Mis amistades alucinan con esto. 👇
¿Cuándo cambié los neumáticos traseros?
¿Cuánto me costó la mesa del escritorio?
¿Qué hice el 15 de septiembre de 2013?
¿Aquel correo que recibí en 2001?
¿Está en garantía el frigorífico?
¿Aquella fotografía de 1997?
¿Cuándo volé a Berlín?
Facturas, cartas, tiques, fotos, correos, contraseñas, el coche, la casa, las finanzas, la salud…
Tengo todo tan ✨organizado✨ que encuentro cualquier cosa, en cualquier momento, y a menudo desde el móvil.
En mi vida no hay papel. Mi escritorio está siempre despejado. No podría ya vivir de otra manera.
Levedad.
Mis amistades viven en un caos de información, naufragan en papeles, no saben lo que tienen y no encuentran lo que buscan. Armarios llenos, trasteros llenos, cajones llenos.
Todas mis cosas, en cambio, caben en el maletero del coche.
Algún día compartiré cómo me organizo, pues creo que ayudaría a muchas personas. No ha sido un camino evidente.
No es solo eficiencia; es bienestar psicológico. 🧘
Vaya ejemplazo de accesibilidad este modelo SL2T de Google que usa IA para convertir lengua de signo interpretado en tiempo real a texto.
Por ahora sólo para American Sign Language, pero todo llegará :)
El 19 de enero me atendieron en el Servicio de Urgencias del hospital @HUnivValdecilla (HUMV).
Siempre tuve una experiencia excelente en el HUMV: profesionales y medios de primer nivel. Para mí, el hospital es un orgullo colectivo.
Aquella tarde, sin embargo, me atendió una doctora que cometió graves irregularidades.
Yo tenía una brecha sangrante en la cabeza, pero al ver cómo se estaba desarrollando el episodio quise marcharme para que me atendieran en otro sitio.
La doctora, sin embargo, me impidió por la fuerza abandonar el hospital, pues quería que me sometiera a unas pruebas que yo no consentía.
Esta fue una primera irregularidad, pues un paciente tiene derecho al alta voluntaria¹, incluso en contra del criterio del médico. Retenerme contra mi voluntad fue, en mi opinión, una detención ilegal.
Lo peor, sin embargo, estaba por llegar:
La doctora entró al box con varios celadores y enfermeros y me ataron con correas a la camilla. Aquello me resultó absolutamente humillante, y así lo expresé. Me estremezco mientras lo escribo, pero no os imagináis la angustia e indefensión que siento mientras escribo estas líneas.
Tras inmovilizarme de pies y manos yo me negué en redondo a someterme a ninguna prueba y pedí marcharme. La doctora, sin embargo, me amenazó con hacerme las pruebas «por las buenas o por las malas». Yo puse mi teléfono a grabar y respondí que eso era ilegal y que iba a denunciarla.
Un rato después la doctora regresó al box acompañada de una enfermera y dos vigilantes de seguridad. Me dijo que iba a sacarme sangre «sí o sí». Yo repetí que no consentía esa extracción. Entonces se acercó y pude leer su nombre en su uniforme. Lo tengo grabado en el móvil.
Atado de pies y manos no pude evitar, claro, que me extrajeran varios tubos de sangre, mientras yo repetía todo el rato que no consentía aquello y que les iba a denunciar.
Quizá desde fuera no se entienda, pero estoy temblando mientras escribo esto, angustiado y con ganas de llorar. Me tenían inmovilizado y herido y entre cuatro —dos de ellos, vigilantes de seguridad— me forzaron un procedimiento médico. Esto es absolutamente ilegal² y, en mi opinión, un delito de coacciones.
Llevo desde enero teniendo pesadillas con esto, y a veces me despierto de noche gritando, evocando el box, las correas y la doctora. Igual desde fuera no se entiende, pero yo lo viví así y aquello me tiene roto desde entonces.
