No es frialdad, es pura supervivencia: el tiempo y la energía no se recuperan jamás.
Aguantar informalidades y gente sin palabra no te hace buena persona, solo te hace ingenuo.
Cortar con quien resta no es ser calculador; es entender que tu paz vale más que el drama ajeno.
Al que cumple se le cuida, y al que marea, puerta sin dar explicaciones.