UNA COLOMBIA MUY SERIA, MUY SÓLIDA
Por Jorge Barraza
Bello Mundial. Nos gusta. Hablamos del juego, la organización son cinco centavos aparte. Los estadios rebalsan, a los partidos los ve el planeta entero, hay alegría. El Mundial es una máquina de hacer felices. Hay goles, hay arqueros fenomenales, hay goleadores y, como dijo Didier Deschamps, “hay grandes jugadores, hay leyendas... y después está Messi".
Dios es africano en esta Copa: de 10 representantes clasificó 9 a la fase eliminatoria. Justicia divina, realmente. Para Inglaterra ’66 no le habían dado ni un cupo directo al África, el eurocentrismo la ignoró siempre olímpicamente, aunque la sensación de aquel torneo fue un fenómeno nacido, criado y formado futbolísticamente en Mozambique: Eusebio. Se unieron los países africanos, hicieron una rebelión contra la FIFA y para 1970 les dieron una plaza fija, que ocupó Marruecos. En este 2026 somos hinchas de Congo, de Cabo Verde, de Senegal, de Costa de Marfil, de Marruecos (¡qué bien juega…!). Verlos felices nos hace felices.
Hay 437 futbolistas afrodescendientes sobre 1.248 en este torneo, un 35%. Y habrá más. Veremos a Suecia, Suiza, Noruega, Austria con 7, 8 o 9 afros. Pasará. Nadie reniega de tan fabuloso biotipo físico. Y han evolucionado en lo técnico. Sucedió con Ecuador. Hasta comienzos de los ’80 jugaba con lo que ellos llaman “los patuchos”, criollos de un metro setenta. Llegó Dusan Draskovic y cambió la fisonomía de la selección: fue a Esmeraldas, buscó raza negra y Ecuador es hoy una potencia emergente en Sudamérica. Desde el 2000 a la fecha Italia clasificó a cuatro Mundiales, Ecuador a cinco. Los tiempos cambian.
Nos llama un colega peruano y nos propone: “¿Te animas a hacer la selección ideal de los Mundiales…? Dale, empecemos: arquero, Yashin…” Lo paré. Alcancé a ver un poco de Yashin. No creo que haya tenido nunca un partido ni al 30% de lo que atajaron Vozinha (Cabo Verde) contra España, Eloy Room (Curazao) ante Ecuador o Mpasi (Congo) y Diogo Costa frente a Colombia. Todos son buenos ahora. No es que Yashin era malo, es que el puesto evolucionó toneladas. El entrenamiento específico, la acumulación de experiencias y la transferencia de conocimientos han dado este prototipo de arquero eficientísimo, que tapa casi todo. Son de goma.
No obstante, y aquí lo notable, los atacantes logran convertir. Han pulido la definición también, han aprendido a abrir los cerrojos de los arqueros, a escapar de la presión de las defensas, a arreglarse igual con menos tiempo y menos espacios. Y hacen muchos goles.
La mancha de la primera fase fue Uruguay. No por su eliminación, todos tienen torneos buenos y malos. Por las formas. Se despidió a la uruguaya, con broncas, con amago de pelea, con Canobbio amenazante, queriendo llegar hasta el referí para increparlo y sabe Dios qué más. Fue en la derrota ante España. Antes expuso una de sus características históricas: la reciedumbre rayana en violencia. Siempre con el afán de achicar al oponente. Los diarios españoles coincidieron: “Fue una cacería”. La siempre ponderada garra uruguaya es otra cosa. Casi se da una situación increíble: merced a la ineptitud del juez marroquí-estadounidense Ismail Elfath, se estuvo a treinta segundos de que tanto Canobbio como Bentancur se fueran limpios del partido, sin tarjetas, después de haber pegado a destajo. Pero a los 95’ el primero de ellos recibió roja directa por una terrible entrada contra Nico Williams. El fútbol, que durante décadas enorgulleció al Uruguay, no es un correlato de la imagen seria, pacífica y democrática que da como país.