Yo decía todo el rato —e insisto, está grabado— que me sometería voluntariamente a las pruebas si me soltaba, porque que no accedería estando atado, pues me sentía vejado y humillado. Pero no sirvió de nada, y la doctora me tuvo más de cuatro horas así.
Yo pedía continuamente agua, porque la pérdida de sangre provoca, por lo visto, mucha sed. Me acercaban un vaso de plástico y lo rellenaban muchas veces, porque me moría de sed.
Al cabo de una rato expliqué que necesitaba orinar, pero no me dejaban ir al servicio. Me dijeron, literalmente, «puedes aguantar más».
Un rato después la doctora regresó al box y me entregó una pastilla. Me dijo que me dejaría ir al servicio si me la tomaba. Yo pensé que quería drogarme para que me sometiera a lo que rechazaba y, naturalmente, la tiré a una papelera.
Cuando ya no podía retener la orina más, me trajeron un recipiente para que orinara en él, pero atado de pies y manos a la camilla. Aquello me pareció el colmo de la humillación e indignidad, y así lo expresé. Le dio igual.
Tras varias horas así, la doctora regresó, me pusieron un aparato eléctrico a los pies de la camilla y ordenó que me llevaran a otra estancia. Yo sentí pánico mientras me llevaban y pregunté qué era aquello. Me dijo, literalmente, que no era asunto mío, y que yo hacía demasiadas preguntas.
Ya en la otra estancia la doctora se marchó y me dejó con otro médico. Eso me tranquilizó mucho, porque yo tenía miedo a la doctora que me había atado y amenazado. El nuevo médico era muy amable, me soltó y entonces me sometí voluntariamente a un TAC en la cabeza. Tenía la camisa, el cuello y las manos llenas de sangre (la foto de abajo es después de que me limpiaran la mano).
Ya liberado, me devolvieron al box y vino otro doctor diferente, igualmente muy amable, que me explicó que no había signos de lesión interna y que me suturarían la herida. Accedí.
Al marchar me entregó el informe de alta. Comencé a leerlo y yo no daba crédito a lo que leía: ponía que yo había bebido «una botella de vodka» (¡falso!) y que acudí al hospital por «violencia y agresividad» (¡absolutamente falso!).
Yo creo, aunque no puedo probarlo, que la doctora introdujo esas falsedades tras decirle que la iba a denunciar. Quizá borró su nombre del informe clínico por la misma razón, pues el nombre de los otros médicos sí aparece en él.
Leer las falsedades del informe me dolió tanto como lo vivido en el box. Destruí el papel allí mismo y me fui. Cuando llegué a casa, estaba roto.
Tardé días en procesar todo. Pensé que una forma de repararlo sería explicar al hospital lo sucedido y poner una denuncia formal contra la doctora. Registré un escrito y lo envié al HUMV.
El hospital me contestó dos meses y medio después³. Decían que yo había consentido la extracción de sangre, y no me facilitaron ni la documentación que solicitaba ni la identidad de la doctora. Esto es otra irregularidad⁴.
Me sentí insultado. Estaba convencido de que el HUMV lo investigaría y me ampararía, pero no hicieron nada.
Entonces aprendí que puedo acceder a mi historia clínica digital. La ley dice que el nombre de la doctora y la enfermera tienen que aparecer en ella. ¡Pero ni rastro de ambas! Otra irregularidad⁴.
Revisando mi historia clínica, sin embargo, encontré algo que me hizo literalmente llorar: ¡la doctora había ordenado un test de drogas sobre una muestra de orina que tomó del recipiente que me entregó!
Yo no tenía ni idea de eso. Nunca me sometí voluntariamente a ningún test de nada. Pero ella tomó subrepticiamente una muestra de mi orina y ordenó analizarla sin mi consentimiento y sin informarme. ¡Esto es completamente ilegal!²
Además, ocultó del informe clínico el resultado del test. ¡Si no llego a consultar mi historia clínica, nunca me hubiera enterado! Cuando pienso en todo esto, se me saltan las lágrimas.
