Julio Anguita hace más de quince años, sobre el Sahara y Marruecos , clavándolo , como siempre. Espectacular. Este señor es quien tendría que haber sido Presidente del Gobierno. �
Seneca curó la ansiedad 2.000 años antes de que existiera la terapia.
Fue el hombre más rico de Roma y consejero de un emperador. Y aun así pasó su vida escribiendo sobre cómo calmar la mente.
7 frases de él que todavía funcionan 🧵
Todos los errores en política exterior con Marruecos podrían haberse evitado si en vez de pasar tiempo en la sauna Adán los políticos del gobierno hubieran escuchado este podcast sobre el desastre de Annual. Reconozco que a mí es el único podcast / libro que me hizo soltar alguna que otra lágrima. Son muchas horas, es un podcast muy documentado, quizás la obra de arte de @memoriastambor. Lo que se desprende no puede ser más claro: Marruecos solo entiende la fuerza. Cuando perciben debilidad, atacan. No hay espacio para retirar la mano. Un golpe debe ser respondido con uno mil veces mayor. España no puede quedarse quieta ante lo sucedido. Hay que desplegar un contraataque de medidas económicas, políticas y militares que deje al Rey de Marruecos a los pies de los caballos.
https://t.co/VY29CVdDnA
@heraldoes Perjudicar ?? Lo que hay que leer . Ese dinero debe de ir destinado a la escuela pública que es la única que garantiza la educación para todos en todos los sitios cohesionando la sociedad por igualdad y discriminando por privilegios ni idearios
NO TIENE NINGÚN SENTIDO. ES LA SALVACIÓN MÁS LOCA DE LA HISTORIA 🔥
@casademontBZ se salva cuando perdía de 5 puntos a falta 6 segundos 🤯
#LigaEndesaxDAZN 🏀
*BRITISH WRITER PENS THE BEST DESCRIPTION OF TRUMP*
Someone asked "Why do some British people not like Donald Trump?" Nate White, an articulate and witty writer from England wrote the following response:
A few things spring to mind. Trump lacks certain qualities which the British traditionally esteem. For instance, he has no class, no charm, no coolness, no credibility, no compassion, no wit, no warmth, no wisdom, no subtlety, no sensitivity, no self-awareness, no humility, no honour and no grace – all qualities, funnily enough, with which his predecessor Mr. Obama was generously blessed.
So for us, the stark contrast does rather throw Trump's limitations into embarrassingly sharp relief.
Plus, we like a laugh. And while Trump may be laughable, he has never once said anything wry, witty or even faintly amusing – not once, ever.
I don't say that rhetorically, I mean it quite literally: not once, not ever. And that fact is particularly disturbing to the British sensibility – for us, to lack humour is almost inhuman.
But with Trump, it's a fact. He doesn't even seem to understand what a joke is – his idea of a joke is a crass comment, an illiterate insult, a casual act of cruelty. Trump is a troll. And like all trolls, he is never funny and he never laughs; he only crows or jeers.
And scarily, he doesn't just talk in crude, witless insults – he actually thinks in them. His mind is a simple bot-like algorithm of petty prejudices and knee-jerk nastiness. There is never any under-layer of irony, complexity, nuance or depth. It's all surface.
Some Americans might see this as refreshingly upfront. Well, we don't. We see it as having no inner world, no soul. And in Britain we traditionally side with David, not Goliath. All our heroes are plucky underdogs: Robin Hood, Dick Whittington, Oliver Twist. Trump is neither plucky, nor an underdog. He is the exact opposite of that. He's not even a spoiled rich-boy, or a greedy fat-cat. He's more a fat white slug. A Jabba the Hutt of privilege.
And worse, he is that most unforgivable of all things to the British: a bully. That is, except when he is among bullies; then he suddenly transforms into a snivelling sidekick instead.
There are unspoken rules to this stuff – the Queensberry rules of basic decency – and he breaks them all. He punches downwards – which a gentleman should, would, could never do – and every blow he aims is below the belt. He particularly likes to kick the vulnerable or voiceless or female – and he kicks them when they are down. So the fact that a significant minority – perhaps a third – of Americans look at what he does, listen to what he says, and then think 'Yeah, he seems like my kind of guy' is a matter of some confusion and no little distress to British people, given that:
• Americans are supposed to be nicer than us, and most are.
