La década del 2000 fue realmente bella en el sentido de que disfrutamos del internet en casa pero no estábamos atados a una micropantalla gritándonos 24/7 el universo digital. Cuando salíamos o estábamos con gente nos metíamos la dosis mínima de realidad «orgánica» necesaria.
Sin amor ha de ser muy pesado vivir. No digo amor de pareja, familia o personas necesariamente, sino amor por una búsqueda o una construcción; o por algo inexplicable que nos sobrepase. Es un sentimiento que te conduce. Es cultivable y su semilla es cualquier rastro de esperanza.