A mis casi 30 años les voy a dar un consejo que nadie me pidió.
Hagan las cosas bien incluso si nadie los está viendo. No sé si es Dios, la vida o el destino pero les juro que siempre hay una recompensa cuando hacemos las cosas genuinamente bien y desde el corazón.
Nunca había caído en cuenta de que vivir bajo la premisa de hablar siempre con la verdad es algo placentero. Qué placer hablar, actuar y mostrarse con lo que uno verdaderamente es, con lo que uno verdaderamente piensa.