Hoy se cumplen 30 años de que yo estaba sentado en una cafetería de Leicester Square en Londres y un chaval australiano que acababa de conocer y su amigo americano me animaron a entrar con ellos allí mismo a los cines Odeon para ver una pelicula rara de unos yonkis escoceses. No me inspiraba mucha confianza, pero no tenía nada mejor que hacer y allí me metí a disfrutar una de las mejores películas de todos los tiempos. Cuando escucho Born Slippy, de Underworld, el tema principal de la película Trainspotting, se me eriza el vello y creo estar todavía allí. Sin teléfono móvil y con pelo. Ya Londres no es lo que era hace 30 años. Ni el cine. Ni el mundo.
Excalibur (1981) consiguió hacer sentir que estás dentro de una leyenda.
Hay algo hipnótico e imposible de explicar en la película.
Durante más de 2 horas entras en un mundo único.