27 de junio de 2019.
Decidimos que un proyecto de dos años cargados de ilusión, noches en vela y baloncesto llegaba a su fin.
El camino de @TheWingNBA se acababa y esto es lo que aprendimos.
https://t.co/qsLJjIaoV6
Este post de apoyo a @Jongonzlz está escrito y publicado conjuntamente con @lugaricano.
El sistema público de pensiones contributivas en España se encuentra en una situación muy complicada.
El sistema actual ofrece a los cotizantes una rentabilidad real implícita anual del 3,63 %. Dado el crecimiento de los cotizantes y de la productividad en España, esta tasa está al menos dos puntos porcentuales por encima de la que garantiza la sostenibilidad del sistema a largo plazo. De manera más sencilla: el valor presente descontado de las pensiones contributivas es aproximadamente un 60 % mayor que el valor presente descontado de las cotizaciones. Los jubilados contributivos en España están recibiendo mucho más de lo que pagaron.
Esta rentabilidad excesiva ha generado un problema fundamental: un déficit del sistema contributivo de unos 61.000 millones de euros (el de verdad, no el de las cuentas del Gran Capitán que incluyen las transferencias del Estado) y que no deja de crecer. Este déficit genera presiones sobre las cuentas públicas que limitan la capacidad de las administraciones públicas para implementar muchas políticas necesarias, desde la educación hasta la infraestructura. Y desde el punto de vista de la equidad intergeneracional, esta rentabilidad excesiva nos ha colocado en la paradójica situación de que las personas de 65 a 85 años tienen la renta disponible más alta de todos los grupos de edad en España.
El sistema necesita una reforma profunda. Por ejemplo, es clave reintroducir un factor de sostenibilidad en el valor de las pensiones que considere el crecimiento de los cotizantes, la productividad y la esperanza de vida. Muchas economías avanzadas han introducido estos factores e incluso España avanzó en esa dirección hasta la reforma Escrivá de 2021-2023.
Jon González, @Jongonzlz, de manera casi solitaria, ha acometido una labor impagable de documentar esta situación (y otros temas clave de nuestra economía), y ha conseguido poner a la sociedad frente al espejo de la insostenibilidad de la situación actual.
Desgraciadamente, el sistema político no tiene ninguna gana de enfrentarse a este problema. La edad mediana del votante español está en torno a los 51 años. Uno de cada tres electores tiene 60 años o más; uno de cada cuatro ha cumplido 65 años. Si se suman a los 15 millones de inactivos en edad de votar los casi 3 millones de empleados públicos, el resultado es que más de la mitad del censo electoral residente en España vive de una transferencia o de una nómina pagada con impuestos. La aritmética básica de cualquier elección en España descansa, por tanto, sobre un electorado en el que la minoría la constituyen los asalariados del sector privado en edad activa.
Pedir a un partido con vocación de gobierno que recorte la rentabilidad implícita de las pensiones contributivas es pedirle que confronte directamente a su votante mediano. Ningún sistema político hace eso voluntariamente y el español no es la excepción.
Por eso, en lugar de hablar de números, se busca descalificar al mensajero. Desafortunadamente, las narrativas maniqueas de buenos y malos—si eres bueno, prefieres pensiones altas; si no eres malo o estás a sueldo de los malos, tienen éxito en España porque nuestra conversación nacional se centra siempre en la “justicia” o la “moralidad” y nunca en los números.
Es normal: somos un país con poca tradición de análisis riguroso y, menos aún, de análisis basado en los números. “Mi abuela merece una pensión más alta” siempre es más fácil de explicar que “la rentabilidad real implícita del sistema está por encima de lo que nos podemos permitir”, y, además, le coloca a uno en el “lado bueno”: el de los que quieren dar más dinero, no menos, como los malvados economistas.
Pero lo realmente preocupante no es que se intente descalificar al mensajero en lugar de analizar sus argumentos. Lo que se busca es poner en riesgo su situación profesional. Ante las órdenes de la Moncloa, cualquier trabajo en España es precario. Nosotros mismos lo experimentamos en carne propia cuando, en 2012, se nos despidió de FEDEA, una fundación con la que colaborábamos, por orden directa y explícita de Moncloa.
Ya no es una cuestión de si uno está de acuerdo o no con Jon. Es algo mucho más importante. ¿Se puede analizar la realidad económica de España sin que las jaurías mediáticas busquen tu “cancelación” profesional?
