Lo mejor y lo peor de la edad, según Bob Dylan
“Lo mejor
Lo mejor de tener 80 años es que sobrevives a los relojes que te han estado persiguiendo. Es la libertad de esa mentira de que alguna vez todo estuvo bajo control. Ya no persigues el desfile. Eres un viejo rey de algún país desaparecido. Eres más difícil de programar.
Ya no te apresuras por convertirte en algo y no te persiguen las cosas que hiciste. Te persigue lo poco que realmente importó de la forma en que pensaste que importaría.
Lo peor
Lo peor de tener 80 años es que todavía quieres decir sí a todo, pero el mundo avanza sin pedir permiso. El viejo fuego en tu corazón todavía te dice que hagas esto y aquello, pero tu cuerpo dice que ya lo hicimos. Además, nada te sorprende. Suena como un lujo, pero no lo es, y además te has quedado sin ilusiones. La gente te trata como si hubieras resuelto algo o hubieras perdido algo, y no es así. Ves la vida repitiéndose por todas partes.
Lo realmente peor de tener 80 años es que descubres, al fin, que has comprendido algo que podría haberlo cambiado todo en el pasado, si hubiera llegado en un momento en que aún se podía cambiar algo. Cuando eres joven crees que el tiempo avanza. A los 80 sabes que no lo hace, que se queda quieto. Los que nos movemos somos nosotros”.
¿Estás diciendo públicamente que la baja laboral de una trabajadora era “cuentitis” y acusándola, implícitamente, de haber sido contratada en su nuevo centro de trabajo “a cambio” de… qué? ¿Denunciar las condiciones laborales del anterior? Nunca tendrás ni una sola prueba de lo que estás sugiriendo porque nunca ocurrió. Ni siquiera trabaja en el equipo que dices, y fue otra persona quien la fichó. Vais de enterados y no sabéis ni lo básico.
Mientras tanto, dicha trabajadora tiene pruebas de lo que está contando (horas extra no remuneradas, cómo al final acabó en Urgencias porque no se limpiaba el conducto de ventilación, etc).
Considerarte militante de izquierdas y acabar tomando prestado el argumentario y la jerga de la patronal para atacar y calumniar a ex compañeros tragándote la versión que probablemente te habrá contado un superior.
Y qué poco os tienen que respetar los “de arriba” para permitir que os tiréis a la piscina sin avisaros de que está vacía.
Pd. Sugiero que si vas a responderme pidas feedback a tus superiores, para cagarla un poco menos que con Paola. Algo más de información que tú tendrán.
Este editorial de NATURE sostiene que la forma en que las nuevas generaciones consumen información está cambiando radicalmente. Concluye que si los científicos quieren seguir influyendo en el debate público, tienen que adaptarse a ese nuevo formato del ecosistema informativo y que la comunicación científica del futuro deberá ser cada vez más breve y visual.
Cada época moldea los instrumentos con los que busca la verdad, pero eso, a su vez, también transforma la capacidad para atenderla. En la cultura contemporánea, la atención parece dispersarse en haces cada vez más breves. Y el riesgo de que eso cambie nuestra forma de pensar es elvado. N. Postman advirtió que una sociedad puede llegar a preferir lo que entretiene a lo que explica. Así que el verdadero escollo estará en lograr que la búsqueda de la verdad sobreviva al cambio de formato. Habrá que ver si seguimos siendo capaces de distinguir entre información -que puede consumirse en segundos- y conocimiento -que exige concentración y tiempo-. Ninguna revolución tecnológica debería volver obsoleta esa importante diferencia
Siempre han habido personas completamente ignorantes acerca de la psicología que sostienen este tipo de opiniones. Que lo haga un médico que dice ser catedrático de la UNAM, es francamente vergonzoso
Esto es clave. Yo creo que ya hemos tenido suficientes ejemplos dolorosos para darnos cuenta de que NO podemos atribuir la corrupción solo a la falta de escrúpulos y perspectiva de personas concretas sino a malísimos incentivos creados por un sistema que hasta ahora ha hecho la vista gorda, por ejemplo, con las labores de lobby de los ex políticos y, en general, con los privilegios de diputados y exaltos cargos. La Economía como disciplina lo lleva advirtiendo años (repasar hemeroteca sobre el escándalo de las Cajas de Ahorro, por ejemplo).