El test, naturalmente, dio negativo para todas las sustancias ilegales (yo nunca he consumido ninguna droga).
Una noche, en otra de las pesadillas que recurrentemente tengo, me acordé de que tenía todo registrado en el teléfono y salté de un bote de la cama. ¡Estaba tan traumatizado que me había olvidado!
En las grabaciones tengo el nombre de la doctora, pues lo leí de su uniforme. Entonces lo busqué en el directorio del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos, así como en varios colegios territoriales, pero nada. ¡No hay en España ningún médico colegiado con ese nombre, ni otros parecidos que he probado!
Registré entonces (abril) un segundo escrito ante el HUMV. Pero nadie respondió. Envié varios correos electrónicos pidiendo conocer la identidad de la doctora y acceder a la documentación del episodio.
A día de hoy nadie me ha contestado.
Se me ocurrió pedir amparo a la instancia superior, el Servicio Cántabro de Salud. El 28 de abril registré un detallado escrito de ejercicio de derechos en materia de protección de datos personales ante el @SCSalud. Las muestras biológicas —sangre, orina—, son datos personales.
El RGPD dice que el SCS tiene un mes para contestar. Sin embargo, han transcurrido más de dos y no han contestado. Esto es otra irregularidad.⁵
Ante este nuevo incumplimiento del SCS, escribí a su Delegado de Protección de Datos, pero este me remitió de nuevo al SCS.
Entonces se me ocurrió presentar un segundo escrito pidiendo la identidad de los médicos que accedieron a mi historia clínica aquel día, pues en el registro de accesos tiene que estar la identidad de la doctora.
Pero me respondieron que «por protección de datos» no me lo pueden dar. Una ley estatal y otra autonómica me otorgan derecho explícito a conocer la identidad de la doctora que me atendió aquel día⁴. Pero se amparan en la vaga excusa de la protección de datos para vulnerar mi derecho.
Me queda poner una reclamación ante la AEPD. Pero si la estimaran no habría ninguna sanción, pues las Administraciones públicas solo pueden ser apercibidas. No pasa nada.
Tras esta penosa penitencia os podéis imaginar qué confianza me queda ya en el sistema público de salud: ninguna.
Sintiéndome totalmente desamparado, y tras meses de escritos y esperas, llamé por teléfono al HUMV y pedí hablar con el director médico del hospital. Pero me dijeron que no me podían pasar con él. Pedí entonces hablar con el director gerente, y me pasaron con un contestador automático.
Con las tripas revueltas por todo esto, hace más de un mes hice de ellas corazón y acudí al HUMV y me puse frente a la puerta del despacho de la responsable del Servicio de Atención al Usuario hasta que conseguí hablar con ella.
La responsable fue muy amable y me escuchó con atención. Luego me dijo que se interesaría por mi caso y me contestaría «en unos días». Le di aliviado las gracias y volví a casa. Estuve dos días destrozado.
Pero ha transcurrido más de un mes de aquel último cartucho y nadie en el HUMV ni el SCS me ha contestado. Estamos en julio y nadie me dice la identidad o el número de colegiación de la doctora que me atendió en enero. Pronto se irán de vacaciones. Agosto es inhábil en muchos sitios.
A estas alturas, comienzo a sospechar que la doctora que me atendió no está colegiada, lo que sería gravísimo.
Yo reclamo saber la identidad de la doctora para interponer una denuncia contra ella, pero tras cinco meses y pico de gestiones, ni el HUMV ni el SCS contestan mis escritos.
Cada vez que paso por delante del hospital me entran ganas de llorar. Siento miedo y angustia cuando veo a un médico, porque vuelven a mi cabeza aquellas largas horas inmovilizado, herido, amenazado y forzado.
Y cuando he pedido amparo por los cauces formales, siento que se despliega contra mí otra violencia, que es la institucional.
La semana pasada ya no pude más y me empadroné en Bilbao. Yo vivo en Santander, pero a raíz de todo esto empecé a pensar en marcharme de Cantabria, porque cada vez que veo el HUMV o la sanidad cántabra, me rompo por dentro. Cambiando de domicilio puedo usar el sistema vasco de salud, que es diferente.