Es este el momento de decir las cosas claras y mostrar nuestro apoyo absoluto y total a Jon. Por eso hemos tomado la decisión inusual de publicar este post simultáneamente.
Jon, te agradecemos profundamente lo que haces.
Ahora sí que sí: NOS VEMOS EL 19 DE SEPTIEMBRE EN SANTIAGO.
Retuitea y que se entere todo el mundo.
🐦 Si compraste la entrada el año pasado para venir este, la entrada te vale, no tienes que hacer nada.
¿A quién veremos por aquí?
Se viene rollo filosófico, aviso ;)
Llevo casi 30 años en el mundo tech. He cofundado empresas, gestionado equipos, invertido en startups, construido productos desde cero. Y hay algo que me está pasando con la IA que me cuesta describir con una sola palabra. Así que voy a intentar describirlo con varias.
La primera reacción, al menos en mi caso, cuando empiezas a usar estas herramientas de verdad, es una mezcla rara. Euforia. Miedo. Y sobre todo vértigo.
Ver que algo en lo que eras bueno, algo que te costó años construir, se convierte en commodity de golpe tiene mucho de desconcertante. Años construyendo una empresa, con patentes y con una tecnología que creías era una barrera de entrada y tu principal valor... y que de repente desaparece. No te lo esperas. Y aunque intelectualmente puedes entenderlo, vivirlo es otra cosa.
Pero ese miedo pasa. Al menos a mí me ha pasado.
Lo que viene después es energía. Proyectos que antes no intentaba porque el coste era demasiado alto, ahora los puedo arrancar en una tarde. Cosas que requerían un equipo, las puedo explorar solo pese a llevar años sin programar y alejado de la parte técnica.
Nuevas oportunidades.
De repente, para muchas cosas no dependo del equipo técnico de mi empresa. Y eso es por una parte reconfortante, pero por otra inquietante.
El techo no ha bajado... es que ha desaparecido. Y eso tiene algo de adictivo, de "joder, ¿por qué no estaba haciendo esto antes?".
Y aquí entra algo que creo que mucha gente no está considerando: la paradoja de Jevons.
En el siglo XIX, cuando se inventaron máquinas de vapor más eficientes, todo el mundo asumió que se consumiría menos carbón. Ocurrió exactamente lo contrario. La eficiencia hizo que usar carbón fuera más barato, así que se usó para más cosas, en más sitios, por más gente. El consumo total se disparó.
Con la IA va a pasar lo mismo. No vamos a escribir menos software porque la IA lo haga más rápido. Vamos a escribir muchísimo más, en muchos más sitios, para muchos más problemas que antes ni siquiera intentábamos resolver porque el coste era prohibitivo. La demanda de inteligencia no se reduce cuando se abarata. Se expande.
Hay un estudio de Berkeley en HBR (https://t.co/sRjR7sWszs) que lo confirma de forma bastante incómoda.
Investigadores de Haas School of Business pasaron 8 meses dentro de una empresa de 200 personas observando qué pasa cuando das herramientas de IA a todo el mundo y dices "adelante". Lo que encontraron contradice todo lo que nos han vendido: los empleados trabajaron más rápido, asumieron más tareas y extendieron su jornada. Nadie se lo pidió. Lo hicieron solos porque la IA hacía que "hacer más" se sintiese posible.
Un empleado lo resumió mejor que cualquier paper: "Pensabas que ahorrarías tiempo y trabajarías menos. Pero no trabajas menos"
El 77% de los empleados que usaban IA en otro estudio decían que les había aumentado la carga de trabajo.
La IA no te devuelve tiempo. Expande el perímetro de lo que sientes que deberías estar haciendo.
Y luego está el estudio del MIT (https://t.co/7rZqK7Pi8W) , que me parece el más incómodo de todos.
Pusieron a 54 personas con electrodos en la cabeza mientras usaban ChatGPT para escribir. Los que usaron IA mostraron un 47% menos de conectividad neuronal durante la tarea. El cerebro no trabajaba menos duro. Directamente se apagaba en las zonas vinculadas al pensamiento crítico y la creatividad.
Pero el dato que más me impactó es otro: el 83% de los usuarios de IA no podían citar ni una frase del ensayo que acababan de escribir. Porque nunca fue realmente suyo.
Y cuando al final de la prueba les quitaron la herramienta, el cerebro no se recuperó. Los patrones de desconexión persistieron.
Los investigadores lo llaman "deuda cognitiva". La misma lógica que la deuda técnica en software: cada atajo de hoy acumula intereses que pagas mañana en forma de menor capacidad para pensar de forma independiente.
