@catrina_nortena Sigue acumulando tu odio contra otros latinoamericanos y defendiendo a los piratas.
Cada vez que mires hacia arriba vas a seguir viendo nuestra bandera argenta, a menos que te mudes a vivir a Marte o mejor a Venus, así te tuestas un poco.
@catrina_nortena No digas ridiculeces. Tienen 14 colonias en pleno s. XXI
Son los mayores piratas con una historia llena de matanzas.
Se robaron las Malvinas como robaron a 3/4 del planeta.
Escuchá y aprendé de los irish que los conocen bien ⬇️
https://t.co/RbuFicLcab
Argentina acaba de clasificar a la semifinal del Mundial pero no dejemos de lado esta doble plancha sobre Nico González que era clara roja
Ah pero después lloran porque el pelotudo de Émbolo se tiró los tontos que tienen RM en su nombre
El hombre que ven en la imagen se llama Josè "Joe" Ceballos. Nació en México, llegó a Kansas a los 4 años y es un convencido votante trumpista.
Vive en Coldwater, un pueblito de setecientos habitantes, entre graneros, pacas de heno, camionetas y banderitas americanas en las verjas.
Republicano hasta la médula, el pueblo y él también.
Y él nunca se ha movido de Coldwater. Ha hecho la primaria allí, la secundaria allí, el bachillerato allí. Ha trabajado para la compañía eléctrica del pueblo durante toda su vida. Se casó allí, crió a sus hijos allí, cría ganado allí.
Lo conocen todos: es "Joe". Al que hablas cuando se rompe el sistema de alcantarillado. Aquel que en diciembre monta las luces de Navidad en la plaza. Aquel que el día de los Veteranos y del Memorial Day levanta las banderas.
Y también por eso lo eligieron alcalde dos veces. La última vez, en noviembre de 2025. Porque en Coldwater Joe es uno de ellos. De hecho: Joe es uno de ellos.
Joe en las elecciones de 2024 votó por Trump. Convencido al 100. Y lo mismo había hecho en 2016 y en 2020.
Pero hay un pequeño detalle: Joe no podía votar. Porque después de 51 años en Kansas, después de haber sido alcalde de una ciudad estadounidense, técnicamente seguía siendo mexicano.
De hecho, tenía la tarjeta verde, no la ciudadanía.
Se había registrado a los 18 años durante una excursión escolar al tribunal del condado. El empleado había preguntado "¿alguien quiere inscribirse?" y Joe había levantado la mano junto con sus compañeros.
Joe declaró en el tribunal que no sabía que para votar en América era necesario ser ciudadanos estadounidenses: "Pensaba que 'residente permanente' significaba que estaba en regla".
Durante casi cuarenta años, en las urnas de Coldwater, Joe fue a votar con la más absoluta convicción de ser como todos los demás.
Y en cambio no. El día después de su reelección, el fiscal general de Kansas, Kris Kobach, republicano, trumpista, halcón de la inmigración, lo acusa de fraude electoral.
Joe acepta un acuerdo: libertad vigilada, dos mil dólares de multa. Y cuando sale del tribunal declara a los periódicos: "Quizás ahora también pueda pedir la ciudadanía".
Era el 13 de abril.
Miércoles 13 de mayo, exactamente un mes después, el ICE, la policía migratoria que tanto le gustaba a Joe, le envía una bonita cartita: "Señor Ceballos, preséntese en Wichita".
Joe va. En coche, dos horas de pradera, a través de los campos de trigo del profundo Kansas. Se presenta, entrega el móvil y acaba en la celda. Ahora corre el riesgo de ser deportado a México, donde la última vez que estuvo llevaba todavía el chupete.
La portavoz del Departamento de Seguridad Nacional, Lauren Bis, comentó: "Nuestras elecciones pertenecen a los ciudadanos estadounidenses, no a los extranjeros".
Y mientras Joe era trasladado a la cárcel del ICE, frente a las oficinas federales se reunieron decenas de sus conciudadanos. Todos allí pidiendo la liberación de Joe. Todos allí, en su gran mayoría, votantes de Trump.
Aquellos que habían votado a favor de "expulsar a los inmigrantes ilegales".
Y ahora descubren lo que nosotros repetimos desde hace una vida: que la máquina del odio no mira cuánto tiempo llevas allí, no mira a quién has votado, no mira si eres el alcalde o el jardinero. Muele. Y cuando se acaba la carne de los demás, empieza con la tuya.
Joe ha votado a Trump tres veces.
Joe corre el riesgo de ser deportado por Trump.
Y mientras lo cargan en la furgoneta, en algún lugar de Kansas, hay un seguidor suyo con la gorra MAGA en la cabeza que se rasca la nuca y se pregunta, quizás por primera vez en la vida, si acaso no lo habían tomado un poco demasiado en serio, esos.
Bienvenidos a la realidad...
Harrison Ford on Donald Trump: "I don’t know of a greater criminal in history. He doesn’t have any policies, he has whims.”
RETWEET if you stand with Harrison Ford against Donald Trump!
@SilMercado El otro día, posta, me encargaron un par de barritas de cereal en promo en la YPF Full, $1900. Al rato fui por otras dos para mí, $2100
-Qué pasó?
-Hace un rato llegó el aumento
10% en un toque
Muchos rubros suben así
Donde está el 2% mensual??
1️⃣ Derrocar a un dictador suena moralmente justo. Nadie llora por un tirano. Pero el derecho internacional no se construyó para proteger a los buenos, sino para contener a los poderosos. Por eso prohíbe la fuerza casi sin excepciones: no porque ignore la injusticia, sino porque sabe que, si cada país decide a quién “liberar” a balazos, el mundo vuelve a la ley del más fuerte.
2️⃣ El problema no es Maduro. El problema es el precedente. Cuando la fuerza militar se usa para cambiar gobiernos sin reglas claras, la soberanía deja de ser un límite y se vuelve un estorbo. Hoy es “derrocar a un dictador”; mañana será “corregir una elección”, “proteger intereses”, “restaurar el orden”. El derecho no absuelve dictaduras, pero tampoco legitima cruzadas unilaterales.
3️⃣ La pregunta incómoda no es si un tirano merece caer, sino quién decide cuándo y cómo. Porque la historia enseña algo brutal: sacar al dictador es fácil; construir justicia después, no. Y cuando la legalidad se rompe en nombre del bien, casi siempre lo que sigue no es libertad, sino caos, violencia y nuevas víctimas. El derecho existe para recordarnos eso, incluso cuando incomoda.