@raqueogando@joanenciam@juansotoivars parece que alguien ha leído tu libro…. Lo mismo el melón que has abierto deja de ser un tema tabú para la izquierda caviar
@edugalan como me ha bloqueado, le respondo así: me parece genial la idea de ciscarse en el autoritarismo y los que creen que pueden tomarse la ley por su mano. Estoy muy a favor de hacerlo sean del color que sean, no como usted que parece tener un filtro acorde a su gusto….
No se puede sostener al mismo tiempo que un niño puede ser “adoctrinado” por un influencer, un youtuber o un discurso en redes… y negar que también pueda ser influido psicológicamente por la figura de apego con la que convive todos los días.
O los niños son vulnerables a la influencia emocional y narrativa, o no lo son. Lo que no se puede hacer es aceptar esa vulnerabilidad cuando sirve a un relato ideológico y negarla cuando incomoda políticamente.
El problema de algunas políticas del gobierno español no es la protección infantil. Eso sería deseable. El problema es la incoherencia: hablan de manipulación psicológica para unas cosas y la borran del mapa cuando ocurre dentro del vínculo parental.
Soplar y sorber al mismo tiempo es complicado.
Viernes, 22:30.
Pizzas, cervezas y el debate político de siempre.
—El problema de este país son los ricos que no pagan impuestos —suelta el de la camiseta roja.
—Claro —contesta Carlos—. Por eso al que crujen es a mí, que facturo 3.500 al mes y voy mirando la cuenta cada lunes.
Risas.
—Venga, no llores. Con 3.500 estás mejor que la mayoría.
Carlos se encoge de hombros:
—De esos 3.500, entre cuota, impuestos y Hacienda, 1.500 vuelan antes de que yo vea un euro.
Medio mes curro para vivir, medio mes curro para el Estado.
El de la camiseta roja salta rápido:
—Eso se llama redistribución. Sin eso no hay sanidad, ni educación, ni pensiones. Hay que ser solidario.
Ana entra al trapo:
—Solidario sería que el Estado dejara de gastar en chiringuitos, asesores y tonterías antes de venir a exprimir al que se levanta a las 6.
El de la camiseta roja se pica:
—Ah, claro, ya salió la de “bajar impuestos”. Luego no lloréis cuando no haya hospitales.
—Hospitales hay —responde Carlos—. Lo que no hay es vergüenza.
Porque cuando falta dinero nunca recortan coches oficiales, dietas ni ministerios inútiles. Siempre somos los mismos los que ponemos más.
El de la roja sube el tono:
—Pagas más porque ganas más. Es justo.
Carlos le mira:
—Ganar 3.500 como autónomo no es “ser rico”, es sobrevivir.
Rico es el Estado, que se queda con una parte obscena de mi trabajo y encima me llama insolidario si me quejo.
—Si todos pensaran como tú, el sistema se hunde —dispara el de la roja.
—No —responde Ana—. El sistema se hunde precisamente porque todos pensaron que “ya pagará otro”.
El “otro” ha sido siempre el mismo: el que curra, arriesga y no tiene cómo escaparse del sablazo.
Silencio.
El de la camiseta roja resopla, se apoya en el respaldo:
—Sois unos egoístas. Por culpa de gente como vosotros no avanzamos.
Carlos sonríe, cansado:
—No. Por culpa de gente como tú el Estado se ha creído con derecho a llevarse la mitad de lo que gano y llamarlo justicia social.
Da un trago, remata sin levantar la voz:
—Y te lo digo claro: prefiero mil veces que mi dinero se quede en mi bolsillo y en mi barrio, antes que en el estómago de una máquina política que vive mejor que cualquiera de nosotros.
Si eso te parece “facha”, igual el problema no son mis ideas… Es tu dependencia emocional del Estado.
Llevamos días viendo cómo una caterva de manipuladores políticos difunde mapas diarios del precio mayorista de la electricidad en Europa en los que España aparece con precios muy bajos, utilizándolos para atribuir ese resultado al supuesto éxito de las renovables. Es un mensaje simplista y construido para engañar.
