El genocidio en Gaza Palestina ha dejado 74 mil muertos, cerca de 40 mil de ellos son niños, ancianos y mujeres.
Muy miserable el señor @AbelardoPTE que se presta para legitimar el genocidio mientras habla de justicia.
Trino inaceptable y peligroso. Si Pte Petro tiene evidencias de fraude debe trasladarlas a las autoridades competentes pero al Pdte no le corresponde certificar quien ganó o no la eleccion. Eso le corresponde a las autoridades electorales y conforme a ellas el electo es ADLE
No, Juan. Los números son los que son con la misma metodología que se ha usado siempre y para todos los gobiernos, que son los cálculos que presento yo. Si se quiere proponer un criterio distinto para los últimos cuatro años, como hace Felipe, vale. Pero incluso si en gracia de discusión uno quisiera aceptar el criterio de Felipe, la situación no cambia en cuanto a que el nivel de deuda del país es absolutamente típico para la región. A esa hecatombe fiscal que se vende con fines políticos hay que ponerle sensatez, entre otras cosas porque es un discurso que contribuye a ahuyentar innecesariamente la inversión extranjera.
“La violencia no nació del pensamiento.
El juez miró al hombre que había disparado contra el presidente egipcio Anwar Sadat y le preguntó:
— ¿Por qué lo mataste?
— Porque era seglar —respondió el asesino.
El juez frunció el ceño.
— ¿Qué significa “seglar”?
El hombre dudó un segundo.
— No lo sé.
En otro juicio, el acusado había intentado asesinar al escritor Naguib Mahfouz.
— ¿Por qué lo apuñalaste? —preguntó el juez.
— Porque escribió una novela contra la religión.
— ¿La leíste?
— No.
En una tercera sala, otro hombre enfrentaba cargos por asesinar al intelectual Farag Fouda.
— ¿Por qué lo mataste?
— Porque no tenía fe.
— ¿Cómo lo sabes?
— Está en sus libros.
— ¿En cuál?
Silencio.
— No lo sé. No los he leído.
— ¿Por qué no los leíste?
El hombre bajó la cabeza.
— No sé leer ni escribir.
En los tres casos, el patrón era el mismo.
Se mataba por ideas que no se entendían.
Se condenaba por palabras que no se habían leído.
Se odiaba por conceptos que no se sabían definir.
No era convicción.
Era repetición.
No era fe.
Era eco.
No era certeza.
Era obediencia ciega.
La violencia no nació del pensamiento. Nació de la ausencia de él.
El odio no se propaga a través del conocimiento.
Se propaga donde el conocimiento no llega.
Y cada vez que una sociedad renuncia a educar, no crea ignorantes.
Por eso la educación tiene que crear las condiciones para que los seres humanos aprendamos a pensar”.
Les invito a inscribirse en este link en la escuela de formación. Empezamos pronto:
https://t.co/DsoWRmOGHU
Hojitas que le caen al dulce
Tengo 81 años. Y al igual que millones de colombianos, he luchado toda la vida por salir adelante. Empecé como emprendedor y 60 años después tengo la enorme satisfacción de haber creado empresas que valoran al ser humano con una filosofía de crecimiento compartido. No soy de izquierda ni de derecha. Creo en el sistema capitalista, pero también que ese capitalismo debe servir para que la gente que trabaja en la legalidad se desarrolle y prospere. He trabajado por la paz de Colombia, he sido activo socialmente, he apoyado liderazgos de todas las corrientes políticas y hasta incursioné en el servicio público para trabajar por la estabilidad social de mi región. He tratado siempre de ser un buen ciudadano pero, por mis posturas personales, recibo ataques de un lado y del otro.
Esta semana, un influenciador publicó en sus redes sociales que yo recibí dos billones de pesos del Gobierno del presidente Gustavo Petro, algo que no es verdad. Supongo que es su manera de tergiversar los aranceles que fueron establecidos para defender al sector siderúrgico colombiano de la competencia desleal de China, un problema mundial que tiene al borde de la quiebra a cientos de siderúrgicas en Latinoamérica. No es la primera vez que me difaman, y tampoco será la última. La lista es larga.
