Hay momentos en los que necesito desaparecer un poco. No porque esté molesta con alguien, ni porque haya pasado algo. Simplemente hay días en los que mi mente necesita silencio, espacio y tiempo para recargarse. Si de pronto dejo de hablar durante algunos días, no lo tomen como algo personal. Simplemente es una necesidad mía, una forma de volver a encontrarme y recuperar energía.
Siempre pensé que escribir, o incluso la idea de tener un diario, era una tontería. No le encontraba sentido. Pero con el tiempo empecé a hacerlo, no como un diario tradicional, sino como un lugar donde dejar todas esas ideas, emociones y pensamientos que a veces no sabes cómo expresar.
Hay personas que coleccionan recuerdos en fotografías. Yo los guardo en hojas secas, piedras bonitas, flores que encontré por casualidad y cielos que nunca volví a ver iguales.
Hay días en los que no quiero hacer grandes planes. Solo abrir las ventanas, dejar que entre el aire fresco, preparar algo de comida y escuchar cómo el viento mueve las hojas. A veces eso basta para sentir que el día estuvo lleno.
Me conmueve imaginar que cada animalito vive una historia distinta. Que un pajarito despierta sabiendo a qué rama volver, una abeja encuentra el camino hacia su flor favorita y que mi gatito y perrito tienen un universo entero dentro de sí que siempre será un misterio para mí.
Quiero un amor vivo, como los árboles: uno que crezca con el tiempo, resista las tormentas y florezca una y otra vez. Quiero pertenecer al lugar donde mis raíces encuentren hogar y decidan quedarse.