Y ahora, amiguitos, a esos mismos a los que han puesto ceros los contratarán de interinos y harán lo posible para no pagarles el verano. El día en que todos los interinos se planten, no abre ni un colegio...
A mucha gente le pone triste diciembre. Y no es casualidad. Lo que para algunos es luces, villancicos y brindis, para otros es nostalgia pura. Duelo. Ausencias que se notan más cuando todo el mundo finge que “estamos todos bien”. Y no, no estamos todos bien.
Desconectar está de moda, pero lo que importa es aprender a vivir bien conectados. Con lo que importa, con quienes nos hacen bien, con uno mismo. La clave no es huir del ruido sino elegir bien a qué le damos volumen.
Has de comprender que las etapas vitales vienen cargadas de experiencias diferentes. La más importante es la que brota del autoconocimiento. Cuando aceptas quién eres y amas en quién te conviertes -lejos del prisma exterior-, eres un alma libre. Soltar, soltar, soltar.
He llegado a la conclusión de que uno empieza haciendo cosas súper complejas que le complican un montón la vida para acabar llegando a las sencillas y apreciarlas de corazón
Es normal tener miedo a que tu vida después de un tiempo no sea la misma. Para bien o para mal, las cosas cambian. Aprendes a desprenderte, a reinventarte, a empezar de nuevo, a dar la bienvenida a sensaciones desconocidas, a decir adiós a tantas otras. Y no siempre se elige.
El motor de la vida es la ilusión. No creo que exista una emoción más trascendente. Es la anticipación de cada vivencia valiosa que está por venir. No es lo mismo vivir en automático que vivir con ese cosquilleo que indica que igual lo mejor aún está por llegar. Cuando la ilusión se apaga se pierden los motivos y el para qué de esta vida. Por eso hay que intentar encenderla una y otra vez, proyectos, personas, planes, hobbies, momentos. La ilusión es la anticipación de ese cachito de tiempo que nos llena de vida.
Las 12 campanadas no van a cambiar nuestra vida o nuestra suerte de repente.
Pero nos dan la oportunidad de cerrar un ciclo, una etapa, y comenzar otra.
A veces necesitamos “algo”, para buscar ese cambio.
Que 2023 sea el motivo que nos haga avanzar, mejorar, y ser más felices ❤️
si me pudiera haber dado un consejo tiempo atrás sería el de que querer llegar a todo es una garantía de no llegar a nada. La búsqueda de la perfección, la resolución, la productividad, la brillantez continuada en todos los ámbitos (hasta en el autocuidado) es nociva
En la cultura de la inmediatez nos cuesta aceptar q hay procesos q conllevan su tiempo, q hay heridas q no sanan de la noche a la mañana y los cambios vitales suelen ser producto de hábitos mantenidos. Poner la vista a medio plazo a veces es la mejor solución a un presente hostil
estamos tan involucrados con la inmediatez que no dejamos espacio a los tiempos. Lo queremos todo ahora sin mesura. No tenemos una cultura de la paciencia ni una madurez de la espera. Y así normal que lo que venga sea efímero, incoherente, contradictorio, vacío.
Mi padre me dijo una vez que había que saber marcharse y hoy entiendo lo que quiso explicarme; las personas se definen por su manera de quedarse, pero sobre todo por su forma de irse.
Hay personas que te ayudan a convertirte en quién terminas siendo y solo puedes agradecérselo, aunque no estén destinadas a quedarse en tu vida.
Cómo dice en Rayuela de Julio Cortázar: "te quiero y te quise aunque estemos destinados a no ser."
Los padres luchan a diario por vernos volar pero les invade un miedo terrible cuando alzamos el vuelo. Es una mezcla de libertad, gratitud, nostalgia y refugio. Y es bonito. Algún día los entenderemos