Topo Mayor México: “llegó una muchacha de una TV local y me dijo que tenía que decir esto y agradecer a tu presidenta”
“mira mija te voy a decir una cosa tengo 80 años y no me vas a venir a decir que decir, no eres jefa, yo no soy político, soy rescatista” “la mandé al diablo”
Soy cero de culpar a la gente como colectivo por las cosas. No creo que "estorben" en la atención de la emergencia sino que se necesita coordinación y criterio para actuar.....
Al mismo tiempo soy cero de darle más poder a la dictadura cuando solo sabe robar y matar gente. Ni de cerca serán ellos los que brinden coordinación y criterio en un momento así, porque las primeras 40 horas de la emergencia demostraron que a los Rodríguez y a sus amigos no les importa nada más que mantener la dictadura a cualquier costo. Afectaron a muchas personas con su inacción y sus obstáculos, porque sirven para poner trabas y sacar ganancias de la tragedia.
El chavismo jamás ha resuelto nada y mucho menos ha resuelto algo creando un registro, una lista, una comisión o montando alcabalas. Eso más bien ha sido el origen de nuevos problemas y arbitrariedades.
Como todo eso lo sabemos (pero no muchas misiones diplomáticas ni medios internacionales) es difícil explicar que la gente está resolviendo por su cuenta y a pesar del Estado.
Reclamarle a los ciudadanos que haya "motos atravesadas" en una vía o que de pronto sobren recursos en un centro de acopio, es no poner foco en las fallas del Estado. Si hay mucha aglomeración, se mueve y ya. No hace falta cerrar por completo el paso a una zona donde se necesita ayuda cuando hacen falta manos y recursos.
La coordinación estará mejor en manos de profesionales nacionales e internacionales, de técnicos, de gente que sepa y lidere. No de burócratas ni extorsionadores, no de gente que tiene cargos por su lealtad al partido y no sus competencias gerenciales.
Dejar a los represores y corruptos al mando, creyendo que se van a comportar distinto, solo va a generar represión y más corrupción. Eso ya ocurrió en 1999 y en todas las vaguadas de las últimas décadas.
@frrodriguezc I always expect the worst from Francisco’s tweets, but somehow, he manages to be even worse from what I expected. No te da vergüenza pana?
Estamos en manos de los peores gerentes para cualquier emergencia.
El chavismo ya ha instrumentalizado las tragedias, ha robado en desastres naturales y ha manipulado lo humanitario.
Es fundamental que en estos momentos tengan contrapesos y coordinación con gente seria.
En este momento la información salva vidas.
Tras los terremotos en Venezuela, @Conatel debe desbloquear de inmediato X, los medios independientes y las VPN.
Con el sistema eléctrico y las comunicaciones colapsadas, cada minuto sin acceso a la información puede costar vidas.
RT para exigir el fin de la censura.
🚨 Emergency in Venezuela 🚨
People may be trapped beneath collapsed buildings and families are trying to find loved ones.
Rescue efforts depend on access to communication.
The Venezuelan government continues to block @X , independent media, and VPNs.
Information saves lives and every minute matters.
@elonmusk@usembassyve
🚨MENSAJE A CONATEL:
Levanten YA el bloqueo sobre la red social X.
En momentos como este, esta plataforma puede conectar a nuestros hermanos y salvar vidas.
Es tiempo de pensar en los venezolanos, no en la censura.
No se trata de defender a Maduro. Se trata del precedente peligroso. Ahora cualquier narcodictadura que lleve 26 años en el poder persiguiendo y asesinando opositores, y desconociendo el resultado de las elecciones está en riesgo.
𝐅𝐫𝐚𝐧𝐜𝐢𝐬𝐜𝐨 𝐑𝐨𝐝𝐫í𝐠𝐮𝐞𝐳: 𝐞𝐥 𝐚𝐫𝐭𝐞 𝐝𝐞 𝐩𝐞𝐫𝐟𝐮𝐦𝐚𝐫 𝐥𝐚 𝐣𝐚𝐮𝐥𝐚
Por Elizabeth Sánchez Vegas
Hay voces que, apenas aparecen, no traen ideas sino olor, no un olor físico, aunque dan ganas de abrir ventanas, sino ese tufo moral del que aprendió a hablar del sufrimiento ajeno como quien describe un fenómeno meteorológico, sin sangre, sin nombres, sin duelo, con una pulcritud que ofende, porque en Venezuela la limpieza verbal ha sido demasiadas veces la coartada favorita de los cómplices: se sientan lejos del golpe, usan verbos tibios, citan “contexto”, pronuncian “salidas”, y mientras uno intenta rescatar un país del fondo de una fosa, ellos te explican, con modales, por qué conviene dejar la escalera a medio camino.
