< iba bien. Poniendo una de sus sonrisas fingidas de actriz, la mayor respondió a su hija-
Bastante bien, pese a que la mayoría de gente de mi quinta son insoportables, ver el mar día sí, día también es algo a lo que podría acostumbrarme.
Está bien, está bien. A veces no recuerdo que ya eres mayorcita para tomar tus propias decisiones. Crecéis tan rápido...
-La mujer sonrió gentilmente, estaba orgullosa de su hija en realidad, pues la veía más feliz que cuando estaban en tierra. Al menos a una de las dos le >
-Sabía que estaba en lo cierto, pero no iba a llevar la contraria a su hija, a veces una debía dejar a su descendencia chocar con la piedra para que aprendiesen.-
¿Seguro? En ese caso adelante, espero que tengas suerte. Ya me contarás que tal...
-La mujer sonrió viendo lo emocionada que parecía la chica, observando las fotos del chico con detenimiento. Al haber estado en la industria del teatro y la ópera, podía reconocer perfectamente a la gente homo, y aquella no era una excepción.-
Cielo... Es muy... De tu estilo >
¿El Christian? ¿Ese no era uno de los chicos que te querías...? Cómo decís los jóvenes... Ah, sí ¿Tirar?
-Preguntó la mujer con complicidad mientras se llevaba el tenedor cargado de pasta a la boca. Pero sin dejar de atender, interesada por la vida de la joven.-
-Mandó a Filoperra uno de esos dibujitos que usan tanto los jóvenes "👍" pasando así a prestarle atención a su hija. Aprovechaba cada rato que podía con ella después de todo.-
¿Qué tal te va todo cari��o? ¿Al fin te respetan el resto de peluqueros?
< discreta mesa en la esquina del comedor. Un lugar para hablar sin que las escuchasen.-
Más te vale una buena excusa para eso. Soy amiga del capitán y puedo hacer que te manden a la calle.
-La mujer hizo un leve saludo con la cabeza, acercándose a ella con cara de malos amigos poco después.-
Ahora que tienes un descanso, quiero que me digas como has tenido la desfachatez de colar a esa vieja antes que yo en la peluquería.
-Y así señaló con la mirada una >
-La anciana se encuentra en el buffé libre del restaurante. Ha descubierto lo que es Netflix y se ha pasado toda la mañana viendo su telenovela. Se le había olvidado hasta comer.-
No me sirven esas excusas jovencita.
–Se quejó mientras entraba, claramente cambiando su actitud una vez se cerró la puerta.–
Qué guapa que estás mi vida. Te sienta bien la brisa del mar.
–Se acercó a abrazar a su hija con fuerza. Echaba de menos el contacto físico.–>
–Cuando vio a su amiga y a su hija llegar una sonrisa afloró en sus facciones, pero la ocultó rápidamente para guardar las apariencias.–
Ya era hora, hacer esperar a un cliente es de mala educación.
-Volvería a reír, su hija nunca cambiaba, siempre mirando lo malo de la gente, pero tenía razón, el barco parecía un circo y no solo por los ancianos que lo poblaban.-
Te entiendo, el fontanero es... Peculiar cuanto menos.