@marccrosas Eso no es cierto, @marccrosas .
Pedri lleva tres semanas jugando mal y mucho.
Otra cosa es que hoy entre al campo o inicie la siguiente semana y se salga. Pero hoy, ayer, la semana pasada y la anterior, juega mal.
Lo que acaba de decir la @FGRMexico sobre el piloto del avión que llevó a El Mayo y Joaquín Guzmán es increíble:
Que saben quién es, que EUA lo deportó y que siguió delinquiendo en México y luego fue detenido por portación de armas y que el @GobiernoMX lo entregó a Estados Unidos otra vez.
O sea, participó en el secuestro de El Mayo pero las autoridades mexicanas no se lo quedaron para investigar qué pasó el 25 de julio de 2024 y que desató la guerra que los sinaloenses sufrimos.
Dos jugadas de este Mundial me dejaron pensando en algo que trasciende el resultado: cuánto tensiona el reglamento del fútbol principios que, fuera de la cancha, damos por intocables.
La primera fue la anulación de un gol de Egipto ante Argentina. El VAR se retrotrajo a una falta cometida en el origen de la jugada, varios segundos y muchos metros antes de la definición, para borrar el tanto. En este caso la decisión pudo ser correcta: el contacto existió. Pero el principio que la habilita inquieta. Si un gol, el hecho más definitivo del juego, el que hace estallar un estadio y un país, puede deshacerse retrocediendo a una fase previa cuya frontera es interpretativa, entonces ningún gol es del todo firme hasta que alguien, desde una cabina, decide hasta dónde mirar hacia atrás. La certeza, ese bien que en el derecho protegemos como sagrado, queda supeditada a una apreciación elástica sobre dónde empieza una jugada.
Hay un viejo aforismo jurídico que parece darle la razón al videoarbitraje: causa causae est causa causati, la causa de la causa es causa de lo causado. Si la falta originó la jugada, y la jugada terminó en gol, ¿no es la falta, al final, causa del gol? Suena impecable, pero tiene trampa. El propio derecho que acuñó la máxima aprendió pronto a ponerle freno: sin límites, todo termina siendo causa de todo, y habría que sentar en el banquillo también a quien fabricó el arma, y al que le vendió el acero. Por eso la doctrina se queda en la causa próxima y no persigue la cadena hacia atrás hasta el infinito; el aforismo se agota en una o dos iteraciones, no en varias jugadas y muchos metros de distancia. El VAR, en este caso, sí la persiguió. Retrocedió pases y metros como si el hilo causal no tuviera que cortarse nunca. Toma el aforismo, pero se olvida de su límite.
La segunda es más antigua, pero igual de incómoda: la sanción que trasciende al infractor. Una expulsión que no solo se paga en el partido donde se comete la falta, sino en el siguiente. Y como el fútbol es una empresa colectiva, el castigo, formalmente individual, lo termina cumpliendo todo un equipo, una afición, casi un país. En 1998, Zidane fue expulsado en la fase de grupos y su ausencia dejó a Francia al borde de la eliminación ante Paraguay, salvada apenas por un gol de oro. La falta fue de uno; el precio estuvo a punto de pagarlo una nación entera.
Conviene recordar que esta norma no es de derecho divino. Las tarjetas nacieron apenas en 1970, y la propia FIFA acaba de reformar en 2026 el castigo por acumulación, precisamente para que los seleccionados no se pierdan partidos decisivos. Es decir: la institución ya admitió que el diseño podía ser injusto. Solo que la reforma se quedó a medias, porque atacó la acumulación de amarillas pero dejó intacta la raíz: que una pena recaiga sobre quienes no cometieron la falta.
Naturalmente no pido un fútbol sin reglas ni sin tecnología. Pido, apenas, que reparemos en la paradoja. En el torneo que más se acerca a lo que Shankly llamaba, con ironía, algo más importante que la vida y la muerte, dos de sus normas: la falta de certeza del gol por actos futbolísticamente lejanos y la pena que trasciende al infractor, chocan de frente con nociones de justicia que en cualquier otro ámbito nos parecerían inaceptables.
El fútbol se toma licencias que el derecho no se tomaría. Vale la pena, al menos, pensarlas.
Brazil was better when their players were womanizers, drunkards and slightly out of shape. In other words, when they were behaving like Catholics— letting the power of friendship and good fun do the heavy lifting.
Evangelical Protestant sterilization has flattened their ball, ruined their samba, and obliterated their swag.
World historic aura loss.
Somos amantes del mexicanísimo relato de la derrota digna. Cada cuatro años nos regodeamos en la sufrida no victoria.
Orgullosos de perder con orgullo.
Quién sabe si un día hablemos de victorias nunca antes vistas.
The final should really be here. Commercial, broadcasting and political reasons doubtless why it isn’t but Azteca beats any of the other stadia for atmosphere and heritage.
@LeonKrauze Si se llevaron de un país extranjero al narcotraficante más buscado del mundo, qué chingaos sorprende que anulen una suspensión en el mundial de fútbol.
@LeonKrauze Si sigue jugando así, fallando y fallando, una y otra vez, oportunidades claras de gol, Argentina los liquidará en la primera que tenga, @LeonKrauze .
(Aunque yo quisiera lo contrario)