Francisco Rodríguez pertenece a esa familia de personajes que no necesitan uniforme para servir a una causa sucia, porque su servicio es más sofisticado y, por lo mismo, más eficaz: no viene a discutir para entender a Venezuela, viene a bajarle el pulso moral a lo que Venezuela exige, hasta volver aceptable lo que no lo es; y lo hace desde una vitrina de credenciales, afiliaciones, universidad, think tanks, la marca personal cuidadosamente construida, que le permite hablarle a públicos internacionales como si fuera árbitro de una tragedia que no se vive en el cuerpo, sino en el discurso, como si el país fuera un caso de estudio y no una nación mordida por el miedo.
Lo verdaderamente repulsivo no es que disienta, Venezuela está llena de diferencias, sino la operación constante, casi mecánica, de domesticar la reacción moral del país, de volver “problemático” el liderazgo que no se arrodilla y de insinuar que el obstáculo para la “paz” no es el aparato que secuestra y arrasa, sino quien se niega a normalizarlo; ahí está su pieza más reveladora cuando decide atacar el Premio Nobel otorgado a María Corina Machado y afirma, sin pudor, que ese reconocimiento acercaría a Venezuela a la guerra porque, según él, respalda a “una defensora del uso de la fuerza”, y con esa maniobra intenta pasar la claridad democrática por amenaza y la resistencia por capricho, como si el problema fuera la voz que denuncia y no la bota que aplasta.
Pero Rodríguez no se limita a opinar: también diseña arquitectura política, y ahí es donde se le ve el esqueleto del proyecto; como fundador de Oil for Venezuela, empuja un “Humanitarian Oil Agreement” que plantea, de forma explícita, un acuerdo firmado entre los equipos de Juan Guaidó y Nicolás Maduro para crear estructuras de gobernanza que gestionen una excepción “humanitaria” vinculada a exportaciones petroleras, un esquema que obliga a reconocer al régimen como interlocutor inevitable y a vender como “técnica” una decisión profundamente política, como si la captura del Estado se resolviera con procedimientos y no con una ruptura real.
Y cuando ese tipo de propuesta se presenta como neutral, conviene leer la letra pequeña: su propia organización ha defendido mecanismos en los que los ingresos se depositan en cuentas de depósito en garantía y se gestionan “conjuntamente” entre la administración de Maduro y representantes democráticos; dicho sin perfume: no se desmantela el control, se le pone corbata, y luego se le pide al país que agradezca el barniz como si fuera libertad, como si el venezolano tuviera que conformarse con la estética del cambio en lugar de exigir el cambio real.
El patrón viene de antes, porque esta inclinación a moverse en el carril de lo “procesable” para el poder no nació ayer: Reuters lo identificó en 2018 como asesor económico del entonces candidato presidencial Henri Falcón, en una contienda ampliamente cuestionada por falta de garantías; no hace falta convertir ese antecedente en pecado original, basta leerlo como síntoma, porque el hilo se repite y es reconocible: una y otra vez, lo “razonable” termina pareciéndose demasiado a lo que el régimen tolera, y lo que el país exige se reetiqueta como exceso.
Pero hay algo todavía más peligroso que su prosa y sus etiquetas: el diseño de “soluciones” que, en la práctica, reescriben el secuestro como convivencia. Desde Oil for Venezuela también han promovido “roadmaps” de negociación con ideas de institucionalidad compartida y acuerdos para nombramientos conjuntos, una lógica que en cualquier país sonaría técnica, pero que en Venezuela termina operando como blanqueo funcional, porque convierte al régimen en socio de gobernanza y no en estructura a desplazar. Su propuesta no es ruptura sino coadministración, vestir de institucionalidad compartida un poder que se sostiene precisamente en no rendir cuentas.
