Recomiendo profundamente este artículo que, además de bien escrito, sintetiza lecciones muy interesantes. No tiene desperdicio:
"La izquierda brasileña tardó años en entender una verdad incómoda: no se puede ganar una pelea callejera en internet con maneras de profesor universitario. Durante demasiado tiempo, el Partido de los Trabajadores reaccionó a la guerra sucia digital como si estuviera redactando una tesis doctoral. Cuando la maquinaria de la ultraderecha soltaba a primera hora de la mañana un bulo incendiario sobre el cierre de iglesias o la destrucción de la familia, la cúpula del partido convocaba reuniones interminables, consultaba a sus abogados y publicaba, ya de noche, un comunicado infumable de tres páginas en un lenguaje que no entendía nadie fuera de la sede. Para entonces, la mentira ya había entrado en los teléfonos de quince millones de familias y moldeado el pánico de medio país.
La campaña de Lula se dio de bruces contra la realidad de las pantallas. En el fango de TikTok y WhatsApp, los desmentidos solemnes y los sellos de las agencias de verificación no conmueven a casi nadie; son munición de fogueo frente a un misil emocional. Si querían frenar la sangría, había que dejar de dar lecciones morales desde un púlpito y empezar a jugar con las mismas reglas que rigen internet: velocidad salvaje, humor descarado y cero burocracia"
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1/ 🔥
Siete años escuchando que la izquierda quemó el Metro. Cero pruebas.
Aquí la información del libro “Quién quemó el Metro” de @masterjosefa las sentencias y los informes policiales, con número de folio.
No sé quién prendió el fuego. Pero parece que si sabemos que se apagó la luz para que no viéramos nada.
Y para sorpresa de nadie, no fue la izquierda. 🧵👇
At the 1989 MTV Awards, Tom Petty started "Free Fallin'" alone, then Axl Rose emerged from the shadows to join him.
Two completely different voices, Petty's laid-back drawl and Axl's howl, sharing one mic. Nobody saw it coming.
Los espantosos videos de derrumbes en Venezuela son un excelente momento para recordar que en Chile los edificios caerían igual de espeluznantemente si no fuera por esa "permisología" que la derecha repudia y busca eliminar.
En Italia en los años 1940 decían:
“Hay tres cosas incompatibles entre sí: inteligencia, honradez y fascismo. Quien es inteligente y fascista, no es honrado.
Quien es honrado y fascista, no es inteligente.
Y quien es inteligente y honrado, no es fascista".
EL SIMIO NO ERA NEGRO, ERA NARANJO
Hay personas que creen que la civilización consiste en usar cubiertos correctos, saber pronunciar “sommelier” y tener una tarjeta corporativa con un cargo rimbombante bajo el nombre. Creen que la educación es usar corbata y que la sofisticación moral se obtiene acumulando millas LATAM y reuniones por Zoom.
Hasta que un día aparece un teléfono grabando.
Y entonces el barniz se derrite.
Eso fue precisamente lo interesante y profundamente revelador del episodio protagonizado por —Germán Naranjo Maldini—, ejecutivo chileno de una pesquera, que decidió convertir un conflicto circunstancial con un tripulante brasileño, en una exhibición pública de racismo de cloaca, homofobia de cantina y vulgaridad tribal. El repertorio incluyó insultos raciales explícitos, referencias al color de piel y, como toque final de una ópera moralmente miserable, imitaciones simiescas con onomatopeyas vocales dirigidas a un trabajador afrodescendiente.
Todo esto, en pleno siglo XXI
Lo fascinante del caso no es únicamente la ordinariez del episodio. Vulgaridad existe en todas partes. Lo verdaderamente interesante es la velocidad con que un hombre aparentemente integrado al mundo profesional descendió desde la estética del ejecutivo corporativo hacia la emocionalidad de un energúmeno prehistórico.