Hemos visto una Francia que mete miedo, una Holanda con un poder de fuego notable, una Alemania lamentable ante Ecuador (¿eran alemanes esos, en serio…?), un Brasil inclasificable todavía (puede ser mucho o no ser nada), al Japón ascendente de los últimos años, el poder físico de Senegal y Costa de Marfil, el juego ascendente de Marruecos, a un competitivo México…
Y vimos una Colombia importante, fuerte, atractiva, seria, sólida, madura, continua, muy dura para cualquier adversario, ejecutiva ante Uzbekistán, buena ante Congo, muy buena ante Portugal. Una selección quizás con menos talento individual que otras de Mundiales anteriores (la de Maturana en 1994, por ejemplo, quizás la de Pekerman en 2014). Menos tropical, menos vistosa y alegre, pero más concentrada, luchadora, solidaria, trabajadora, con funcionamiento, que sabe a qué juega. Debió ganarle a Portugal de no ser por ese porterazo Diogo Costa o por la uña del dedo grande de Davinson Sánchez en su gol anulado al final. Portugal llegó a Estados Unidos como uno de los grandes favoritos detrás de España, Francia, Inglaterra y Argentina, sin embargo, Colombia fue muy superior, lo empequeñeció.
Entre Juan o entre Pedro, el esquema no se resiente porque todos tienen asumido el libreto. Tan internalizado está el funcionamiento, tan aprendido que se da el lujo de que el 10 camine, de no tener un animal de área, un 9 de alto nivel mundialista y de que Lucho Díaz se tome unas merecidas vacaciones frente a Portugal. Pero es que todo el resto los cubrirá, marcará tarjeta por ellos. Cuando un equipo es tan altruista entre sus miembros resulta difícil de vencer. Y habla bien del grupo. Hagamos un pacto entre todos: no hablemos de título mundial, seamos prudentes, pero cuesta imaginar que alguien atropelle a esta Colombia ordenada, rocosa desde la cabeza. Ni Francia ni España ni nadie. Si tiene que jugar, juega, si debe meter, mete. Colectivamente irreprochable.
¿Sus déficits...? Individuales: las limitaciones físicas de James y, dicho con el máximo respeto, no tiene un 9 de alto nivel mundialista, un matador ahí adelante, un Falcao. No lo advertimos ni en John Córdoba ni en Luis Suárez, aunque este estuvo activísimo en los 35 minutos que actuó ante Portugal, acechante. Merecía un gol. La mejor prueba es que el goleador de Colombia es su lateral derecho, Daniel Muñoz. Pero no descartamos que a Córdoba o a Suárez se les abra el arco.
En el umbral de los 35 años, James sigue teniendo una zurda deliciosa, sus pases y lanzamientos son fantásticos y tiene una visión ofensiva del juego que a los otros les falta, carece de la movilidad que le daría explosión a su juego. Y cuando Lorenzo ve que ya van 70 ó 75 minutos y se le acaba el gas lo reemplaza por Juanfer Quintero, otro exquisito que está para poner pelotas filtradas, pero tampoco para correr. En idénticas posibilidades motrices, James sigue siendo más. Claro que si el rival le pone un volante de marca cerca, lo complica.
El equipo suple las flaquezas puntuales, las disimula. Y los cambios. Puede alinear a Santiago Arias en lugar de Muñoz, a Puerta por Ríos, a Deiver Machado por Mojica o a John Córdoba por Luis Suárez. No pasa nada, el negocio levantará la persiana igual y atenderá sin problemas. Nunca habíamos visto tan bien a Colombia en un Mundial. Es la primera vez que no depende de una estrella, de un héroe providencial. Transmite al hincha una seguridad inédita: de que sabrá jugarle mano a mano a cualquier adversario.