Hoy, sin embargo, he comprobado que no puedo pedir cita médica ni en la sanidad cántabra ni en la vasca: ninguno de ambos sistemas me reconoce como usuario. Estoy en un limbo.
Escribo esto para pedir auxilio. Y porque ya no me quedan más recursos. He dirigido escritos, realizado llamadas y hablado con todas las personas a mi alcance. Pero el sistema público incumple sus propias normas y conculca mis derechos.
Solo me queda publicar esto y preguntar si tengo algún amigo en el HUMV que, desde dentro, me pueda facilitar la información a que legalmente tengo derecho.
Si es así, en privado le facilitaré el nombre que la doctora portaba en su uniforme.
___
¹ Art. 21 de la Ley 41/2002.
² Art. 8 de la misma ley.
³ La instrucción 1/2008 de la Dirección General
de Ordenación, Inspección y Atención Sanitaria de la Consejería de Sanidad del Gobierno de Cantabria establece un plazo de un mes.
⁴ Art. 5.1 de la Ley 44/2003, art. 36.1 de la Ley 7/2002 de Cantabria y art. 14.1 de la Ley 41/2002.
⁵ Art 12 del RGPD.
Se ha vuelto tendencia en TikTok —entre inmigrantes, por lo que veo— pedir al Estado un «certificado de vulnerabilidad» y luego grabarse perreando con él.
No voy a hacer ningún comentario sobre el fondo del asunto, porque para qué vamos a enfadarnos. Pero Jaime lo mismo educa que entretiene, así que os comparto una reflexión, por si ayudara a alguien:
👉 ¿Veis el QR que aparece en la esquina de este fotograma de uno de esos imbéciles¹ bailes? Codifica un identificador que permite obtener una copia electrónica del documento.
Este identificador se llama Código Seguro de Verificación, o CSV. Y el QR generalmente es una URL que codifica este CSV.
Basta capturarlo con el teléfono para que cualquiera pueda obtener el documento completo. Y esto es muy útil porque permite a las Administraciones cotejar que el papel que les llevas es auténtico.
Antes del CSV, era un follón.
Hay muchas razones para no subir a las redes un vídeo que demuestra que eres tonto y además no puedes sostenerte por ti mismo, pero una de ellas es que cualquiera en internet podría obtener la dirección de tu casa, tu teléfono y otros datos personales.
👉 El otro día hice un trámite presencial ante un organismo autonómico, y me entregaron en papel un certificado. Yo no guardo papeles, así que cuando llegué a casa quise descargar la versión electrónica y deshacerme del folio.
Pero no pude.
No pude porque el QR aparecía cortado, pues el Gobierno de Cantabria lo pone tan pegado al margen, que la impresora del funcionario lo cercenó.
—¡Que no panda el cúnico! —pensé yo.
El QR solo codifica —entre otras cosas— el Código Seguro de Verificación, que aparecía bien visible, y sin cortar, en otro lugar de la página. Así que podía, simplemente, copiar a mano el CSV, y listo.
Un CSV es una larga retahíla alfanumérica. Los del organismo que me extendió mi certificado tienen esta pinta:
A0600A3gImashZlm+60Sk/S6cpOjJLYIAl3n8j
Pero cuando traté de descargar mi documento electrónico copiando del papel su CSV, vi que tampoco podía. ¿Por qué?
Porque el CSV está imprimido en una tipografía que presenta algunos caracteres de forma visualmente ambigua, como la letra i mayúscula y la letra l minúscula, que son diferentes pero se ven igual. O como el cero y la letra o mayúscula, que en esa concreta fuente me resultan indistinguibles.
