Sobre Omegna.
Al final los ladrones de Caval eran UDI.
El alcalde corrupto no era Jadue, sino Barriga.
Los malversadores de las fundaciones eran 90% de derecha.
El pedófilo era papá de un UDI.
Los terroristas armados golpistas eran de derecha.
SIEMPRE acusan y calumnian al resto de lo que ellos hacen.
Cuanta Razón tiene Bielsa y hoy luego de ver cómo TRUMP metió las manos a la @fifacom_es vemos a muchos PERIODISTAS guardando silencio!
Y lo dijo Clarito en la conferencia en el Mundial !
#FifaGate
CULTO AL MILLONARIO
Cuando el poder deja de disimular para quién gobierna.
“Estamos trabajando para usted…, pero sólo si usted pertenece al 1% más rico”.
Vivimos en la era de la noticia desechable. Todo dura exactamente lo mismo que tarda en aparecer el siguiente escándalo. Un portonazo reemplaza una colusión, un terremoto sepulta una corrupción y una pelea farandulera eclipsa una declaración presidencial indecente. La indignación hoy tiene fecha de vencimiento y la memoria colectiva parece administrada por un algoritmo: olvidar rápido para seguir consumiendo más rápido.
Ese mecanismo no es casual. Es la mejor defensa de quienes gobiernan entre privilegios y blindajes. Los corruptos y los obedientes del dinero saben perfectamente que el país amanece cada día con una nueva distracción. Confían en que la atención pública es una linterna nerviosa incapaz de quedarse quieta sobre una sola vergüenza demasiado tiempo.
Por eso no debiera pasar inadvertida la frase pronunciada ayer por el presidente Kast. Una frase que mañana ya habrá sido desplazada por otro titular, pero cuya gravedad merece permanecer bajo observación. Dijo que había que agradecerle al país por aquellas familias millonarias que “han podido salir adelante”. —Agradecerles—. Como si la acumulación obscena de riqueza fuese una obra de caridad nacional y no el resultado histórico de privilegios y una relación obscenamente ventajosa con el Estado.
No fue un desliz. Fue una brutal confesión.
Porque cuando un presidente habla con reverencia de los multimillonarios, no está haciendo una reflexión económica: está definiendo una subordinación ideológica. Está dejando claro quién merece protección y un cariñoso cuidado institucional. El mensaje fue brutalmente transparente: al rico no se le incomoda, al rico no se le regula demasiado, al rico no se le toca. Y si es extremadamente rico, entonces incluso merece gratitud pública.
La frase desnuda algo más profundo que una torpeza comunicacional. Revela genuflexión. Una inclinación servil frente al poder económico que ya ni siquiera intenta esconderse detrás del viejo relato meritocrático. Porque cuesta imaginar mayor obscenidad política que pedirles agradecimiento a quienes sobreviven con salarios mínimos hacia quienes concentran bancos, universidades, medios de comunicación, AFP, isapres y buena parte de la estructura productiva del país.
Y entonces todo comienza a encajar.
El llamado “Plan de reconstrucción” económica, empieza a parecer menos un proyecto para el país y más un servicio premium para los dueños de Chile. Rebaja de impuestos a grandes capitales. Subsidios a empresas que contraten trabajadores mientras más cerca del sueldo mínimo mejor. Reformulación de la ley de 40 horas y flexibilización de indemnizaciones por años de servicio. Es decir, alivio para arriba y precarización elegante para abajo.
Qué admirable eficiencia: transformar derechos laborales en obstáculos, y privilegios empresariales en necesidades patrióticas.
Después de semejante declaración presidencial, resulta difícil sostener siquiera la ficción de que este gobierno pretende gobernar para las mayorías. Más bien parece la administración de intereses de un grupo diminuto que posee prácticamente todo.
Y claro, tampoco parece tan descabellado pensar que esas mismas fortunas fueron las que financiaron e impulsaron el camino hacia La Moneda. Los mecenas del modelo hoy pasan discretamente el platillo. Y el gobierno responde con entusiasmo litúrgico.
Lo peligroso no es solo la frase. Lo peligroso es la naturalidad con la que fue dicha. Porque cuando el poder deja de ocultar para quién gobierna, es porque asume que ya no necesita convencer a nadie. Basta con administrar el ruido y esperar que mañana aparezca otra noticia para cubrir la anterior.
Por eso conviene no olvidar. Porque mientras el país discute el próximo escándalo efímero y pasajero, hay confesiones que explican toda una estructura de poder. Y esta, fue una de ellas.
@MisColumnas
Tres minutos imperdibles. En Argentina, esta estudiante desmonta en vivo el falso dilema de un periodista (?) que la increpa y le dice que para estudiar hay que estar en las aulas y no en las calles. Ella, magistralmente, defendió su punto.