Sin curas y sin ruda. Solo con dos mujeres haciendo un extraño gesto, que seguramente aprendieron en un libro milenario que encontraron enterrado en un patio de una casa de Prado Centro donde asustan.
No puedo negar que todavía estoy sanando, y no me refiero al desamor. Estoy sanando errores que cometí, problemas familiares, comportamientos que no quiero tener más, amistades perdidas y, lo más importante, mi salud emocional.