En un CSV que contiene 5 caracteres ambiguos, esto significa 2⁵ = 32 combinaciones diferentes. Yo me hice la tabla combinatoria y, tras varios intentos fallidos —cumplimentando un CAPTCHA cada vez—, finalmente conseguí descargarme mi copia electrónica. 🎉
Pero el uso principal del CSV es que un funcionario coteje la autenticidad del documento en papel. Y, chico, por lo que sea, yo no imagino a un funcionario haciendo combinatoria, iterando una tabla y cumplimentando un CAPTCHA cada vez.
¿Y qué aprendizaje encierra esta historia?
1️⃣ Si estás en el sector público, pide que los CSV de tu organismo se codifiquen con alfabetos seguros, como Base58 (utilizado en algunas criptomonedas).
2️⃣ En las plantillas de documentos oficiales, el código QR no debería aparecer tan pegado al borde que pueda quedar fuera de los márgenes de la impresora.
3⃣ Los identificadores alfanuméricos es mejor presentarlos en tipografías con glifos claramente diferenciados.
4️⃣ Si eres imbécil¹, ten cuidado con TikTok.
Gracias por leer hasta aquí. Podría informar de esto al Gobierno, para que lo mejoren y otros ciudadanos no deban pasar estas penurias. Pero no serviría de nada; mi país no funciona así.
¡Pasad todos un feliz finde! ☺️
Y redifunde si has aprendido algo. 😃
___
¹ Decía mi abuelo que «imbécil», del latín «in-bellum», significa «inapto para la guerra». No sé si es cierta esa etimología, pero con ese sentido lo escribo yo.
Estuve en Suiza y había un debate político en mi cantón:
¿Debe el servicio municipal subir la tasa y recoger las basuras a diario, o es mejor congelar la tasa y seguir recogiendo los residuos en días alternos?
Había un debate —un cruce de argumentos—, una reflexión y una opinión en cada casa.
Me gustaría que el debate político en mi país fuese así. Una reflexión serena sobre nuestros retos colectivos. Pero, ¿qué ocupa los diarios y las conversaciones?
Que una exministra ha sido condenada por insultar a un juez. Que un ministro llevaba prostitutas a sus viajes oficiales. Que un expresidente ocultaba una fortuna en joyas de dudoso origen. Que un ministro está siendo juzgado por utilizar a la Policía para obstruir investigaciones judiciales. Que un diputado amañaba contratos públicos. Que la familia del primer ministro está sentada en el banquillo. Que asesores, comisionistas y tipos carcelarios campan e influyen en los poderes del Estado. Que los diputados —que habrían de ser para todos ejemplo de rectitud— utilizan nuestras lenguas, nuestra historia y nuestra diversidad no para celebrarlas sino para enfrentarnos a los unos contra los otros.
En este cenagal, cada cual toma su patético bando. «Los míos». «Los tuyos». «A favor». «En contra». Y los medios —inclusive los públicos— azuzan esta reyerta que, como un cáncer, está concomiendo mi país.
¿Cómo soportar este nauseabundo hedor en que se ha convertido el debate público? ¿Cómo podría alguien honesto querer implicarse en algo así?
Puedo aceptar que nos gobiernen mediocres, si son rectos. Pero cada caso es una herida. Cada noticia lacera el espejismo menguante de la ilusión que me gustaría sentir por mi país.
Quisiera tener líderes con grandes valores, aunque no sean exactamente los míos. Instituciones que, al frente, tienen hombres y mujeres respetables y elevados de espíritu. Quisiera no leer los insultos y las zafiedades que a menudo encuentro por aquí en la boca de las más altas magistraturas del Estado y la soberanía nacional. Quisiera ver la ética por encima de las ideologías.
Pero siento tristeza.
Por comprarlas sin mirar, el otro día me llevé a casa seis botellas con sendas fotografías de futbolistas.
No tengo nada claro que los «valores» que representan los futbolistas profesionales —especialmente con su imagen pública y estilo de vida— deban ser aquellos en los que una sociedad educa a sus hijos.
Pero nos inyectan estos «referentes» como modelo vital y estético en galletas, en el agua, y en casi cualquier cosa.
El fútbol está sobrerepresentado.
