Podemos ser reemplazados en muchas de las cosas que hacemos, pero jamás en lo que somos. Otra persona puede ocupar nuestro lugar, hacer nuestro trabajo o cumplir nuestras funciones; pero nuestra esencia, nuestra forma de amar y lo que transmitimos no se puede sustituir.
Admiro profundamente a quienes han hecho de la amabilidad una forma de vida y no una estrategia para conseguir algo a cambio. A quienes ayudan sin calcular, tratan bien sin conveniencia y dejan un poco de luz por donde pasan. Ese tipo de bondad siempre se nota.
Me parece linda la idea de construir algo con alguien: crecer juntos, admirarse incluso conociendo los defectos y errores del otro, y aún así elegir mejorar y evolucionar de la mano. Porque, al final, de eso se trata.
Creo que una de las experiencias más conmovedoras de la vida es descubrir que alguien disfruta genuinamente de tu presencia. No lo que proporcionas, No tus logros. Solo tú, tus pensamientos, tu energía, tu existencia.