La gente no ve nada malo en las cosas que hace hasta que tú se las haces.
Si les haces lo mismo, se ofenden.
A esa gente hay que devolverle lo que da para ver si como mastican, también tragan.
Fingir que "no pasa nada" es carísimo para tu salud mental. El cuerpo siempre termina cobrando la factura de las emociones que la mente intentó ignorar.
Me viste llorar hasta no poder respirar, viste mis manos temblorosas, mi mundo derrumbarse y aun así seguiste hiriéndome.
Nunca podré decir si me hubieras visto, te habrías arrepentido, porque tú lo viste todo y aun así seguiste haciendo cosas que me dañaban.
Si algún día van a hablar mal de mí, ojalá nunca los haya acompañado a casa, prestado dinero, hecho favores, dado regalos ni abierto mi corazón. Duele terminar en la boca de personas a las que un día les tendiste la mano y después olvidaron todo.
Una de las formas más bonitas de cuidar a alguien es darle la tranquilidad de saber que tiene un lugar seguro en tu vida, sin hacerle vivir entre dudas, silencios y señales contradictorias.
A veces la vida nos pone frente a situaciones que creemos imposibles de superar, hasta que un día miramos atrás y entendemos que pudimos con todo. Somos más fuertes de lo que pensamos y más valientes de lo que alguna vez creímos.
Una persona manipuladora rara vez asume el daño que provoca. En lugar de hacerse responsable, centrará todo en tu reacción hasta hacerte sentir culpable por defenderte. Así le da la vuelta a la historia, minimiza lo que hizo y te hace dudar de lo que sentiste y viviste.
Si de agradecer se trata, también agradezco a la vida por enseñarme, a través de ciertas personas y experiencias, quién no quiero llegar a ser y qué clase de vida no quisiera vivir.