Habéis hecho viral mi tuit de anteayer sobre el sindiós del acceso a las historias clínicas entre comunidades autónomas. Gracias por visibilizarlo.
Por si ayudara a otros, comparto algunas ideas sobre salud, tecnología y derechos:
1️⃣ Muchos teléfonos tienen la opción de consignar datos de salud, accesibles en caso de emergencia sin necesidad de desbloquear el dispositivo.
Si llegas inconsciente a un centro médico, un sanitario podría así conocer tu nombre, edad, alergias, medicación, enfermedades, contacto de emergencia…
Igualmente, si encuentras a alguien indispuesto, esto puede darte pistas de qué hacer y a quién avisar.
También es útil si pierdes tu teléfono: quien lo encuentre puede saber así tu nombre y a qué número llamar para devolvértelo.
2️⃣ Puedes acceder a tu historial médico en línea, con certificado digital, a través del servicio de Historia Clínica Digital del Sistema Nacional de Salud (HCDSNS).
Desde ahí puedes consultar y descargar tu historia clínica en todos los servicios autonómicos de salud. Puedes descargar informes, resultados de pruebas diagnósticas, de laboratorio, de imagen, tu historial médico resumido en inglés…
3️⃣ Personalmente, llevo mi historia clínica completa, desde 1988, en el móvil¹. Toda la HCDSNS y otros documentos míos, de la sanidad privada, etcétera.
Cuando voy al médico, se lo ofrezco. Suele rechazarlo para consultarlo él en su ordenador, pero yo siempre encuentro los datos y documentos antes, y a menudo tengo más datos yo que él.
El médico alucina, pero creo que es bueno tenerlo.
4️⃣ Por lo que explicaba hace un par de días —y que muchos, incluso sanitarios, habéis confirmado— parece que a veces los médicos de un territorio no pueden acceder a los datos médicos de un paciente fuera del territorio habitual de este. O tienen grandes dificultades.
Eso es muy grave y hay un marco legal muy claro al respecto: el RGPD², la LAP³ y la LCCSNS⁴, que yo conozca.
Pero, por lo que sea, parece que aún no va, o va a pedales…
5️⃣ Tenéis derecho, como usuarios de la sanidad pública, a obtener copia de vuestra historia clínica. Muchos servicios autonómicos de salud tienen una «app» móvil o servicio digital para esto.
También tenéis derecho a conocer la identidad de todos los profesionales sanitarios que intervienen en vuestra asistencia.
6️⃣ Como pincelada de hacia dónde va el futuro: ya podemos correr modelos de IA en local y hacerles preguntas como «revisa mis analíticas de sangre de los últimos 10 años y dime qué ves», «dime cuándo me rompí la clavícula y qué ligamento me desgarré», «dime qué antibiótico me recetaron cuando pesqué aquella bronquitis», «dime si soy alérgico a esto que me han recetado»…
No reemplaza a un médico, claro, pero es cada vez más útil, y pronto será una herramienta más al alcance de casi todos.
7️⃣ Existe un Registro Nacional de Instrucciones Previas. Cualquiera pueda inscribir su voluntad en el supuesto de quedar gravemente incapacitado, en una situación grave e irreversible, sin poder expresar su voluntad…
Puedes dejar por escrito si deseas acortar tu vida para acortar una agonía, donar o recibir órganos, cuidados paliativos, etcétera. Revísalo en tu comunidad autónoma. Es un un trámite sencillo, aunque suele requerir cita previa y personarse.
¡Ojalá esto ayude a alguien!
___
¹ Cifrado, securizado y respaldado, claro. No hagas esto si no tienes los conocimientos para hacerlo de forma segura.
² Reglamento 2016/679 General de Protección de Datos.
³ Ley 41/2002, básica reguladora de la autonomía del paciente y de derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica.
⁴ Ley 16/2003, de Cohesión y Calidad del Sistema Nacional de Salud (SNS).
Ayer.
El padre de mi amiga, 80 años, vasco en Palencia, cae y se abre la cabeza.
