Mi parte favorita de una relación es cuando empiezan a contarse anécdotas de la infancia. De pronto ya sabes por qué se quebró el tobillo, de dónde salió la cicatriz en la ceja y los chistes familiares. Ese nivel de confianza es simplemente hermoso.
El amor es rarísimo. Dos personas se conocen de la nada, empiezan a verse, a hablar, a tocarse y besarse, a dormir juntas, a despertarse juntas, a desayunar, comer, cenar, a ir al cine y a conciertos. Y después, un buen día, todo eso se termina.