Porque ese es el punto incómodo de esta historia: el problema no es la falta de educación formal. El problema es exactamente lo contrario. El sujeto no proviene de la marginalidad cultural, sino del universo empresarial, de las reuniones estratégicas, de los PowerPoint con palabras como “Networking”, “Engagement” y “Benchmarking”.
Y sin embargo, bastó una situación adversa para que emergiera algo mucho más antiguo y primitivo.
Hay quienes intentaron explicar el episodio apelando al alcohol o a psicotrópicos. Una explicación tranquilizadora, casi terapéutica. Como si el racismo fuese una especie de alergia química pasajera y no una convicción degradante alojada en algún rincón profundo de la estructura mental.
Pero el alcohol no redacta pensamientos nuevos. El alcohol desinhibe. Abre compuertas. Reduce filtros. No inventa repertorios morales; simplemente deja al descubierto los existentes.
Nadie improvisa una secuencia coherente de insultos raciales en segundos si esas asociaciones no viven previamente dentro de él.
Y aquí aparece una verdad desagradable para ciertas élites latinoamericanas: hay personas que jamás dejaron realmente atrás la lógica colonial. Sólo aprendieron a maquillarla con LinkedIn, inglés funcional y camisas a medida.
El incidente además destruye otro mito bastante chileno: la idea de que el éxito económico equivale automáticamente a refinamiento humano. No. Existen individuos altamente competentes para vender pescado, administrar planillas Excel o dirigir equipos comerciales y que, simultáneamente, poseen una pobreza espiritual francamente devastadora.
La historia universal está llena de profesionales exitosos con una estructura ética miserable.
Pero quizá el detalle más brutal de este caso fue la absoluta incapacidad de comprender el tiempo histórico en que vivimos. En 2026, creer que uno puede desatar una descarga de racismo explícito en un espacio público sin consecuencias es una mezcla extraordinaria de arrogancia y estupidez estratégica.
Hoy las redes sociales funcionan como una plaza pública romana con almacenamiento infinito. Todo queda. Todo circula. Todo escala.
En apenas horas, el ejecutivo dejó de ser una persona relativamente anónima para transformarse en símbolo nacional de una forma particularmente vulgar de decadencia moral.
En su intento de degradar a otro ser humano tratándolo como un simio, terminó ofreciendo al país una demostración involuntaria de quién era realmente el espécimen primitivo que había perdido el control de sus impulsos más básicos.
El problema nunca fue el color de piel del tripulante brasileño. Al final el simio no era negro, era naranjo.
@MisColumnas
#ToleranciaCero | El minuto de confianza de @tv_monica: "Si los hombres dieran a luz, la Sala Cuna Universal estaría hace años como ley"
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Todo lo que dice este tuit es mentira:
- el modelo de desarrollo actual no se basa en "subir impuestos", es cosa de comparar la carga tributaria de Chile como % del PIB (21%) comparada con la OCDE (34%).
- Dice que además es un modelo en que el Estado se hace cargo de todo. El modelo, impuesto por la misma derecha, considera una visión de Estado subsidiario que se define precisamente por lo contrario: solo hacer lo que los privados no pueden. Y es tan así que incluso en aquello que hace, como programas sociales, en realidad externaliza a privados. La Constitución impide que el Estado priorice actividades económicas y si quiere hacer una empresa pública tiene que ser con ley de quórum calificado.
- Por tanto, desempleo no es consecuencia de un supuesto modelo estatista.
- El plan de reconstrucción (en realidad: la reforma tributaria que recorta impuestos) no asegura ni crecimiento ni empleo, reconocido por él mismo. Lo que inmediatamente genera es déficit.
Conversar con la verdad es el primer requisito que debería tener el debate público. Este nivel de deshonestidad, que pasa por verdad lo que son sus convicciones ideológicas personales, le hace daño a la democracia.
No sabía que necesitaba un cover de “Everybody Wants to Rule the World” de Tears For Fears por Harry Styles pero definitivamente el artista inglés de 32 años es brillante. Me hace pensar a David Bowie joven. ¡Larga vida!
Vídeo @tastcback