La idea de “todo está dentro de ti” borra lo social, lo material, lo histórico, y termina dejando a la persona como única responsable de no sentirse bien.
A la tarde
me pondré a esperar la cena;
y después de la cena
me pondré a esperar el sueño.
Y mañana
amaneceré esperando otra vez;
esperando la hora siguiente,
el minuto siguiente,
nada.
El cuerpo enferma también por el modo en que es hablado, mirado, exigido, silenciado.
Y ahí, la dolencia es una protesta frente a lo que no deja lugar a descansar, desear o decir.
Cuando todo se mide por producir, enfermar es otra manera de decir.
A veces el duelo es seguir queriendo sin poder ya hacerlo en presencia; construir la ausencia.
No es dejar de amar, sino dejar que ese amor encuentre otro modo de alojarse y acontecer. Otra narrativa.
El superyó, en nuestra época, no dice “no”, dice “más”.
Más placer, más logro, más plenitud.
Pero en ese exceso se cuela la culpa, el cuerpo que no alcanza, lo que no basta, la exigencia infinita.
"El lenguaje es una herida. Cada palabra que pronuncio me abre y me expone, pero también me salva, porque en esa herida reconozco que estoy viva."
Alejandra Pizarnik