—El rey del Abismo rodeó la cintura de la muerte entre sus brazos, apretándolo contra su cuerpo. Sus labios se rozaron pero el beso no llegó, tan solo una caricia de aliento cálido—.
No sé si podría culparte si desearas a otros... Pasamos mucho tiempo separados por nuestros +
Una cosa que ellos deseen a la muerte, y la otra es que yo lo haga.
Y sabes perfectamente que no es así, mi amor.
— Rompió esa distancia que los celos han impuesto, y susurra contra sus labios ,íntimo , tan suyo —
El único que me roba la vida del cuerpo eres tú
Ajá. ¿Y por eso te permitiste el lujo de insultarme las últimas veces que viniste a mí, porque estás esperando ver qué puedo hacer?
—El monarca no se movió del sitio, observándolo con sus fríos ojos verdes—.
❝Solo observándole. . . Me intriga todo lo que usted representa, las cosas que puede llegar a hacer.❞
En ese momento dió unos pasos adelante, como /siguiendo/ lo que aquel ordenaba.
Oh amor ~ — Su mano acaricia la mejilla de su prometido con una suavidad gélida. Lento . Delineando el pómulo con su pulgar como si reconociera allí su lugar .—
Yo no acaricié, mi tacto es frío, solo una caricia sobre el aire que respira.
Pero toman mi mano como masoquistas. . .
—Con las manos a la espalda, miró hacia donde se encontraba el otro. Las sombras eran su elemento, así que Abaddon lo estaba viendo perfectamente—.
No me gusta que me observen a distancia como un pervertido. ¿Qué quieres?
❝Señor. . .❞
Dijo con ese tono de voz sumiso lleno de falsa inocencia que tanto lo caracterizaba, pero no se movió se quedó donde estaba, le gustaba observar.