@traumatogeek Wow...!!! A lo largo de mis 60 años he donado como 30 veces y nunca me detuve a pensar que pasaba dentro de mi después de cada donación. Es maravilloso como nuestro cuerpo responde.
“El primer día de clase, la maestra doña Tomasa les dijo a sus alumnos de quinto grado, que ella siempre trataba a todos por igual, que no tenía preferencias ni tampoco maltrataba ni despreciaba a nadie. Muy pronto comprendió lo difícil que le iba a resultar cumplir sus palabras. Había tenido alumnos difíciles, pero nadie como Pedrito. Llegaba al colegio sucio, no hacía las tareas, pasaba todo el tiempo molestando o dormitando, era un verdadero dolor de cabeza. Un día no aguantó ya más y se dirigió a la dirección.
- Yo no soy maestra para soportar la impertinencia de un niño malcriado. Me niego a aceptarlo por más tiempo en mi clase. Ya casi son las vacaciones de Navidad, espero no verlo cuando volvamos en enero.
La directora la escuchó con atención, y sin decirle nada, revisó los archivos y puso en las manos de doña Tomasa el libro de vida de Pedrito. La profesora lo comenzó a leer por deber, sin convicción. Sin embargo, la lectura le fue arrugando el corazón:
La maestra de primer grado había escrito: “Pedrito es un niño muy brillante y amigable. Siempre tiene una sonrisa en los labios y todos le quieren mucho. Entrega sus trabajos a tiempo, es muy inteligente y aplicado. Es un placer tenerlo en mi clase”.
La maestra de segundo grado: “Pedrito es un alumno ejemplar con sus compañeros. Pero últimamente se encuentra triste porque su mamá padece una enfermedad incurable”
La maestra de tercero: “La muerte de su mamá ha sido un golpe insoportable. Ha perdido el interés en todo y se pasa el tiempo llorando. Su papá no se esfuerza en ayudarlo y parece muy violento. Creo que lo golpea.”
La maestra de cuarto: “Pedrito no demuestra interés alguno en clase. Vive cohibido y cuando intento ayudarle y preguntarle qué le pasa, se encierra en un mutismo desesperanzador. No tiene amigos y está cada vez más aislado y triste”
Por ser el último día de clase antes de las Navidades, todos los alumnos le llevaron a Doña Tomasa unos hermosos regalos envueltos en fino y coloridos papeles. También Pedrito le llevó el suyo envuelto en una bolsa de papel. Doña Tomasa fue abriendo los regalos de sus alumnos y cuando mostró el de Pedrito, todos los compañeros se echaron a reír al ver su contenido: un viejo brazalete al que le faltaban algunas piedras y un frasco de perfume casi vacío. Para cortar por lo sano con la risa de los alumnos, Doña Tomasa se puso con gusto el brazalete y se echó unas gotas de perfume en cada una de las muñecas. Ese día, Pedrito se quedó el último al salir de clase y le dijo a su maestra: “Doña Tomasa, hoy usted huele como mi mamá”
Esa tarde, sola en su casa, Doña Tomasa lloró un largo rato. Y decidió que en adelante, no solo iba a enseñar a sus alumnos lectura, escritura, matemáticas… sino sobre todo, que los iba a querer y les iba a educar el corazón. Cuando se reincorporaron a clase en enero, Doña Tomasa llegó con el brazalete de la mamá de Pedrito y con unas gotas de perfume. La sonrisa de Pedrito fue toda una declaración de cariñoso agradecimiento. La siembra de atención y cariño de Doña Tomasa fue fructificando en una cosecha creciente de aplicación y cambio de conducta de Pedrito. Poco a poco, fue volviendo a ser aquel niño aplicado y trabajador de sus primeros años de la escuela. Al final del curso, a Doña Tomasa le costaba cumplir sus palabras de que, para ella, todos los alumnos eran iguales, pues sentía una evidente predilección por Pedrito.
Pasaron los años, Pedrito se fue a continuar sus estudios en la universidad y doña Tomasa perdió contacto con él. Un día recibió una carta del doctor Pedro Altamira, en la que le comunicaba que había terminado con éxito sus estudios de medicina y que estaba a punto de casarse con una muchacha que había conocido en la universidad. En la carta le invitaba a la boda y le rogaba que fuera su madrina de boda.