Cuando fui alcalde de Cali me graduaron de llorón. Entonces un político, que ahora es senador del Pacto Histórico, cuestionó mi buen juicio y pidió públicamente que un especialista certificara mi salud mental para demostrar que estaba apto para gobernar.
Hace un año, una exsenadora del Centro Democrático mintió en una entrevista al afirmar que yo monté Sidoc gracias a una fortuna que supuestamente heredé de un hermano, como si la fábrica no fuera producto del esfuerzo de miles de trabajadores que han creído en ella desde hace 39 años.
Hace dos meses, un medio de comunicación alternativo vinculó el nombre de Sidoc al ‘Proyecto Júpiter’, una supuesta estrategia ideada con fines electorales, cuando en la empresa siempre se ha defendido el derecho fundamental a votar libremente. Cualquier trabajador puede dar fe de ello.
Incluso amigos de infancia de mis hijas, muchachos que vi crecer hasta convertirse en hombres hechos y derechos, y que hasta apoyé en determinados momentos, han intentado hacerme campañas sucias para desprestigiarme.
Nadie está exento de ser cuestionado. Sin embargo, el costo de asumir posturas de centro es precisamente ese: las mentiras que se convierten en falsas noticias. Y algo queda. Pero a estas alturas he aprendido a tomar las afrentas como hojitas que le caen al dulce. De todos modos, no deja de ser triste que por el solo hecho de pensar distinto, otros opten por calumniar e injuriar sin medir las consecuencias.
A pesar de todo, sigo pensando que la única forma de arreglar este país es convenciéndonos de que a Colombia la tenemos que empujar entre todos. Eso implica unirnos como sociedad, tolerarnos y respetarnos independientemente de nuestras convicciones personales. Y luchar con la honestidad y entereza que demostró el ‘Cucho’ Hernández en el partido contra Uzbekistán, donde un jugador del doble de su tamaño lo tumbó y le cayó encima, pero se sobrepuso y se levantó, forcejeó, lo gambeteó y pudo tirar un centro perfecto para que Jáminton Campaz marcara el tercer gol. De eso se trata.
¡Esto es un insulto! Ni el Chocó, ni el Pacífico, ni ningún otro territorio históricamente olvidado del país merecen el desprecio de quienes nos consideran ciudadanos de segunda o tercera categoría, y que además solo respetan la democracia cuando les favorece.
Llamar “vacas” a un pueblo porque votó distinto, de manera legítima y auténtica, es negar su dignidad, su conciencia y su derecho a decidir en libertad.
Los votos de los territorios olvidados no valen menos que los del resto del país.
Ánimo.
Si los troyanos o los griegos hubieran dejado de pelear cuando iban perdiendo en la guerra de Troya, no existiría la Ilíada. Y sin ella, no existiría nuestra literatura.
Así que por los ancestros griegos,
Ánimo y ¡Cepeda presidente!
Esto merece TODO mi reconocimiento al gobierno de @petrogustavo. Reducir la pobreza es el primer deber ético de todo presidente de Colombia.
Nunca olviden que estamos entre los 5 países más desiguales del planeta, según el Banco Mundial
El señor Abelardo de la Espriella anda en una gira muy intensa por medios de comunicación donde se ha dedicado a desmentirse a sí mismo, pero ya quedó en evidencia que su plan de recortar el 40% del Estado implica el acabar con programas sociales y quitarle financiación a entidades centrales para el funcionamiento del Estado, cómo el ICBF y el Programa Nacional de Empleo. Aquí no comemos cuento, señor De la Espriella, usted debe hacerse cargo de sus afirmaciones y de su programa de gobierno.
Por eso voto a conciencia ¿Mi conciencia? Votar por @IvanCepedaCast y @aida_quilcue este 21 de junio