La investigación de los aventureros los llevaron a encontrar con seis sobrevivientes en la entrada del laboratorio, Nino, junto con la compañía de Pasca, los llevaron de vuelta a Hora Diomedea; nuestros protagonistas, junto a la compañía de Lepage y el Capitán Romfh
Lepage se mantuvo amarga, había perdido más compañeros de lo que le gustaría admitir.
“Incluso uno de sus caballeros están en contra de las morales de la Emperatriz, creo que su nombre era Felien, la última vez nos había ayudado a escapar de los soldados de Ultimea.”
Se cerciora de que esta bioarma no pueda herir a nadie mas antes de alejarse un poco de las crisálidas.
— Habrá que tener cuidado... pero no podemos detenernos, hay que salvarlos —sentencia rozando otra vaina, preparada para atacar de nuevo si fuera necesario.
magia curativa.
— Debemos ayudar a la mayor cantidad de gente posible —murmura rozando con las yemas de sus dedos otra crisálida, en espera de que tambien se abriera.
Al tocar la crisálida, Killen sintió unos cuantos latidos, la crisálida no era fuerte para los del mundo exterior, por lo que se abrió con un "¡poff!”.
¡Felicidades, Killen ha encontrado a una víctima!
— Iré contigo, Hanabi...
Perderse le daba bastante miedo, más en ese sitio desconocido. Por eso siguió a la chica por detrás, sin quitarle el ojo de encima
— ¿Oh? ¿Qué es eso?
Se acercó a las crisálidas, tocándolas a ver si estas habían algo, su curiosidad era obvia
(Nuestros aventureros tendrán que investigar cada cámara de crisálidas que se muestra en el mapa a continuación, al interactuar con una, se utilizará una ruleta para ver si se trata de una bioarma o una víctima. ¡Buena suerte!)
El Capitán asintió con un profundo respeto por Killen, y así los Partisianos, junto con la compañía de los aventureros que aceptaron la misión, partieron con rumbo fijo al Laboratorio de Ultimea, atravesando varios canales de cuevas terminaron cerca del un edificio, pristino y
por todas partes, Partisianos con alas y garras, algunos con extremidades de más, metálicas y funcionales, agresivas. Todos soltaban sonidos guturales, nada parecido a palabras, pero... quizá si los aventureros abrían las crisálidas antes de tiempo podían salvar algunos.
La mujer permanecía inmóvil, agonizando en el suelo. No pasó ni un minuto cuando Nino salió disparado en búsqueda del Capitán y los demás partisianos parte de la fuerza rebelde.
Mientras tanto, los aventureros fueron dejados con la mujer, sollozando con dolor logró hablar.
compañía llegaron, escuchando aquello último.
“La Emperatriz no tiene corazón... por obtener más poder... pero primero debemos ir a salvar a esas pobres personas. Adala, por favor, cuida de ella.”
El Capitán ordenó, mientras sus ojos se fijaron en los aventureros