Anoche, en el Cazorla de General Pardiñas (MADRID), conocí a una chica con cara de tierna. Tras unos vinos, la notaba bien caliente "No me empotran desde hace tres meses", me confesó directa. Nos fuimos a mi casa y, al empezar a devorarnos, me susurró balbuceando "Grábame, papi".