Rompí algo y no me dijo nada.
Le di mal las indicaciones y solo se hecho a reír, no me gritó.
Se me olvidó algo en casa y regresó, no se enfadó.
Tarde en arreglarme y llegamos tarde, pero solo se sentó a mi lado a contemplarme y decirme lo guapa que estaba.
Le pido algo y sin dudarlo busca la manera de ayudarme.
Sin duda sé que estoy en el lugar correcto ❤️🩹
Empatizar no es imaginar cómo te sentirías tú si te pasara lo que le pasa a otra persona.
Eso es proyectar.
La empatía, en cambio, consiste más bien en salir de uno mismo. No es pensar “si yo estuviera en tu lugar”, sino tratar de comprender cómo se siente esa persona, siendo quien es: con su forma de ver el mundo, de sentir, de interpretar lo que le ocurre.
Es escuchar sin corregir, mirar sin juzgar.
Empatizar es un acto de humildad: aceptar que no tengo tus respuestas, ni tus emociones, ni tu forma de procesar lo que estás viviendo.
Pero sí puedo acompañarte desde ahí.
A veces no es que tú seas un problema: es que ese lugar en el que estás ya no tiene espacio para tu crecimiento. Insistir donde el alma se apaga es una forma silenciosa de romperse. Cambiar de aires no es huir; es elegir respirar.
Moverte, aunque dé miedo, suele ser la forma más honesta de volver a encontrarte.
La lealtad no hace ruido. No promete, no presume, no negocia. Está ahí cuando todo se cae, cuando ya no queda nada bonito que mirar. Es la mano que no suelta, incluso cuando tú eres el que tiembla.
Amor no es sentir. Amor es cuidar, sostener conversaciones incómodas, tener en cuenta al otro, escuchar, demostrar y cambiar patrones que dificultan conservar un vínculo que importa. Amar no va de sentimientos, sino de hacer algo al respecto por personas con las que compartes la vida. Y madurar también consiste en llegar aquí