Creo que no estamos dimensionando el acto de valentía, de cojones, de rebeldía y también de riesgo que acaban de asumir Rita Laura Segato, Lina Meruane, Sabina Urraca, Gabriela Wiener, María Fernanda Ampuero, Ángelo Néstore y Brenda Navarro con su posicionamiento ante la presencia de Ariana Harwicz en el Festival Internacional de Arte, Literatura y Humanidades CULTUR_ALH.
Quiero hacer una distinción importante porque creo que ahí está una parte del riesgo que están asumiendo: una cosa es la industria editorial y otra cosa es la industria literaria.
La industria editorial es la cadena del libro: editoriales, publicaciones, distribución, librerías. Y ahí existen editoriales con posiciones políticas claras que respaldan a autorxs propalestinxs y antigenocidio hasta las últimas consecuencias.
Pero la industria literaria es muchísimo más amplia.
Es todo ese circuito que determina quién circula, quién tiene visibilidad y quién accede a oportunidades: festivales, ferias, premios, jurados, becas, residencias, universidades, coloquios, medios, instituciones culturales, invitaciones internacionales.
Y buena parte del trabajo y también de los ingresos de quienes escribimos depende de ese circuito.
Hacer pública una posición propalestina o simplemente antigenocidio sí puede tener consecuencias materiales y profesionales. Puede significar que dejen de invitarte. Que te bajen de un evento. Que pierdas una publicación, una residencia, una beca o un proyecto que ya estaba pactado.
Puede significar vetos, escarnio, funas y pérdidas económicas.
Y no estamos hablando de una posibilidad abstracta.
Hay autorxs que han denunciado cancelaciones, exclusiones y pérdida de espacios vinculadas a sus posiciones públicas sobre Palestina.
Basta también observar el respaldo que ha recibido Ariana Harwicz dentro de determinados sectores del campo cultural para entender que plantarse públicamente frente a esto no necesariamente sale gratis.
Por eso creo que no podemos dejarlas solas y respaldarlas no puede quedarse en un tuit, un retuit, un comentario o una pelea tuitera.
Propongo que nos organicemos para hacer un posicionamiento colectivo breve, radical y contundente, abierto a firmas, que respalde a Rita, Lina, Sabina, Gabriela, María Fernanda, Ángelo y Brenda, pero que además implique un compromiso concreto.
Porque la literatura tiene poder y quienes formamos parte de sus circuitos también.
Esto no se trata de decidir si una obra es buena o mala.
Se trata de dignidad humana y de negarnos a normalizar, justificar o colaborar con el sufrimiento del pueblo palestino.
Y creo que llegó el momento de decirlo sin eufemismos: quienes desde la industria literaria decidan colaborar, legitimar o prestarle espacios a discursos que niegan o justifican ese sufrimiento tendrán que asumir también las consecuencias públicas de esas decisiones. Boicot. Protesta. Señalamiento público. Autoras y autores que decidamos no participar. Lectores y asistentes que decidamos no acudir. Manifestaciones frente a sus eventos.
Que la vergüenza cambie de bando.
Si quieren toman represalias para quienes defienden al pueblo palestino.
Nosotres también podemos hacerles un cagadero a quienes piensen que negar un genocidio es solamente otra opinión respetable dentro del debate cultural.
Si ellas pusieron el cuerpo, el nombre y su trabajo sobre la mesa, quienes coincidimos con ellas podemos poner también los nuestros.
Ustedes digan y nos organizamos.
@CarlaEUrenaA ni dejar de llenar auditorios. Lo patético es tener más de cincuenta años y seguir culpando al mundo porque dejó de aplaudirte, incapaz de sostener una crítica sin convertirla en insulto, clasismo y berrinche.
@CarlaEUrenaA Aleks Syntek, en efecto, no se deschavetó. Está frustrado porque considera que debería tener más éxito y ocupar otro lugar, no presentarse gratuitamente en una alcaldía el 15 de septiembre.
@CarlaEUrenaA asunto bastante más serio que sus berrinches musicales.
Nadie necesita demeritar la trayectoria de Syntek para cuestionarlo; de hecho, son precisamente sus colegas y el público quienes parecen recibir constantemente su desprecio. Lo patético no es tocar gratis en una alcaldía