Para empezar, el precio mayorista en España es bajo en algunos momentos gracias a la aportación de las renovables, pero también a la energía nuclear, que representa en torno al 20% del mix y aporta generación firme, estable y también baja en emisiones.
Además, tomar precios mayoristas en días concretos es una forma burda de construir un relato. Cuando se analizan medias anuales, España no destaca como especialmente barata en el contexto europeo, e incluso se sitúa por encima de países como Francia, cuyo sistema eléctrico está fuertemente respaldado por energía nuclear.
https://t.co/D05Ne4FlRK
Y hay un punto clave que ocultan las publicaciones engañosas: el precio mayorista no es lo que realmente pagamos en nuestros hogares. La factura eléctrica incorpora impuestos, cargos regulatorios, costes históricos del sistema y las primas a las renovables, además de un mayor uso de restricciones técnicas desde el apagón para garantizar la seguridad del suministro, muchas veces con tecnologías marginales como el gas, lo que eleva el coste final.
El resultado es un sistema de precios más caro y más complejo que el mayorista, donde el relato político va por un lado y los datos reales por otro. Que no os engañen.
https://t.co/Fkze9Tf82f
Por favor, citad esta publicación en respuesta a cada publicación falaz con el mapa de precios mayoristas de un día concreto para que no engañen a más personas.
@OndaCero_es Se agradece que hayan puesto a esta sectaria en horario de mañana los fines de semana. Un placer escuchar a diario a Cantizano en un programa plural con voces críticas de todos los colores. La deriva ultra de la señora Otero es para hacérselo mirar.Quien la ha visto y quien la ve
🔴Me encanta ver lo pequeñitis que se ponen los perrosflautas de @PODEMOS cuando alguien de @frenteobreroesp les critica con temas de sentido Común en lo que coincidimos la mayoría.
Miren como se encoge @ionebelarra cuando Carmen López Manzano le pide que responda😉👇
El vuestro, que no existe más allá de dos consignas cuencarrocistas y un powerpoint chusco, lo presentaréis en un piso patera o en un coliving, ¿no? Que es donde habéis condenado a mi generación. A no poder poner ni un puto cuadro en la pared y a hacer turnos con extraños para entrar al baño a mear.
Las primeras medidas las presentáis con dos familias inmigrantes en una habitación compartida, sacando las ollas de debajo de la cama. Y las siguientes en un pasillo subarrendado o en un bajo comercial sin ventilación reconvertido en una ratonera con aspecto de loft cuqui. Que tenéis de todo en el menú. De todo menos dignidad, Gabriel.
También podéis pensar en una de esas chabolas verticales donde se hacinan puñados de desgraciados como consecuencia directa de vuestro anumerismo, Gabriel. O en el solar donde debiaís haber hecho vivienda social y solo hay vegetación y basura. O en la vieja litera de una casa aún más vieja donde vive un cuarentón con sus padres sin esperanza de dejar de hacerlo. O en un piso okupa, que cada vez son más dentro de los poquísimos inmuebles que se ofrecen en Cataluña, gracias, entre otros, a ti, Gabriel, que no te puedes ir de rositas.
No nos vas a convencer de que tú pasabas por ahí, que ERC no ha gobernado ni una escalera de vecinos, que nunca habéis puesto letritas en los boletines oficiales. Tú eres verdugo de mi generación. Y es una generación con rabia y memoria.
No sé si lo percibes, pero está la gente que no caga con vuestra política habitacional. Antes el hijo del obrero compraba una casa en pocos años. Ahora la compra un fondo y el hijo del médico vive como un caracol, enlazando mudanzas, con la casa a cuestas, sin ser dueño de nada. Y así toda la vida. Claro, que eso es lo que buscábais. Gente sin nada.
Se me ocurre también que tal vez podríais presentar ese futuro (aunque llevéis ocho años incrustados en la coalición de gobierno) programa de vivienda con los buitres, que tanto negocio hacen con vuestra política de la escasez. Porque si se puede especular, Gabriel, es gracias a que cada vez hay menos casas y cada vez más gente buscando una. Gracias a ti, que te ves como un guerrero de la periferia y eres la compañía aseguradora de los altos rendimientos de los tenedores de vivienda. ¿Te creías que conjugar decrecimiento bohemio e importación de medio millón de demandantes de vivienda al año no tenía consecuencias? Los números no salen, Gabriel. Pero eso a ti te da igual. Nunca fuiste campeón de las olimpiadas de matemáticas en tu instituto. Y total, los que sufren las consecuencias de vuestras políticas no sois vosotros. Así que te la trae al pairo. Que lo de la solidaridad nunca fue lo tuyo, que te inventaste un país para no pagarle la beca comedor a tu primo de Jaén. Jarto eso.