Desde luego hay puntos altos. Dávinson Sánchez está en un momento colosal, agrandadísimo en el buen sentido, se comió a Cristiano Ronaldo en un sandwichito. Lucho Díaz faltó contra Portugal, sin embargo es un arma letal y volverá ante Ghana con sus 220 voltios. Motorcito Arias es un reloj que siempre da la hora exacta. Y Camilo Vargas es Clark Kent, un empleado de lentes puntual y competente que, llegado el caso, rompe la camisa y evita un choque de trenes.
Llegue hasta donde llegue, es una Colombia irreprochable, cumplidora e ilusionante.
Colombia 🇨🇴 continue to be the most stressful national team in the world.
I’m not even Colombian and I have a borderline heart attack every game.
It’s like brilliance and chaos had a baby.
Idk how y’all do it.
Durante años nos repitieron que el futuro era aprender a programar. Que las humanidades eran adorno. Que filosofía, ética y derecho eran cosas lentas para un mundo que iba a vivir de datos, código y velocidad. Pero ahora ocurre algo revelador: los grandes laboratorios de inteligencia artificial están contratando filósofos. No porque se hayan vuelto románticos, sino porque descubrieron que la pregunta más difícil ya no es técnica.
El problema ya no es si una máquina puede escribir, diagnosticar, conducir, resolver, vigilar o decidir. El problema es desde qué idea de verdad, daño, libertad, dignidad y responsabilidad lo va a hacer. Una IA no contesta desde el vacío: trae una arquitectura moral escondida. Puede privilegiar eficiencia sobre derechos, seguridad sobre privacidad, obediencia sobre criterio, propiedad sobre igualdad. Y cuando esa lógica entra a tribunales, hospitales, escuelas, bancos o gobiernos, deja de ser software: se vuelve poder.
Por eso este debate es gigantesco. La pregunta brutal no es si la IA va a pensar por nosotros. La pregunta es quién va a decidir cómo debe pensar. Porque si empresas y gobiernos empiezan a diseñar “constituciones invisibles” para máquinas que ordenan nuestra vida, sin transparencia, sin control democrático y sin responsabilidad jurídica, no estaremos frente al futuro: estaremos frente a una nueva forma de autoridad, más rápida, más elegante, más opaca y mucho más difícil de combatir.
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Un tribunal en España acaba de abrir una investigación por posible mala fe procesal contra un abogado después de descubrir que un recurso judicial contenía 24 citas falsas: sentencias inexistentes, párrafos inventados, resoluciones que no decían lo que el escrito afirmaba e incluso referencias a casos que jamás habían resuelto el tema discutido. Los magistrados llegaron a una conclusión demoledora: todo apuntaba a que el recurso había sido elaborado con inteligencia artificial y presentado ante el tribunal sin la más mínima verificación humana.
Lo verdaderamente grave no es el uso de la IA. Lo grave es que un abogado haya puesto su firma en un documento que citaba autoridades jurídicas que no existían. En el mundo del derecho, una cita no es un adorno académico. Es un acto de confianza. Cuando un abogado invoca una sentencia, le está diciendo al juez: “esto fue resuelto por un tribunal y yo respondo por la exactitud de esta referencia”. Si esa sentencia es imaginaria, no estamos frente a un error tecnológico; estamos frente a una ruptura de la confianza que sostiene a la justicia.
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🧵 Análisis de la primera vuelta presidencial en Colombia, 31 de mayo de 2026.
Hilo larguito con datos municipales (obviamente preliminares por ahora), que bajé de la pagina de la Registraduría, entre otras fuentes.
1/ De la Espriella (ADLE) primero con 43,7% (10,36 millones), Cepeda segundo con 40,9% (9,69 millones). Diferencia: ~673.000 votos sobre 23,7 millones de votos válidos.
El miedo a la IA tiene paralizados a muchos jueces. Y es un miedo mal informado: la norma colombiana ya dice, con todas sus letras, qué SÍ pueden hacer. Esta es la guía rápida que debería estar en cada despacho. 🧵👇
Jueces electos por voto popular renunciando a los nueve meses porque no resistieron la carga, la presión o la complejidad del cargo. El problema no es sólo que se vayan; el problema es que llegaron a decidir vidas, libertades, patrimonios y derechos sin que el sistema garantizara plenamente su idoneidad.