Traumatismo craneoencefálico, hemorragia y traslado urgente en ambulancia al hospital provincial.
—¿Qué medicación toma?
—No estoy segura, ¿no puede mirarlo usted en su historia clínica?
—No; no tenemos acceso.
Literal.
Yo sé que hay un proyecto del SNS para compartir la historia clínica entre los servicios autonómicos de salud. He leído memorias e informes sobre eso. He utilizado el servicio HCDSNS. Pero, ¿en el hospital de Palencia no pueden consultar la historia de un paciente de Bilbao?
El hombre, inconsciente, postrado en una camilla, y el médico no puede acceder a su historia clínica. ¡Qué puñetera vergüenza de país!
Le hacen pruebas y analíticas. Días después, mi amiga gestiona un transporte urgente en ambulancia hasta Bilbao.
Pero necesita llevar a Osakidetza los resultados de las pruebas médicas —varios TAC, analíticas…— que hicieron a su padre en Palencia.
Dicen que no lo pueden enviar por correo electrónico.
Dicen que no se lo pueden guardar en un pendrive.
Al final le guardan los resultados… ¡en un puñetero CD-ROM!
Llega ayer mi amiga agotada y angustiada a mi casa —en Santander—, desde Palencia, pidiéndome leer el CD-ROM del Servicio de Salud de Castilla y León (SACYL) para enviarlo por email al médico del Servicio Vasco de Salud (Osakidetza) y después salir corriendo otra vez en coche hacia Bilbao.
De verdad, ¡idos todos a la mierda!
❌ Buscador de contratos
✅ Herramienta para explorar la contratación
La contratación pública es compleja. Para que la ciudadanía se implique en su escrutinio cívico, explorarla tiene que ser divertido. 🥳🎉
¡Este es el reto! Hacer de lo aburrido algo fascinante; de lo tedioso, un juego; de lo complejo, una aventura.
Creo que lo primero que tiene que hacer una herramienta para explorar la contratación pública es ser muy rápida. ⚡️
Hay muchos trucos para conseguirlo. Yo me estoy fundiendo las neuronas en entregar resultados en menos de 100 milisegundos.
Humildemente, creo que esto es lo que conseguí en https://t.co/8r9IaXMmPl. Pero aquello eran solo unos 30 000 expedientes, y ahora tengo indexados casi 10 millones de documentos.
¡Lo vamos a pasar genial! 😃
Cuando programo con IA a menudo me veo indicándole al agente en qué capa de abstracción colocar cada cosa.
Le pido una funcionalidad en un buscador, y me escribe un módulo fabuloso de cientos de líneas, que funciona perfectamente.
Yo lo veo, horrorizado, y le digo:
—Payo, ¡así no! Consulta la documentación de la base de datos y mira si puedes delegarle esa complejidad.
Entonces me responde:
—Tienes razón, ¡buen cambio de rumbo!
Y borra el módulo de cientos de líneas que escribió en el paso anterior.
Ahora, más que nunca, programar es entender qué va en cada capa de abstracción. Delegar todo lo posible en el DOM, en el JavaScript moderno, en la base de datos, en el protocolo… Y luchar contra la complejidad artificial que trata de introducir la IA.
El mérito nuca fue conseguir que funcione.
El mérito es que la complejidad del proyecto crezca linealmente cuando la funcionalidad que proporciona crece exponencialmente.
Acabo de implementar, además de la búsqueda difusa, la búsqueda literal.
Esto permite resolver la principal incógnita de la contratación pública española desde 1948:
👉 ¿Cómo escriben nuestros organismos públicos «metacrilato»? 😃
— metacrilato: 2689 contratos
— metracrilato: 65 contratos
— metraquilato: 48 contratos
— metaquilato: 3 contratos
— metracilato: 2 contratos
Hoy aprendí que hay un Acuerdo Marco de 500 000 € para la compra de ratas para universidades y centros de investigación.