El problema no es que la IA te haga menos inteligente. Es que tu cerebro optimiza para el entorno que le das. Y si dejas de ejercitar las partes difíciles del pensamiento, esas partes dejan de estar afiladas.
Pero entiendo perfectamente al otro lado también.
Hay un desarrollador que habló hace poco sobre algo que me impactó bastante.
Su tweet es este : I was a 10x engineer. Now I'm useless.
El video de 12 minutos merece la pena verlo (https://t.co/gLjCPrFfl3)
Describe haber construido un producto completo con IA, que funciona, que la gente usa, que genera ingresos... y al que no tiene ningún vínculo emocional. Porque no sufrió para hacerlo. Y lo describía como fabricar hot dogs: el producto existe, cumple su función, pero tú no pusiste nada de ti.
Eso conecta con algo más profundo que no estamos discutiendo suficiente.
Antes aprendías construyendo. El sufrimiento del proceso era el mecanismo. Te ibas a dormir sin saber cómo resolver algo y te levantabas con la solución, y eso te cambiaba. Ahora puedes construir sin ese ciclo. Más output, sí. Pero menos crecimiento.
Y luego está la red de seguridad. Un desarrollador siempre podía tomarse un año sabático y volver a un trabajo mejor pagado. O dejar su empresa actual sin miedo a encontrar casi lo que quisiera al día siguiente y con mejores condiciones.
Ese colchón existía de verdad y organizaba la vida profesional de mucha gente. La pregunta que nadie quiere hacerse en voz alta es si eso sigue siendo así. Tengo mis dudas.
Y aquí viene lo más complicado: no hay término medio fácil. Una vez que empiezas a usar estas herramientas en serio, tu cerebro deja de querer volver al esfuerzo. No es que puedas reservarte lo difícil para ti y delegar lo aburrido. Es todo o nada.
La energía nueva es real. Y la pérdida también es real. El error está en intentar resolver esa tensión demasiado rápido, en elegir un bando antes de haberlo vivido de verdad.
Lo que sí tengo claro, después de verlo en primera persona, es que la línea divisoria no es generacional.
He visto veteranos de 20 años sacarle un partido tremendo a estas herramientas. Y recién llegados que las tratan como una abstracción filosófica en lugar de algo que puedes usar hoy mismo.
La edad no predice nada. Lo que predice es la disposición. Si corres hacia el cambio o lo miras desde la barrera esperando a que alguien te explique si es seguro cruzar.
Nadie sabe exactamente adónde va esto. Y desconfío de los que dicen que sí lo saben, en cualquiera de los dos sentidos.
Lo que sí sé es que quiero estar en el grupo que corre hacia ello. Con la incomodidad incluida. Con la pérdida incluida. Con las preguntas sin respuesta incluidas.
Porque la alternativa es quedarse parado. Y eso, con o sin IA, nunca ha funcionado.
En medio de Matadero, un sitio muy especial para Madrid, nos encontraremos con su comunidad, muchos de ellos, viejos amigos.
Esperamos que sean las primeras Cañas con sol, y hay mucho espacio al aire libre que vamos a aprovechar. ☀️ 🍻
https://t.co/YrGJ7ym7pp
El 12 de febrero los chicos de Zinco AI fueron tan amables de acogernos y de poner lo mejor de ellos para que lo pasáramos genial en Cañas A La Madrileña.
Nos fuimos encantados de conocer a un cohete que no para de crecer en un sector con todo por hacer como el de las gestorías
Más de 100 empleados y contando en menos de un año.
Para seguir, el 26 de marzo conoceremos Mad Tech Campus, el espacio heredero de Google Campus Madrid, que aloja a Tetuan Valley y a SeedRocket.
Estoy buscando cto con ganas de meterse en un jaleo. Producto prosumer dirigido a financieros: cfos controllers, auditores, contables…si conocéis a alguien, os lo agradezco.
Toñita apareció en el Super Bowl junto a Bad Bunny. Es la dueña del Caribbean Social Club de Brooklyn, uno de los últimos clubes sociales puertorriqueños que quedan en Nueva York y una figura icónica de la ciudad.
WHAT ARE YOU WAITING FOR?
El Networking llama, amigos. Y si el Networking llama nosotros le hacemos caso.
Pd. Dice @Cousy14 que tiene una sorpresa preparada para todos aquellos valientes asistentes.
A POR ELLO: https://t.co/X0H3xvSoyj