El día de la boda, Doña Tomasa volvió a ponerse el brazalete sin piedras y el perfume de la mamá de Pedrito. Cuando se encontraron, se abrazaron muy fuerte y el Doctor Altamira le dijo al oído: “Todo se lo debo a usted, Doña Tomasa”. Ella, con lágrimas en los ojos, le respondió: “No, Pedrito, la cosa sucedió al revés, fuiste tú quien me salvaste a mí y me enseñaste la lección más importante de la vida, que ningún profesor había sido capaz de enseñarme en la universidad: me enseñaste a ser maestra”.
“CARTA DE UNA PROFESORA” PARA LOS “IGNORANTOS E IGNORANTAS”
“Carta de una Profesora” con acertadísima y lapidaria frase final. Está escrito por una profesora de un instituto público.
Yo no soy víctima de la Ley Nacional de Educación. Tengo 69 años y he tenido la suerte de estudiar bajo unos planes educativos buenos, que primaban el esfuerzo y la formación de los alumnos por encima de las estadísticas de aprobados y de la propaganda política.
En jardín (así se llamaba entonces lo que hoy es “educación infantil”, mire usted) empecé a estudiar con una cartilla que todavía recuerdo perfectamente:
la A de “araña”, la E de “elefante”, la I de “iglesia” la O de “ojo” y la U de “uña”.
Luego, cuando eras un poco mayor, llegaba “Semillitas”, un librito con poco más de 100 páginas y un montón de lecturas, no como ahora, que pagas por tres tomos llenos de dibujos que apenas traen texto.
Eso sí, en el Semillitas, no había que colorear ninguna página, que para eso teníamos cuadernos.
En Primaria estudiábamos Lengua, Matemáticas, Ciencias, no teníamos Educación Física.
En 6º de Primaria, si en un examen tenías una falta de ortografía del tipo de “b en vez de v” o cinco faltas de acentos, te bajaban y bien bajada la nota.
En Bachillerato, estudié Historia de España, latín, Literatura y Filosofía.
Leí El Quijote y el Lazarillo de Tormes; leí las “Coplas a la Muerte de su Padre” de Jorge Manrique, a Garcilaso, a Góngora, a Lope de Vega o a Espronceda…
Pero, sobre todo, aprendí a hablar y a escribir con corrección.
Aprendí a amar nuestra lengua, nuestra historia y nuestra cultura.
Y… vamos con la Gramática.
En castellano existen los participios activos como derivado de los tiempos verbales.
El participio activo del verbo atacar es “atacante”; el de salir es “saliente”; el de cantar es “cantante” y el de existir, “existente”.
¿Cuál es el del verbo ser? Es “ente”, que significa “el que tiene identidad”, en definitiva “el que es”. Por ello, cuando queremos nombrar a la persona que denota capacidad de ejercer la acción que expresa el verbo, se añade a este la terminación “ente”.
Así, al que preside, se le llama “presidente” y nunca “presidenta”, independientemente del género (masculino o femenino) del que realiza la acción.
De manera análoga, se dice “capilla ardiente”, no “ardienta”; se dice “estudiante”, no “estudianta”; se dice “independiente” y no “independienta”; “paciente”, no “pacienta”; “dirigente”, no dirigenta”; “residente”, no “residenta”.
Y ahora, la pregunta: nuestros políticos y muchos periodistas (hombres y mujeres, que los hombres que ejercen el periodismo no son “periodistos”), ¿hacen mal uso de la lengua por motivos ideológicos o por ignorancia de la Gramática de la Lengua Española? Creo que por la dos razones. Es más, creo que la ignorancia les lleva a aplicar patrones ideológicos y la misma aplicación automática de esos patrones ideológicos los hacen más ignorantes (a ellos y a sus seguidores).
Les propongo que pasen el mensaje a vuestros amigos y conocidos, en la esperanza de que llegue finalmente a esos ignorantes semovientes (no “ignorantas semovientas”, aunque ocupen carteras ministeriales).