• You don't need a particularly keen eye for detail to spot a few flaws in the man.
This last point is what especially confuses and dismays British people, and many other people too; his faults seem pretty bloody hard to miss.
After all, it's impossible to read a single tweet, or hear him speak a sentence or two, without staring deep into the abyss. He turns being artless into an art form; he is a Picasso of pettiness; a Shakespeare of shit. His faults are fractal: even his flaws have flaws, and so on ad infinitum. God knows there have always been stupid people in the world, and plenty of nasty people too. But rarely has stupidity been so nasty, or nastiness so stupid. He makes Nixon look trustworthy and George W look smart. In fact, if Frankenstein decided to make a monster assembled entirely from human flaws – he would make a Trump.
Las "razas malditas" de España (I): introducción.
En la historia social peninsular hubo un puñado de comunidades que durante siglos fueron tratadas como pueblos aparte por la sociedad mayoritaria, con segregación residencial, prohibición de matrimonios mixtos, separación litúrgica en las iglesias y oficios reservados. La historiografía contemporánea las ha agrupado bajo el rótulo divulgativo de "etnias malditas", aunque ese nombre, eso sí, hay que matizarlo desde el principio. Salvo en el caso de los chuetas mallorquines (descendientes verificados de judeoconversos del XV) y en parte el de los agotes navarros (donde un estudio genético reciente de la UCM dirigido por Antonio González-Martín deja la puerta abierta a un origen cátaro o leproso funcional), no estamos ante etnias en sentido biológico. Lo que tenemos son gremios endogámicos racializados por su entorno o regiones pobres convertidas en imaginario de barbarie.
Los siete grupos que vamos a tratar en esta serie, uno por uno, son los siguientes.
Los AGOTES del valle de Baztán y resto de Navarra septentrional, prolongación peninsular de los cagots gascones y bearneses. Tenían una puerta lateral de entrada a la iglesia (visible aún en Arizkun, tapiada en 1954), pila bautismal separada, prohibición de portar armas, oficios limitados a la carpintería y la cantería.
Los VAQUEIROS DE ALZADA del occidente asturiano y noroeste leonés. Ganaderos trashumantes entre brañas de altura e invernales costeros, marginados por los "xaldos" (campesino sedentarios) con bancos aparte y vasos de cuerno en las tabernas. La inscripción de la iglesia de San Martín de Luiña, "no pasan de aquí a oír misa los baqueros", sigue grabada en el suelo.
Los HURDANOS de Cáceres, racializados por la pobreza estructural extrema, el bocio endémico por carencia de yodo y la endogamia forzosa de los valles altos. La leyenda negra hurdana se construyó entre Pascual Madoz, los viajeros franceses del XIX y, sobre todo, el documental falsificado de Buñuel en 1933.
Los MARAGATOS de Astorga, arrieros del Camino Real Madrid-Galicia con monopolio del transporte de pescado y mercancías de lujo hasta la llegada del ferrocarril. Endogamia gremial estricta, vestido distintivo y una fama proverbial de honradez comercial que les valió el monopolio.
Los CHUETAS de Mallorca, descendientes de judeoconversos del XV cristalizados en quince apellidos (Aguiló, Bonnín, Cortès, Forteza, Fuster, Martí, Miró, Picó, Pinya, Pomar, Segura, Tarongí, Valentí, Valleriola, Valls) tras el auto de fe de 1691 y la fijación literaria del jesuita Garau. La marginación social efectiva pervivió hasta los años setenta del siglo XX. El Parlamento balear reconoció la discriminación histórica en septiembre de 2023.
Los MERCHEROS o quinquilleros, comunidad nómada castellana cristiana vieja, no romaní ni mestiza con gitanos. Afiladores, paragüeros, hojalateros y tratantes.
Y por último los PASIEGOS de los valles cántabros del Pas, Pisueña y Miera. Ganaderos trashumantes verticales con cabañas escalonadas, famosos por sus amas de cría en la corte de Madrid hasta Alfonso XIII inclusive. La marginación pasiega es la más tardía y leve, surgida en el XIX por envidia económica.
Iremos uno por uno a lo largo de la semana.