente, Lionel, el único que pudo conjuntar en su persona casi todos los récords del mundo.
Háblese, de ahora en adelante, del fútbol en términos de Antes del Messías y Después del Messías.
Hay fotografías que, cuando fueron tomadas, no significaban nada. Hasta que el tiempo les dio un valor incalculable.
En 2007, el fotógrafo español Joan Monfort participó en una campaña solidaria de UNICEF, el FCB y el diario Sport. Leo Messi, con apenas 19 años, debía fotografiarse con un bebé de un casal para niños y familias vulnerables.
Uno de esos bebés tenía solo cinco meses.
Se llamaba Lamine Yamal.
Nadie podía imaginar que, diecinueve años después, aquellos dos protagonistas se enfrentarían en una final de un Mundial representando a dos generaciones diferentes del fútbol.
Es una de esas historias que demuestran que la realidad siempre supera a la ficción.
Una fotografía tomada para una buena causa terminó convirtiéndose, sin que nadie lo supiera, en uno de los documentos más simbólicos de la historia del deporte.
Porque hay imágenes que no capturan solo un instante.
Capturan un destino.
A la derecha tenemos una idea de como reaccionaron la mayoría de los edificios que colapsaron en Catia La Mar, Maiquetía y La Guaira (Vargas). Estructuras con bases en terrenos aluviales que se licuaron y colapsaron de inmediato.
A la izquierda tenemos como deberían ser esas estructuras, similares a los construcciones en Japón, que entre otras cosas, tienen pilotes por punta o apoyados en la roca madre, disipadores de energía o amortiguadores, y aisladores sísmicos de base. 👇
🇻🇪‼️| “Hicimos un milagro, una nueva ciudad en La Guaira, con tecnología, maquinaria. Esto es la nueva Venezuela, no la chatarra de antes”, expresó Hugo Chávez cuando inauguró la Misión Vivienda y entregó los inmuebles en 2012. Catorce años después, ninguna de esas viviendas quedó en pie por el terremoto y se reveló que estaban construidas con goma espuma, aluminio y materiales de baja calidad. ¿El promotor inmobiliario del proyecto? Alex Saab.
Vista aérea sobre el estado Vargas (La Guaira) - Venezuela, después de los dos terremotos devastadores (doblete) con magnitudes de 7.2 y 7.5 Mw en la escala de momento, ocurridos en tarde del 24 de junio de 2026.
Qué dolorosa manera de comprender la fragilidad de nuestra existencia. Todo lo que parece estable y permanente es, en realidad, efímero; no solo los edificios, sino nuestra propia vida que pende de un hilo.
Un minuto se puede convertir en una eternidad cuyo recuerdo nos acompañará siempre. Frente a lo eterno, la historia humana es solo un breve suspiro. Abraza cada instante, #FuerzaVenezuela
El que no es venezolano ve escombros, nosotros vemos años de ahorro, vemos la sala que una familia fue comprando de a poco, los electrodomésticos que costó años reemplazar, y todo lo que representa el esfuerzo de una vida. En Venezuela, perder lo material también duele profundo
Llevo años estudiando la crisis migratoria venezolana y este evento me deja dos cosas clarísimas: la absoluta desolación en la que el chavismo dejó a Venezuela y la magnitud de la fractura familiar que produjo el éxodo. La cantidad de migrantes buscando noticias de familiares que quedaron atrás, muchas veces niños, adolescentes y adultos mayores solos, te desbarata el alma.
Ser venezolano es tan difícil que, a veces, el dolor no solo está en lo que vivimos, sino también en intentar explicárselo a quienes nunca lo han vivido
Es allí cuando la tristeza se hace más profunda, porque para nosotros parece ser una tragedia tras otra, una herida sobre otra. Y aunque muchos intentan comprender, hay dolores que solo entiende quien los ha sentido de cerca
Hoy, como tantas otras veces, Venezuela vuelve a doler más de lo normal