Dijo ayer Ahmed Escaf que Abelardo de la Espriella es “la perra de Estados Unidos”. Yo creo que decir que se volvieron clase política tradicional no es suficiente: nos están mostrando el fondo en materia de hacer politica. Dirán que los otros hacen lo mismo y sí, tristemente es cierto. Aquí la carrera es para ver quién llega más rápido a la forma más baja de competir.
Siento desconsuelo al iniciar otra semana de dos campañas basadas en meter miedo sobre el otro, descalificar a quienes piensan diferente, tirar propuestas insensatas y usar el chantaje moral para intentar convencer a los escépticos.
Espriella, como el duro del salón, gritando y braveando; prometiendo cárcel para Petro y dejando en su VP toda la carga de la compostura, la moderación y la dignidad del cargo de jefe de estado. ADLE basa su campaña en la búsqueda de una revancha, de satanizar al que sea de izquierda, de defender una ‘patria’ donde solo caben la mitad de sus compatriotas.
Al final, el programa de ADLE es acabar con el petrismo. El ‘milagro’ está basado en el deseo de aplastar al otro y calcar fórmulas de dudoso origen.
Cepeda intenta enviar mensajes de sensatez y concertación que luego se ven opacados por su jefe Petro o por sus salidas en falso en el micrófono o en redes.
Sí, lo de ‘por qué no se van’ es un error y un mal mensaje. Eso está bien en una arenga de manifestantes universitarios o en una borrachera con amigos, no lo está en un aspirante a Jefe de Estado de un país con largo historial de violencia política.
Es muy diciente que la campaña de los seguidores de Cepeda se base en meter miedo sobre ADLE. Nadie dice “necesitamos continuar los logros de Petro en materia de energía o seguridad” o “hay que profundizar la exitosa gestión de Petro en salud, educación, ciencia, etc.” o “definitivamente necesitamos mantener en el poder a un gobierno respetuoso de las mujeres y las instituciones”; el único argumento es derrotar a un supuesto fascismo. Fascismo que ven en todo el que opina diferente, en todo el que se niega a aplaudir las derivas autoritarias, violentas y psicóticas del líder supremo; un supuesto fascismo que han usado tanto como excusa que ya no dice nada.
Tenemos que exigirle más a los candidatos. Lo que se juega no es el futuro de un partido político sino de una Nación llena de problemas que no se resuelven con eslóganes, de potenciales que se desperdician por inacción y de gente que piensa diferente pero está dispuesta a construir colectivamente.
A trabajar.
Hagamos un trato: si no se va a prohibir en los periódicos (@elespectador) que LOS COLUMNISTAS escriban sus columnas con ayuda de la IA, al menos que deriven la mitad de lo que se ganan a proteger las fuentes de agua que su pereza va a agotar eventualmente. Dejen la chambonada
¿Se ha preguntado por qué le toca escribir tan largo y enredado para construir un argumento tan simple? Si su compromiso con las instituciones hubiese sido tan férreo e incondicional, no tendría que irse hasta 1886 ni escribir tan largo. Sus permanentes ataques a los resultados electorales, a las Cortes, al Congreso, a los medios, al Banco de la República y a todo aquel que se atreva a tener una opinión distinta a la suya dejan en claro que no se soporta los contrapesos ni los límites al poder del ejecutivo. Puede escribir todo lo que quiera, pero cuatro años de hechos hablan por sí solos. Y le sugiero que en época electoral y con la aspiración de continuidad que propone, deje de recordárnoslo todos los días.
Miéntanos a nosotros, que eso es pan de cada día. Pero señoras y señores petristas, no se digan mentiras a ustedes mismos:
Abelardo De La a Espriella es la obra máxima de Gustavo Petro. Su herencia más pura. Su engendro. Su obra insigne.
Por eso Gustavo Petro se siente más a gusto con Abelardo de presidente haciéndole oposición visceral, que con el parco y pausado de Iván Cepeda, con quien pelearía incómodo desde el minuto uno.
Convengamos algo: los cambios de postura que ha hecho Cepeda después de la primera vuelta (y los que seguramente hará) obedecen a una coyuntura electoral, no a una convicción real. Cuando un político cambia su discurso según le conviene, no evoluciona: busca votos.
#Opinión | "No es necesario mostrarles una foto ni decirles el nombre y apellido de un petardo; ustedes van a verlo dibujado con palabras". Columna de opinión de Héctor Abad. 👉 https://t.co/dkm26T6QVu
El detalle que impide cumplir el programa de Cepeda se llama presupuesto nacional. El detalle que impide cumplir el programa de Abelardo se llama Constitución. La realidad siempre termina pasando la cuenta.