A día de hoy, el corazón está tranquilo, porque mala persona nunca fui, siempre doy todo de mí con lo poco o mucho que tenga, y porque Dios siempre me ha sostenido cuando el mundo ha querido verme derrotado.
La hipocresía de algunas personas es tan descarada que son capaces de hablar de lealtad, respeto y valores como si fueran ejemplo de ello, cuando en realidad viven cambiando de cara según les convenga.