No me hago la víctima.
Sé perfectamente en qué momentos reaccioné mal, qué dije, cómo lo dije, y me hago cargo. Pero también tengo claro algo: No todo empieza en mí; hay palabras, gestos, silencios que empujan. Hay faltas de respeto que no son casualidad y no voy a hacerme la desentendida para que otros queden tranquilos.
Porque hacerse cargo no es lo mismo que hacerse responsable de todo. Yo reviso lo mío, pero no voy a cargar con lo que otros hacen como si fuera mío.
“Lo manejaste súper bien”
No, claro que no. No comí bien por días, tenía ganas de llorar de la nada, sobrepensé todo, no hablaba con nadie y no dormía.
La hipocresía de algunas personas es tan descarada que son capaces de hablar de lealtad, respeto y valores como si fueran ejemplo de ello, cuando en realidad viven cambiando de cara según les convenga.