Juzgar no es aprender sobre la marcha. Un error judicial no se corrige con un boletín ni con una disculpa: puede revictimizar, encarcelar, arruinar una familia, retrasar alimentos, destruir un patrimonio o negar justicia a quien más la necesita. La legitimidad democrática no sustituye la preparación, la experiencia ni el temple que exige una función tan delicada.
La justicia no se fortalece llenando juzgados con personas populares, sino con jueces independientes, serios, formados y capaces de resistir presiones. Cuando el voto reemplaza a la carrera judicial y la política sustituye a la técnica, el costo no lo paga el discurso oficial: lo pagan los ciudadanos frente a un expediente.
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Con el narrador revelación del año, Owen Wilson. ¿Qué tal su español?
Fue un placer compartir con Owen en el comercial para el Mundial 2026.
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La IA no va a acabar con la abogacía; va a desnudarla. No está en peligro el abogado que piensa, decide, negocia, litiga y responde por una estrategia. Lo que tiembla es el oficio reducido a machotes, resúmenes, búsquedas y horas facturables sin verdadero criterio.
El golpe vendrá por abajo: pasantes, recién egresados, abogados junior. Ahí se aprendía el oficio. Si la IA absorbe esas tareas, el despacho gana velocidad, pero la profesión pierde cantera. Y una abogacía sin formación práctica termina produciendo títulos, no juristas.
El futuro no será de quien “use IA” como juguete, sino de quien sepa gobernarla: auditarla, corregirla, discutirla, ponerle límites y asumir responsabilidad. La pregunta ya no es si la máquina puede redactar. La pregunta es quién tendrá el juicio para decidir cuándo no debe hacerlo.
@futbolmundialsp Dinho fue muchísimo más que Riquelme y lo de Fillol también es forzado… Hubo al menos 3 arqueros mejores, pero indiscutidamente Chilavert fue mucho más!
Un funcionario, desde su escritorio, mira un mapa perfecto: líneas rectas, cifras limpias, categorías claras. Todo parece ordenado. Todo parece controlable. Pero abajo, fuera del papel, la vida sigue siendo otra cosa: gente, historia, costumbres, errores, intuición, caos. El problema empieza cuando el poder cree que ese mapa es la realidad.
James C. Scott lo dice sin rodeos: así han nacido algunos de los peores fracasos de la historia. Estados que quisieron “mejorar” la vida de las personas rediseñándolo todo desde arriba, el campo, las ciudades, la producción, incluso la forma de vivir, ignorando algo básico: que la vida no cabe en un plano, ni en una estadística, ni en un reglamento.
La lección es incómoda pero urgente: cuando el poder desprecia lo que la gente sabe, ese conocimiento práctico que no se enseña en manuales, termina destruyendo justo lo que dice proteger. Gobernar no es imponer orden desde la distancia. Es entender la complejidad sin aplastarla. Porque cuando el Estado cree que ya entendió todo… es cuando más peligroso se vuelve.
El centro colombiano no se hundió por la polarización. Se hundió porque nunca entendió que la política no es solo pedagogía. Lakoff lo demostró hace tiempo, la gente no vota por el mejor plan, vota por el marco moral que ya tiene. Fajardo, López y los demás del centro nunca quisieron entender eso.
El politólogo Daniele Caramani expone cómo la tecnocracia tiende a gobernar por encima del ciudadano, no para él. Esa fue la identidad que el centro colombiano construyó. Algo que funciona en gabinetes, no en elecciones. En urnas ese modelo terminó en resultados marginales y sin bancada.
La polarización no es el problema, acá, es la señal de que para los colombianos algo real está en juego. Cuando algo real está en juego, el votante no busca al que mejor le explique el plan de gobierno, busca al que está de su lado. El centro, por construcción, nunca estuvo del lado de nadie. Estaba por encima, con eso ahora se pierden elecciones.
