Tiro, en el sur del Líbano, con importantes vestigios arqueológicos, ciudad atacada por Israel, Patrimonio Mundial en Peligro. Lo ha decidido el 48º Comité de Patrimonio Mundial de @UNESCO que tiene lugar en Busán (Corea del Sur).
Lean esto. Entenderán qué significa el odio, el profundo odio que esta gentuza tiene a su propio país porque no es como les gustaría que fuera (cerril, rancio, gris).
Tengo serias dudas de si el autor hace un ejercicio de ficción para provocar o si en casa de @JqManso son tan cortitos que publicaron lo que no era para publicar.
En cualquier caso, puro odio. Gente que sale a la calle, pone la tele, y cuando ve su país sólo le sale odio.
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Pedro Porro marcó el gol que metió a España en la final del Mundial. Luego lloró recordando a su abuelo Antonio, que dormía en el coche para que él pudiera seguir entrenando.
Porro nació en Don Benito, Badajoz, una ciudad de poco más de treinta mil personas en Extremadura. Sus padres trabajaban jornadas largas y quien asumió gran parte de su crianza fueron sus abuelos maternos, Antonio y Manola. Cuando Pedro empezó a destacar en las categorías inferiores y le llegó la oportunidad de incorporarse a la cantera del Rayo Vallecano en Madrid siendo adolescente, la familia tuvo que tomar decisiones que el dinero no facilitaba.
El abuelo Antonio lo llevaba a los entrenamientos en coche desde Badajoz. Son más de trescientos kilómetros. En lugar de pagar hotel, Antonio esperaba en el aparcamiento durmiendo dentro del vehículo hasta que terminaba la sesión. Luego volvían a casa. Así, durante meses. El nieto entrenaba. El abuelo dormía en el coche.
Porro ha contado esta historia en varias entrevistas emocionándose de la misma manera cada vez que la menciona, porque no es una anécdota de superación que ha digerido ya. Sigue pesándole lo que costó. "Sin mi familia no soy nada", dijo después del partido contra Francia. "Todo lo que tengo se lo debo a ellos."
El lateral derecho que asistió a Ferran Torres para el gol de la final, el jugador elegido mejor del partido de semifinales, el hombre que ha hecho del carril derecho de España uno de los mejores del mundo, empezó su carrera durmiendo de aparcamiento en aparcamiento con un abuelo que nunca le preguntó si merecía la pena.
Los abuelos rara vez preguntan eso.
Atesoremos en España este prestigio internacional que hemos conseguido. No nos convirtamos en otra cosa. Seamos siempre amigos de la justicia y del lado correcto de la Historia.
Fabián Ruiz se cruzaba con su madre en los pasillos del Betis. Ella limpiaba. Él entrenaba. Los dos sabían lo que significaba estar ahí.
Fabián Ruiz Peña nació en Los Palacios y Villafranca, un pueblo de Sevilla de 40.000 habitantes. Sus padres se separaron cuando él era pequeño y su madre, Chari, sacó adelante a tres hijos sola. Cuando el Betis lo fichó para su cantera, el club ofreció a su madre un trabajo fijo como limpiadora en las instalaciones como parte del acuerdo. Chari aceptó. Era un empleo estable, seguro, suficiente.
Lo que nadie calculó fue el momento en que los dos coincidieran en los mismos pasillos. Fabián admitió años después que en aquellos años sentía una mezcla de vergüenza y orgullo al cruzarse con su madre fregando los suelos donde él soñaba con llegar a ser futbolista profesional. Vergüenza de adolescente, la que se pasa. Orgullo de toda la vida.
Chari se graduó en Psicología mientras Fabián subía por las categorías del Betis, llegaba al Napoli, volvía a España con el PSG y se convertía en pieza indiscutible de la selección española. El hombre que España no ha perdido ni un partido en los 49 partidos que ha jugado con la Roja. El mediocentro que marcó el gol que nos metió en semifinales del Mundial.
Ella estudió. Él jugó. Los dos llegaron.
¿Cuántas madres hay detrás de cada futbolista que levanta un trofeo, y cuántas veces las vemos?
La madre de Fabián ha sido limpiadora toda su vida. Entregada a su familia cuando el dinero apenas entraba en casa y dando más de lo que tenía para que su hijo pudiese entrenar y llegar a donde ha llegado.
Si el fútbol es tan mágico es porque nace en la calle. Nace en el barro.