Yo no sé qué comen las ratas, pero hay 400 000 € en comida para ratas. 😃
Veo que el principal proveedor de ratas es un laboratorio francés que ha facturado 2,4 millones en ratas. Por alguna razón, las ratas francesas deben ser mejores o más económicas que las ratas nacionales. 😂
⚠️ Me he dado de alta en Glovo Prime:
¡No pienso salir a la calle hasta parir la mejor herramienta de la galaxia para explorar contratos públicos! 😃
JAIME ON FIRE 🔥🔥🔥
METRACILATO
METACRITLATO
METRACRILATO
METRAQUILATO
Hay muchas formas creativas de escribir «metacrilato», pero no deberías saberlas todas para explorar los contratos públicos sobre este fascinante polímero. 😂
Jaime está trabajando en un juguete nuevo. 🤓
Muy pronto en sus pantallas. 🤓
Stay tuned!
👋 ¡Hola, ministro @oscarlopeztwit!
Estará usted ya harto de mí. 😃
Y yo del software que desarrolla su ministerio, así que… ¡empate! 🙃
Le explico la yincana de hoy:
Para facturar al sector público proporcionan ustedes un servicio de generación de facturas electrónicas: ✨MiFacturae✨.
Lo primero que quiero decirle y agradecerle es que MiFacturae ha mejorado muchísimo. Pero, sin pretender un demérito, también le digo que empeorarlo era imposible.
El nuevo MiFacturae solo tiene ahora un problema: ¡no funciona!
Se lo explico:
Para facturar a un organismo público hay que identificarlo con —que yo sepa— cuatro datos:
1️⃣ Oficina contable
2️⃣ Órgano gestor
3️⃣ Unidad tramitadora
4️⃣ Órgano proponente
Pues bien: MiFacturae omite de la factura electrónica este último dato, el órgano proponente. De modo que al remitir la factura al FACe, falla y es rechazada.
Esto seguramente esté robando miles de horas productivas mensuales a ciudadanos, empresas y organismos públicos.
Si desarrollaran su software en abierto yo podría reportar esto directamente al equipo de desarrollo, como ya hice en abril con dos problemas serios en Autofirma.
Pero como no lo hacen, le tengo que molestar a usted. O a su responsable de comunicación, que será —con suerte— el que quizá lea esto. Porque yo como ciudadano no tengo otro camino para canalizarle la frustración ciudadana con la Administración Electrónica estatal.
…Y pedir a mis pacientes seguidores, si son tan amables, que redifundan esto, pues es la única esperanza de que llegue a alguien en su ministerio —o en la AEAD o donde diablos sea— con capacidad de mover un dedo para resolverlo.
Saludos cordiales,
— Jaime
🎯 ¡Una pieza clave del puzle del análisis cívico de la contratación pública!
Aquí @elisadelanuez, @SafiraCantos y @andreablavia1 van a presentar el trabajazo que han hecho desde @HayDerecho: una metodología técnico-jurídica informatizable para identificar licitaciones potencialmente irregulares.
Esto nos viene de perlas a @Gsnchez, @naroh o este humilde servidor de ustedes.
Se vienen cositas. 😃😃😃
Hacedlo viral, por favor.
No se me ocurre otra forma de mover adelante el país que contestar a cada ñapa con un escándalo. «Progreso por escarnio», se estudiará en los libros… 😩
La degradación moral de la política —que atestiguamos a diario en actitudes, zascas y tribunales— ha expulsado de lo público a las personas más rectas, preparadas e inteligentes.
¿Quién, en su sano juicio, detraería energías de su camino profesional y vital para descender al ruido, a la reyerta perpetua, e implicarse en lo colectivo?
Todo mi aprecio a quienes lo han hecho pero, por cada uno de ellos, el zeitgeist político vigente repelió a nueve.
Nuestro país —el que legaremos a nuestros hijos— no lo salvará otro partido, otro mesías. Solo lo salvará que seamos capaces de atraer de nuevo hacia lo público a las personas más rectas, preparadas e inteligentes que en las últimas décadas hemos reemplazado por hinchas y mediocres.