Lamento haber aguado la fiesta a un grupo de hombres que se habían asociado en defensa del género y que habían firmado un manifiesto. Algunos de los firmantes eran: el dentisto, el poeto, el sindicalisto, el pediatro, el pianisto, el golfisto, el arreglisto, el funambulisto, el proyectisto, el turisto, el contratisto, el paisajisto, el taxisto, el artisto, el periodisto, el taxidermisto, el telefonisto, el masajisto, el gasisto, el trompetisto, el violinisto, el maquinisto, el electricisto, el oculisto, el policío del esquino y, sobre todo, ¡el machisto!
SI ESTE ASUNTO “NO TE DA IGUAL”, PÁSALO, POR AHÍ, CON SUERTE, TERMINA HACIENDO BIEN HASTA EN LOS MINISTERIOS.
Porque no es lo mismo tener “UN CARGO PÚBLICO” que ser “UNA CARGA PÚBLICA”
"TÚ MAMÁ TE ENCONTRÓ YA LLEGUE POR TI, YA NOS VAMOS"
Sonora.- Nora, una madre desesperada por encontrar a su hija desaparecida, buscó durante dos años incansablemente a Fernanda, su hija, quien desapareció un 02 de octubre de 2018.
La desaparición de su hija, la armó de valor para formar un colectivo de búsqueda de desaparecidos y durante dos años, salió a campo a buscarla por su cuenta y con sus propios recursos, a ella y los cientos de desaparecidos del municipio de Cajeme, Sonora.
Se cansó, lloró, gritó, se desesperó, e inclusive enfermó, quiso abandonar todo, pero la promesa que le hizo al recuerdo de su hija la mantenía en pie para continuar buscándola.
Ella la quería de vuelta, como todos, en vida, sin embargo, el 02 de octubre de 2020 dio con sus restos.
Le tocó sacar a Fernanda, parte por parte de una tumba clandestina, tomarla con amor y limpiar cada hueso que encontró de ella, situación que ninguna madre debería de vivir, nunca...
Al final pudo decir: "Tú Mamá te encontró ya llegue por ti, ya nos vamos"
Nora no quebró vidrios, no pintó paredes, no dañó monumentos, no incendió nada, y aún así la autoridad nunca le dio resultados, fue ella al lado de su grupo de amigas y buscadoras.
Nota de RAUL CORNEJO en Playas de Rosarito B.C.
“TENEMOS QUE HABLAR DEL TÍO SCAR”...
Me encanta el Rey Leon pero no puedo dejar de pensar en el error que cometen Mufasa y Sarabi de no hablarle claro a Simba sobre el tío Scar.
Papá y mamá habían dejado de confiar en él, pero nadie le contó esto al cachorro.
Quizá los papás de Simba no querían “contaminarlo” con problemas de adultos.
Quizá esperaban poder contener las acciones del tío.
Quizá esperaban que con el tiempo algo cambiara y Scar entrara en razón.
Quizá no querían hablar mal de uno de su propia manada.
Quizá confiaban en que Simba estaba a salvo porque Zazú lo cuidaba.
Lo cierto es que no haber hablado claro con su cachorro trajo graves consecuencias.
En la vida real como en El Rey León, hay que dejar de postergar esa plática pendiente sobre el tío o el abuelo o el amigo de la familia o el vecino y poner las cosas claras con los hijos. (A cualquier edad)
Y hablar claro no es atemorizarlos o perjudicar la imagen que tienen de otra persona.
Basta con dejarles saber que los adultos tienen desencuentros; que en ese momento papá y mamá no entienden lo que “el tío” está haciendo; y que, como le tienen confianza a su hijo, quisieron ponerlo al tanto de lo que está pasando entre adultos.
Nuestros hijos podrán intuir la sinceridad cuando digamos que al tío le tenemos mucha estima y que esperamos que la situación vuelva a ser como antes. También podrán entender que no es necesario que se molesten con él para hacer alianza con papá y mamá.
Los problemas de adultos, los resolverán los adultos.
Después, dependiendo la situación particular, podemos hablarles y pedirles:
Si estás solo en casa y llega el tío Scar, te vamos a pedir que no le abras la puerta.
Si llega por ti al colegio y te invita de paseo, dile que esperarás a que vayamos por ti nosotros.
Si te dice algo que no te guste, no dudes en contarnos.
Si te pide que guardes un secreto, recuerda que lo bueno siempre se puede contar.
Si en casa les ha faltado hablar del “tío Scar”, HOY puede ser un buen día para hacerlo.
NOTA: (El tío Scar puede ser también una mujer)