Entonces ahora dicen que el centro es la salvación. ¿De qué? ¿Del país que ya les dijo que no? La pregunta que el centro nunca respondió sigue ahí, a quién le hablas y qué le estás prometiendo?
Acá los invito a leer el artículo completo:
https://t.co/bufjFPuSvp
La tesis de The Significant Lawyer pega durísimo en México: cuando la abogacía deja de ser una profesión con deberes públicos y se vuelve solo un negocio, el abogado pierde el centro. Y aquí el problema es más grave: no tenemos colegiación obligatoria, regulación seria ni controles reales de calidad profesional. Mientras tanto, miles egresan cada año de universidades de todo tipo, muchas sin formar abogados sino técnicos del trámite.
El resultado está a la vista: litigios eternos, promociones inútiles, abuso del amparo, clientes mal aconsejados, jóvenes sin mentoría, y una cultura donde demasiadas veces se confunde agresividad con talento.
México necesita mejores abogados. Abogados formados con rigor, regulados con seriedad y capaces de recordar que ejercer Derecho no es vender servicios legales: es asumir una responsabilidad social enorme. Porque cuando la abogacía se degrada, no fracasa solo una profesión; se rompe una de las últimas defensas de la justicia y el estado de derecho.
Me duele que un defensor público gane mucho menos que un fiscal, procurador o juez equivalente. Y me duele más porque su labor representa una obligación internacional e irrenunciable del Estado.
Cuando, además, no reciben sus honorarios a tiempo esto se torna injustificable…
Salió hoy un laudo arbitral de Tribunal Internacional que condena a @ANI_Colombia a pagar 3.5 billones de pesos. Billones.
En los últimos 8 años la ANI ha sido condenada en unos 15 laudos arbitrales en megaproyectos de infraestructura: concesiones, APP.
Casi siempre por:
Indebida planeación.
Diseños y estudios previos inadecuados.
Mala tipificación, distribución y valoración de riesgos.
Temas ambientales, geológicos.
Cambios en las condiciones iniciales.
Incumplimientos en pagos y desembolsos.
Problemas climáticos, de orden público, protestas comunidades.
Y a veces temas de corrupción y/o negligencia.
Se convierten muchas veces en obras inconclusas, no terminadas y con reclamaciones-demandas ante tribunales. Barril sin fondo.
Tema preocupante. ¿Qué dicen y proponen @CCI_Colombia@CCIAntioquia@MinTransporteCo@MinHacienda@MinAmbienteCo@transparenciaco@STransparencia@PGN_COL@CGR_Colombia
Alfredo Relaño dice que para él es el mejor partido de la historia y agrega “Yo creo que el balón de oro lo podríamos rifar entre ocho” aludiendo a los 6 atacantes, Vitinha y Kimmich… @fdbedout
Dice Goldman Sachs que el 44% de las tareas legales en EE.UU. están expuestas a la automatización por inteligencia artificial. Segundo lugar, apenas debajo del trabajo administrativo.
Lo incómodo no es la IA. Lo incómodo es que buena parte del gremio construyó su prestigio sobre cosas que una máquina hoy resuelve en segundos: revisar contratos por kilo, rastrear jurisprudencia, redactar escritos de molde, copiar y pegar criterios. Ese abogado sí está en problemas. El que litiga con estrategia, el que argumenta con técnica constitucional, el que sabe mirar un expediente y encontrar la grieta fina, ese no lo sustituye ningún modelo, porque el juicio jurídico, el de verdad, no se entrena con tokens, se entrena con años, con audiencias perdidas, con sentencias releídas a las tres de la mañana.
La pregunta honesta, entonces, no es si la IA nos va a quitar el trabajo. Es si vamos a tener la humildad de aprender a usarla antes de que la use, y mejor, el abogado de enfrente. Porque el riesgo real no es la máquina: es quedarse sentado viéndola pasar, convencido de que el título colgado en la pared basta. No basta. Nunca bastó.