1️⃣ Derrocar a un dictador suena moralmente justo. Nadie llora por un tirano. Pero el derecho internacional no se construyó para proteger a los buenos, sino para contener a los poderosos. Por eso prohíbe la fuerza casi sin excepciones: no porque ignore la injusticia, sino porque sabe que, si cada país decide a quién “liberar” a balazos, el mundo vuelve a la ley del más fuerte.
2️⃣ El problema no es Maduro. El problema es el precedente. Cuando la fuerza militar se usa para cambiar gobiernos sin reglas claras, la soberanía deja de ser un límite y se vuelve un estorbo. Hoy es “derrocar a un dictador”; mañana será “corregir una elección”, “proteger intereses”, “restaurar el orden”. El derecho no absuelve dictaduras, pero tampoco legitima cruzadas unilaterales.
3️⃣ La pregunta incómoda no es si un tirano merece caer, sino quién decide cuándo y cómo. Porque la historia enseña algo brutal: sacar al dictador es fácil; construir justicia después, no. Y cuando la legalidad se rompe en nombre del bien, casi siempre lo que sigue no es libertad, sino caos, violencia y nuevas víctimas. El derecho existe para recordarnos eso, incluso cuando incomoda.
@LiverpoolLatam En general, los que sostienen lo segundo son los compatriotas del cafetalero cuyas críticas carecen de sustento y credibilidad puesto que se basan en un nacionalismo agotador y carente de sentido.
Condenable la violencia ejercida contra Francisco Orrego. Toda forma de violencia debe ser erradicada de la política. Por eso Francisco Orrego debe perder holgadamente la elección.
Finalmente, aunque algunos quieran borrar los procesos sociales, todos los hechos conducen a lo mismo:
La atávica y permanente acción de los grupos de poder que, además de frenar cambios por justicia social, aprovechan su posición para delinquir, acomodarse y perpetuar abusos.
Me invitaron al programa "Sin Filtro". Agradezco mucho que consideren mi opinión, pero creo necesario establecer que una conversación prolífica sobre los destinos del país, cualquiera sea la materia que se trate, requiere de una disposición distinta al conflicto frontal.