Por eso, cuando Rodríguez aparece, lo que se escucha no es serenidad, es anestesia, y una invitación a rebajar el horizonte hasta que la impunidad parezca sensata y la justicia un lujo imprudente; y aquí es donde se acaba el intercambio elegante: retírese, salga de escena con su perfume de jaula y su moral de laboratorio, porque Venezuela lo tiene identificado desde hace tiempo, no como “analista” sino como operador de rebajas, como traductor amable del secuestro, como el que intenta convencernos de que el hierro se negocia mejor si uno finge que no corta.
Y no, no nos va a corregir el tono, ni va a dictarnos desde lejos cómo debe sonar la rabia de un país que enterró demasiado y esperó demasiado: Venezuela somos nosotros, los dueños de estos teclados y de estas calles digitales, los que escribimos con memoria en X y con duelo en la garganta, los que no vamos a permitir que nos reduzcan la libertad a una cláusula ni la dignidad a un “incentivo”; su papel ya quedó claro, su libreto también, y en esta historia, la real, no la de los seminarios, a los perfumistas de la jaula se les dice una sola cosa, y sin dejar espacio para la ambigüedad: apártese, ya lo vimos, ya lo leímos, ya lo entendimos. Fuera.
𝐍𝐨𝐭𝐚: Este texto es una opinión y un juicio político basado en declaraciones y actuaciones públicas ampliamente difundidas; no afirma hechos delictivos específicos más allá de lo documentable y se ofrece como ejercicio de crítica cívica.
El canal ultra kirchnerista C5N envió un equipo especial para hacer trabajo periodístico a favor de Nicolás Maduro en Venezuela. Y NICOLÁS MADURO LOS DEPORTÓ.
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@bevavera@MariaCorinaYA Claro, es más importante responder a los pataleos de la “oposición” que le lava la cara al régimen, que hacer lo posible por salir de la dictadura. Ridícula.
The New York Times just published a hit piece against .@MariaCorinaYA.
I’m not exaggerating, and this kind of journalism needs to be called out.
Simón Romero’s article is crafted to damage a democratic leader who has stood up to a criminal regime. Let me explain why.
Yo empecé a despedirme de amigos y familiares en el 2008.
No eran pocos, pero tampoco como para considerarse un éxodo. Cada año, a medida que la violencia política, la inseguridad, la pérdida de poder adquisitivo, daban paso a más motivos para irse, ese número fue aumentando.
De a poco empezaron los reacomodos de grupos sociales, porque éramos tan pocos, que había que mezclar grupos para tener reuniones.
Luego empezó la escasez y una ola más de inestabilidad y violencia política. Seguimos en el 2012-14. Ahora la conversación más común era "a quién secuestraron este fin de semana". Un crudo recuento de como NADIE se eximía de esta grave realidad.
Los años pasaban, le seguían cambiando el nombre a nuestra moneda, el Bolívar (al que ya le quitaban por segunda vez en menos de 10 años tres ceros más, para un total de 6).
Cada día la inseguridad respiraba más cerca, el control de precios de Chávez y luego Maduro socavaba la producción nacional y el poder adquisitivo. Los amigos y parientes se seguían yendo.
Llega el 2017, el año en el que me voy yo. Ya las palabras "bachaqueros", "hiperinflacion", "vacunas", "perseguidos", "huelga de hambre", "Dieta de Maduro", eran lugar común en el léxico venezolano.
El país estaba derrotado, indefenso, dejado a su muerte. No había trabajo, no habían productos nacionales, no habían repuestos para carros, no había suficiente comida para todos.
Habían millones de venezolanos yéndose en vuelos, viajes, carreras y hasta a pie a donde fuera mientras que no fuera nuestra casa.
Todo esto pasó mucho antes de que las sanciones de EEUU tuvieran lugar.
Vivimos vidas enteras, sufrimos males eternos, padecimos realidades miserables muchísimo antes de que el argumento mísero para escudar la crisis venezolana como producto ajeno, de personajes como @QuicoToro@jdquesada@AKurmanaev@philgunson, siquiera tuvieran vida.
La historia no tendrá la dicha de corregirle sus errores, pero el Internet tampoco borra huellas digitales.