Mira si Messi, en su último mundial de fútbol, no va a pelear esa pelota con el arco despejado.
Algo muy turbio pasó antes de salir a la cancha. Llámenme conspiranoica pero sabemos como juega el mejor del mundo.
Lean y dimensionen cada dato, por favor. En estos momentos, Lionel Messi es el jugador con más goles (8), más regates exitosos (25), más ocasiones generadas (26) y más chances claras producidas (8) en lo que llevamos de Copa del Mundo.
➤ El pibe de 39 años de edad les está ganando la batalla por la Bota de Oro a Kylian Mbappé (8), Erling Haaland (7) y Harry Kane (6), que son los mejores centrodelanteros del planeta y están en su prime.
➤ El pibe de 39 años de edad generó más ocasiones y más chances claras que Michael Olise y Ousmane Dembélé. ¡Ah! Y está a 1 sola asistencia (4) de igualar a Olise como el máximo asistente (5) del torneo.
➤ El pibe de 39 años de edad tiene más regates exitosos (25) que Lamine Yamal (22), Vinicius Júnior (16), Michael Olise (15), Kylian Mbappé (14) y Jude Bellingham (13).
No tiene ninguna lógica que, en el tramo final de su carrera, Lionel Messi esté siendo el MEJOR JUGADOR de una Copa del Mundo. No tiene sentido que, en su último baile mundialista, haya brillado más que estrellas que se encuentra en su prime y talentos muchos más jóvenes que él.
Y algunos se quieren sentar a hablar de favores y regalos. Y algunos todavía quieren mantener un debate insostenible. Y algunos aún se atreven a decir que no es el mejor futbolista de todos los tiempos.
EL AMO Y SEÑOR DEL FÚTBOL ES UNO SOLO.
Genuinamente el tipo que mas defendí en mi vida, el no lo sabe pero nunca nadie me va hacer feliz de la forma en la que el lo hizo. https://t.co/vZB1aJkeG2
Cuando termina la pelea, los boxeadores, que se estuvieron dañando la salud durante largos minutos, se abrazan. ¿Por qué? Porque entienden que durante el combate hay que dejarlo todo, pero cuando termina, dejan de ser rivales y vuelven a ser personas. Por eso, durante el partido, cuando Mbappé se rio ante cada patada, cuando mostró la pelota o cuando tiró un lujo ya con la ventaja en el marcador, hizo lo que debía: responder con personalidad y fútbol. Pero, cuando no saludó a Gill una vez consumada la victoria y prácticamente se la gritó en la cara, pasó a ser automáticamente un estúpido, un cobarde y un deshonorado. Estúpido, por provocar a alguien recién vencido; cobarde, porque sabía bien que Paraguay no podía revertir el resultado y que el arquero guaraní no podía dormirlo de una piña; y deshonrado porque rompió con todos los códigos que rigen el fútbol y que atraviesan desde los potreros hasta la Copa del Mundo. Un crack Kylian, pero un imbécil de época