Puedes probar si no en una administración de Hacienda. Y así le cuentas a los españoles cómo sacáis cada año 52.000 millones de euros en impuestos a la vivienda y no hacéis ni castillos en el aire. Con eso os daba para hacer medio millón de vpos al año, pero no habéis hecho ni una torre de Lego.
Es tan pírrico tu conocimiento del tema de la vivienda que presentaste una iniciativa equivocándote en los impuestos que querías subir. Porque ni siquiera ese día te picó el gusanillo de currar. Y eso que había muchas camaritas para tu performance.
La próxima debatimos en el Congreso. Pero para eso tienes que quedarte después de tus numeritos, que tienes unas tasas de absentismo laboral que ni un latifundista de Virginia. Tienen que estar contentos en tu grupo. Contentísimos. Casi tanto como los jóvenes españoles a los que habéis usado de conejillos de indias.
En mis 40 años de vida nunca había visto en España una desconexión tan completa entre las administraciones públicas y sus ciudadanos.
El sentimiento generalizado de los ciudadanos es que las administraciones públicas no están para facilitarte la vida, están para "pillarte". Da igual si es un inspector de Hacienda esperando 4 años a que metas la pata 4 veces en la declaración de la renta o un Guardia Civil con un radal móvil en un tramo sin peligro. La sensación es que las administraciones públicas están para exprimirte, no para hacer tu vida más fácil.
Pero asunto todavía más grave es la doble vara de medir de las administraciones públicas. Las mismas administraciones públicas que tienen la capacidad para ver todas tus cuentas bancarias y tus transferencias son incapaces de ver millones de euros en dinero sucio paseando por delante de sus narices si ese dinero proviene de la política. Y es que parece que se han otorgado contratos millonarios de renovación de vías férreas a empresas vinculadas con tramas de corrupción del poder político. Hasta que no ha habido muertos encima de la mesa, las administraciones públicas han sido incapaces de evitar la lluvia de millones a empresas vinculadas a personas que están hoy en la cárcel por corrupción.
La consecuencia de todo esto es que, para ti, un error al hacer una declaración de la renta puede tener consecuencias más graves que los millones de euros de los Koldo, los Ábalos, los Aldama y las Jessicas de la vida. Y si hay algo que llevemos mal los seres humanos es el trato discriminatorio.
Entendemos perfectamente que en la España actual hay ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda. Y los ciudadanos de primera, los vinculados al poder político, tienen carta blanca para hacer casi lo que quieran. Pero, cuando las acciones de los ciudadanos de primera dejan de ser parte de una telenovela (Jessica y fiestas con drogas) y pasan a ser parte de una película de terror (Adamuz), las risas se tornan en lágrimas y las lágrimas en rabia.
Y esto es exactamente lo que sentimos los ciudadanos españoles, rabia. Rabia porque muchos entregamos más de la mitad de lo que ingresamos en impuestos y, no es sólo que nos lo roben (que casi es lo de menos), es que nada funciona como debiera. Lo más básico que se supone que provee un Estado, seguridad, justicia e infraestructura, falla por todos lados.
El deterioro institucional es patente mientras que la recaudación de las administraciones públicas está en máximos.
Hemos pasado del desapego institucional al hartazgo y, todo parece que estamos pasando a una fase mucho más delicada de indignación generalizada. Los Ministros puteros eran hasta graciosos. Los Ministros incompetentes que ponen muertos encima de la mesa son indignantes. Y la indignación es la antesala de problemas mucho más graves.
Si queda alguien con honor en el gobierno de España que dimita inmediatamente a riesgo de ver manchado su nombre para siempre como parte integrante de la mayor generación de bandidos que ha conocido la historia de España de los últimos 80 años.