Considerando tanto maltrato animal por “influencer” de contenido vacío. Me cae bien este sr que vive con dos perritos y su gato, les da comida y desparasita a perritos de la calle. Les hizo una casita afuera para que lo esperen si no está.
Se llama Luis Benavides 👏🏼👏🏼👌🏼
La noticia está pasando, o pasará, colada , pero es de una trascendencia social inmensa : El Gobierno acaba de anunciar GES( Garantía explícita de salud) para TODOS los tipos de Cáncer en Chile. Esto es extraordinario pues cuando alguien hace un cáncer no solo sufre quien padece el mal sino que, adicionalmente, toda la familia que suele quedar arruinada.
Ésto es un ejemplo de buena gestión pública y de real conexión con lo que necesita la gente .
Así , y no en fundaciones truchas, deben gastarse los recursos públicos. Gracias Pdte @joseantoniokast .
Hay numerosos argentinos que han encontrado consuelo a su derrota en la final del Mundial en la apreciación de que la selección española (y los españoles, en general) han sido muy comedidos a la hora de celebrar su victoria. Si ese sentimiento es generalizado en Argentina (que no lo sé), esto nos ofrecería una pista clara sobre las razones por las que el país del Río de la Plata ha estado en la ruina y, sobre todo, de las consecuencias de haber sufrido dicha ruina durante tanto tiempo.
En las sociedades modernas, el deporte de competición es la vía de escape habitual a los pesares del día a día. Más en concreto, el fútbol ofrece a muchísimas personas una existencia en miniatura en la que poder experimentar, sin la amenaza del abismo, los límites emocionales de una vida que de por sí, tal vez, nunca dé para tanto. El entusiasmo, ese sentimiento que los griegos definieron con la impresión de "llevar un dios dentro", habitualmente requiere una plenitud trabajada, una sensibilidad construida con esfuerzo y alejada de las inercias de lo inmediato. El fútbol proporciona un atajo, quizá no a ese entusiasmo puro, pero sí a un sucedáneo en el que la felicidad no depende del bienestar familiar, del éxito laboral o de las mieles del amor logrado, sino de que unos señores sean capaces o no de meter una pelota dentro de una portería.
La historia de Argentina ha dado muchos motivos para este acto de escapismo, para esta enajenación. Décadas de inflación, crisis recurrentes, devaluaciones, corrupción y frustración política han convertido las grandes victorias deportivas en uno de los pocos territorios donde la nación podía reconocerse en el espejo de su elevada autopercepción. Los españoles, en cambio, transitamos en un contexto distinto y, en cierta manera, antagónico: la excepcionalidad española rara vez la sentimos para bien y la autocrítica es parte de nuestra idiosincrasia nacional. Los éxitos deportivos, más que demostrarnos lo buenos que realmente somos, se nos aparecen como refugios en los que experimentar que tan malos no seremos.
Después de una generación de éxitos extraordinarios (en fútbol, baloncesto, tenis, bádminton o motociclismo), las victorias españolas parece que han perdido parte de su carácter milagroso y las derrotas, aunque duelan, ya no anuncian una nueva decadencia nacional. El deporte ha recuperado, en cierta medida, su condición de juego.
Quizá esa sea la diferencia más importante entre una sociedad próspera y otra acostumbrada a vivir en la incertidumbre. La primera puede permitirse celebrar sin humillar porque sabe que su bienestar no depende del marcador. La segunda deposita sobre noventa minutos una carga emocional insostenible y tóxica. Cuando el balón carga con el peso de la economía, de la política y de la autoestima nacional, se puede decir que adquiere la condición de opio del pueblo.
Y que la gente de @DIRECTV no ponga más argentinos a relatar a su selección para Latinoamérica, ocúpelos solo para Argentina, pero para el resto del continente no más, de verdad no más.
Fueron una vergüenza, cansa mucho, sean serios con la gente que contrata el servicio.
🔴 Un hombre y su hijo se refugiaron con más de 200 cabras durante el temporal en La Serena.
Un video muestra a los animales al interior de una casa para resguardarlos de la lluvia y las inundaciones.
Kylian Mbappe es el MÁXIMO goleador en la historia de los Mundiales.
Sin penales regalados, sin el apoyo de la FIFA, sin ser la princesa de Infantino. El VERDADERO goleador que el fútbol se merece.
Gracias por esta alegría, Kylian.