Escribió Wisława Szymborska en su poema Nada dos veces: "Nada puede ocurrir dos veces. En consecuencia, el hecho de que existamos es un milagro puro." ✍️
Este poema es el más conocido de toda su obra. Y la idea que contiene, tan sencilla en su formulación, es en realidad una de las más radicalmente optimistas que existe: que la irrepetibilidad de cada momento es también la razón por la que cada momento tiene un valor absoluto.
No hay segunda oportunidad. No hay ensayo. Cada instante ocurre una sola vez en toda la historia del universo. Y esa fragilidad, lejos de ser motivo de angustia, es para Szymborska motivo de asombro.
La poeta que convirtió lo cotidiano en filosofía.
En recuerdo de #HermannHesse el escritor y filósofo alemán que nos enseñó a descubrir que nuestra percepción de la realidad no es sino un reflejo de nuestro interior. Nacido un día como hoy de 1877
"No hay una vida completa. Hay sólo fragmentos. Hemos nacido para no tener nada, para que todo se nos pierda entre los dedos. Y, sin embargo, esta pérdida, este diluvio de encuentros, luchas, sueños…
Hay que ser irreflexivo, como una tortuga. Hay que ser resuelto, ciego. Pues cualquier cosa que hagamos, incluso que no hagamos, nos impide hacer la cosa opuesta. Los actos demuelen sus alternativas, he aquí la paradoja. La vida, por tanto, consiste en elecciones, cada cual definitiva y de poca trascendencia, como arrojar piedras al mar".
"Años luz” , James Salter
📷Austin Schermerhorn
Durante años nos repitieron que el futuro era aprender a programar. Que las humanidades eran adorno. Que filosofía, ética y derecho eran cosas lentas para un mundo que iba a vivir de datos, código y velocidad. Pero ahora ocurre algo revelador: los grandes laboratorios de inteligencia artificial están contratando filósofos. No porque se hayan vuelto románticos, sino porque descubrieron que la pregunta más difícil ya no es técnica.
El problema ya no es si una máquina puede escribir, diagnosticar, conducir, resolver, vigilar o decidir. El problema es desde qué idea de verdad, daño, libertad, dignidad y responsabilidad lo va a hacer. Una IA no contesta desde el vacío: trae una arquitectura moral escondida. Puede privilegiar eficiencia sobre derechos, seguridad sobre privacidad, obediencia sobre criterio, propiedad sobre igualdad. Y cuando esa lógica entra a tribunales, hospitales, escuelas, bancos o gobiernos, deja de ser software: se vuelve poder.
Por eso este debate es gigantesco. La pregunta brutal no es si la IA va a pensar por nosotros. La pregunta es quién va a decidir cómo debe pensar. Porque si empresas y gobiernos empiezan a diseñar “constituciones invisibles” para máquinas que ordenan nuestra vida, sin transparencia, sin control democrático y sin responsabilidad jurídica, no estaremos frente al futuro: estaremos frente a una nueva forma de autoridad, más rápida, más elegante, más opaca y mucho más difícil de combatir.
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