LA ESTRATEGIA DEL TEJO PASADO
Cuando gobernar consiste en lanzar siempre más allá de la raya.
Hay expresiones que explican la política mejor que un tratado. “Tirar el tejo pasado” es una de ellas. Proviene de la rayuela chilena, juego donde un cilindro metálico llamado tejo, debe caer sobre una lienza, cuerda o cordel. La expresión convirtió ese exceso en una estrategia: pedir diez cuando se pretende obtener cinco, para que después de negociar siete parezca una concesión razonable.
En negociación se conoce como anclaje. La primera propuesta condiciona todo lo posterior. Si alguien pretende vender algo en 100, pero comienza pidiendo 160, una oferta de 120 puede parecer barata, aunque supere su objetivo original. El truco consiste en desplazar el lugar desde donde discutimos qué es “mucho”, “poco” o “razonable”.
En política funciona todavía mejor.
El gobierno de José Antonio Kast parece haber encontrado en la vieja rayuela una metodología de negociación legislativa.
El procedimiento consiste en situar inicialmente el debate más allá de aquello que probablemente pueda sobrevivir al Congreso, a la oposición, o incluso a sectores del propio oficialismo. Entonces comienza la negociación.
La oposición celebra haber contenido los aspectos más extremos. El Gobierno acepta modificaciones, elimina artículos, reduce pretensiones y anuncia que ha escuchado. Finalmente aparece el acuerdo y todos respiran satisfechos porque el tejo retrocedió.
El problema es que pocos miran dónde estaba el cordel originalmente.
Ahí reside la eficacia del mecanismo. Si una reforma razonablemente discutible estaba en 5 y el Gobierno comienza proponiendo 10, terminar en 7 puede presentarse como una derrota gubernamental porque debió retroceder tres puntos. Pero respecto del punto inicial avanzó dos. La discusión compara el acuerdo final con la propuesta extrema y no con la situación previa.
El tejo pasado permite además administrar las concesiones. Se propone algo difícilmente aceptable y luego se renuncia a una parte. Aquello que nunca fue indispensable se transforma en moneda de cambio. Se entrega lo accesorio para conservar lo sustancial y construir el relato de la moderación: “cedimos”, “escuchamos”, “alcanzamos acuerdos”.
No es una invención chilena ni de una corriente política. Es una técnica clásica. Donald Trump ha utilizado esa versión con demandas desmesuradas. Se conoce el poder del anclaje y sus riesgos. Porque cuando ambas partes comienzan a tirar el tejo pasado, la política deja de buscar un punto razonable y se convierte en una competencia por mover la cancha.
Una democracia necesita negociación. El problema aparece cuando la exageración inicial se transforma en método de gobierno. Entonces dejamos de discutir cuál es la política pública adecuada y comenzamos a debatir cuánto de una propuesta extrema logrará impedir la contraparte.
Y surge una consecuencia más profunda: la normalización. Lo que ayer parecía fuera de los márgenes entra hoy a la conversación; mañana puede convertirse en posición intermedia y pasado mañana en punto de partida. Ya no solamente se pasa el tejo: también se mueve el lienzo.
Ese es el verdadero éxito de la estrategia. No necesariamente aprobar todo lo propuesto, sino modificar los límites de lo políticamente imaginable. Después de suficientes lanzamientos, consideramos moderado aquello que antes habría parecido excesivo o incluso inaceptable.
Chile tiene una larga tradición de la rayuela, pero gobernar exige algo distinto. Las instituciones no son una cancha, la ciudadanía no es el adversario y las políticas públicas no deberían construirse calculando cuánto puede lanzarse más allá para después retroceder elegantemente.
Porque cuando el tejo pasado se convierte en estrategia permanente, la pregunta no es cuánto cedió quien lanzó, sino otra mucho más importante: ¿dónde estaba la raya antes de que empezáramos a jugar?…porque la memoria es peligrosamente frágil.
@MisColumnas
Pareciera dramática y exagerada la expresión de Alejandro Aravena, sin embargo, viendo los gobernantes actuales y los procesos de individualismo, su expresión tiene sentido: "lo q está en juego es si seguimos por el camino de la civilización o retrocedemos a la barbarie".
El rol de Chadwick siendo Ministro del Interior en la triada con Guerra y Hermosilla. Al tanto y dirigiendo todo. Las conversaciones más secretas se llevaban por Telegram, no por WhatsApp. Fiscalía debe llegar hasta el final en este grave asunto.
1/ Hermosilla no guardaba sus mensajes más sensibles en WhatsApp: los mandaba por Telegram. 12.135 páginas de chats con Chadwick acaban de entrar a la causa contra el exfiscal Guerra, revela Reportea. Y hay uno que podría cambiarlo todo. Abrimos 🧵