–...y la gente llegaba a la hora que se quedaba porque como no había móviles, si alguno era impuntual no se le podía decir a dónde se iba y le daban por el culo.
Llamadme raro, pero me gusta la gente sencilla, honesta, que ayuda a los demás, que valora más a las personas que sus ideas, las que saben sentarse en la silla de los otros, las que se creen iguales a las demás; esas personas son las que realmente me gustan.