El problema es profundamente estructural e institucional. Leyes mal diseñadas, presión social nula ante las actividades de lobby/aprovechamiento de contactos políticos para lucro, persistencia de inercias que no cuestionamos (políticos con acceso preferente a lugares que van desde espectáculos deportivos y musicales a consejos de administración de cotizadas al retirarse, y pasa también por una tolerancia pasmosa ante uso estratégico de la propaganda institucional y ante la colonización sistemática de las instituciones por “nuestro” partido)
Y hay más: asimetría en juzgar “a los nuestros” y a los “otros”, ataques a periodistas y acusaciones infundadas de bulos, ataques a jueces, acusaciones automáticas de lawfare, opiniones apriorísticas según nuestra consideración de la persona en lugar del hecho…
Pues bien ante esto, resulta que lo que nos salva es precisamente que, a pesar de las presiones, hay jueces independientes (y auditores, y fiscales, y periodistas…). Y una policía que hace bien su trabajo. No sé si es consuelo, pero por lo menos parece que no solo hay adoquines (ni mucho menos) bajo la arena tostada que pensamos que iba a ser la democracia.
Por cierto, la pérdida de perspectiva y capacidad de autoengaño que desarrollamos cuando tocamos poder es un tema del que me gustaría que psicólogos y psiquiatras nos iluminaran. Estoy alucinado.
Zapatero tiene derecho a la presunción de inocencia, pero desechar la investigación del juez, la UDEF y la Fiscalía Anticorrupción como una conspiración es intelectualmente perezoso e ideológicamente sectario. Hay indicios feos incluso en lo ya reconocido por el expresidente.
Lo más irónico de todo es que Jon González defendía pensiones nocionales, públicas y de reparto.
No le atacaron por su posición en las pensiones, que llevaba tiempo divulgando, sino por mostrar en laSexta Xplica el absoluto desconocimiento del tema de quienes nos dirigen.
Es un error ver en el cierre de la cuenta de Jon González un sectarismo único de la “izquierda”. Cuentas de la “derecha” como “SrLiberal” también publicaron falsedades sobre mí cogiendo fotos de mi Instagram y diciendo que tenía “dos Rolex” mientras hablaba de impuestos, personas de extrema derecha intentaron averiguar donde vivía, me hicieron memes con cientos de miles de visitas, etc. Jon González mismo subió un hilo sobre mí dando a entender que me movía a uno u otro lado por conveniencia porque cuando tenía 17 años pensaba y publicaba opiniones distintas a las que tengo ahora.
El sectarismo está extendido en ambos extremos del tablero político, esto no va de bandos. Va de la realidad contra el relato, de unos y de otros.
#Hantavirus
Ni era necesario el show mediático de ayer ni se puede catalogar todo como una “chapuza”
Otra vez se convierte una crisis sanitaria en un ring político y mediático polarizado
El problema es que ya no analizamos los hechos: elegimos bando.
En mi tienda hay una Switch 2 con la que la gente puede jugar cuando quiera.
El otro día vino un niño, tendría unos 7 años, con sus abuelos.
La abuela me preguntó si el niño podía jugar al juego de las carreras (el Mario Kart). Yo le dije que sí, pero que era un juego para
Evolutionary psychiatry: Illuminating disorders by the ultimate functions of emotion and thought patterns, not an inventory of symptoms. Overview essay by one of its pioneers, Randolph Nesse - 2023 - World Psychiatry - Wiley Online Library https://t.co/x7TOk0V0u2
This man is a chiropractor who sells books and supplements, not a medical doctor, not a psychiatrist, and not a pediatrician, yet he is confidently spreading blatant misinformation about SSRIs to millions.
Mental health treatment should be guided by evidence based medicine, not conspiracy theories, social media algorithms, or people profiting from fear.
SSRIs, like all medications, have risks and side effects, but they have also helped millions of patients suffering from depression, anxiety, OCD, PTSD, and other psychiatric illnesses.
We are once again entering a dangerous “anti psychiatry” era reminiscent of Thomas Szasz, where ideology and misinformation are being presented as science.