«El día que @sergiodelmolino decidió reírse de esta revista fue el día que perdió su millón. Lo desenmascaramos hoy, con afecto y sin prisa, que para eso la paciencia, como él bien sabe, también es una forma de erudición. Aunque sea de Burger King»
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Escribo en respuesta al ataque coordinado de algunos ilustres de @elpais y la @La_Ser a @JotDownSpain encabezados por Elvira Lindo, una de las comisarias culturales del grupo @PRISA#stopbullying
@imparsifal@FranGMatute Me pasó igual: @imparsifal fue el que me apoyó desde el principio. Mar empezó a ceder tras la entrevista a @ariasmultiverso ya que la música no tenía especial protagonismo para ella.
@bibliocronicas@JotDownSpain Está divertido. Si hubieras hablado conmigo antes lo hubiera estado más. Que sepas que mi seres queridos piensan lo mismo que tú de la foto.
@prensa14 Y lo que queda por venir, que falta la TV y sus tertulianos. Nosotros seguimos respondiendo con buenos artículos que fomenten el pensamiento crítico sin servidumbres ideológicas.
Se ha prostituido el ocio hasta vaciarlo de humanidad.
Hoy escribo en el @diariolaopinion sobre festivales de música.
Parques temáticos con altavoces.
https://t.co/8MW6o2ExkY
Cumplimos 15 años y contra toda lógica empresarial seguimos haciendo revistas de 256 páginas en blanco y negro con largos artículos y preciosas fotografías que fomentan el pensamiento crítico sin rendir cuentas a ideologías y algoritmos. Erras nobiscum?
https://t.co/Kvly4iEleO
Yo te digo lo que me parece, junto con el pack “comentaristas del panfletillo”: más resentimiento y otra dosis de medias verdades. Lo único verdadero lo ha escrito @imparsifal de pe a pa. Mucha fantasía en cabezas bastante ajenas o ya en la total periferia de @JotDownSpain, se ve que aún les duele. https://t.co/nscDca1IRd
"Probablemente leeré La Bola, así como el resto de libros que salgan sobre el personaje. Pero Mar de Marchís, Shizuka, siempre superará con su ficción a las realidades que otros queramos encontrar"
Vidas y bolas imaginarias, por @uriondo@JotDownSpain https://t.co/jQO2SukU6d
Esto.
Pero claro, si enseñas la verdad de todo, a lo mejor Enric se enfada porque Enric tenía una importancia mínima en JD.
Y Verdú no quiere que Enric se enfade.
Leído lo de La Bola, me permito dos o tres apuntes, desde lo poco que pueda yo manejar...
1. Hablaría cinco o seis veces con Mar, conmigo siempre fue amable y respetuosa, nada invasiva. Quizá tuve suerte, pero fue así
Por si quedaba alguien por escribir sobre el libro de marras...
-Mar de Marchis, la fundadora fantasma de Jot Down que, sin dejarse ver, todo lo veía
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Jot Down: La mujer que creó una de las mejores revistas de España sin que nadie supiera quién era
Durante más de una década, algunos de los periodistas y escritores más prestigiosos de España trabajaron para una mujer a la que casi nadie había visto jamás.
Cuando falleció, se descubrió que gran parte de su identidad era una ficción, pero la verdadera historia no es el engaño. Es algo más fascinante.
El milagro casi imposible
En 2011, cuando la prensa española atravesaba una de las peores crisis de su historia reciente, apareció una revista cultural llamada Jot Down.
El contexto no invitaba precisamente al optimismo. Los grandes periódicos despedían periodistas, reducían plantillas y perseguían desesperadamente el tráfico digital.
El consenso parecía claro. Internet había condenado los textos largos, la reflexión pausada y el periodismo de profundidad.
Jot Down apostó exactamente por lo contrario.
Entrevistas de veinte o treinta mil palabras. Reportajes que exigían tiempo y atención. Fotografías en blanco y negro. Un diseño elegante. Ninguna obsesión por la última polémica del día.
Mientras gran parte de la industria asumía que el lector se había vuelto incapaz de concentrarse más de unos minutos, aquella revista decidió tratarlo como a un adulto. La apuesta parecía suicida y sin embargo funcionó.
Durante su etapa de mayor expansión llegó a vender decenas de miles de ejemplares de una revista trimestral de casi trescientas páginas cuyo precio rondaba los quince euros. Su empresa matriz alcanzó una facturación cercana a los 1,5 millones de euros anuales. Para una publicación cultural independiente, aquellas cifras resultaban extraordinarias.
Lo más sorprendente es que detrás de aquel proyecto no se encontraba un gran grupo mediático, una universidad prestigiosa o un empresario multimillonario. Detrás estaba una mujer a la que casi nadie había visto jamás.
El fantasma de la redacción
Durante años la fundadora de Jot Down se presentó bajo el nombre de Mar de Marchis. Desde esa identidad fue construyendo una red de colaboradores que acabaría reuniendo a algunos de los nombres más importantes del periodismo y la cultura española. Por sus páginas pasaron autores como Enric González, Manuel Jabois, Maruja Torres o Antonio Muñoz Molina, entre muchos otros.
La revelación conocida estos días ha provocado una enorme conmoción en determinados círculos culturales. Mar de Marchis era en realidad María Jesús Marhuenda Irastorza, fallecida en 2022.
El reciente libro La bola, del periodista Daniel Verdú, ha reconstruido una historia que mezcla talento, anonimato, complejos personales, construcción de identidad y relaciones de poder.
La polémica ha dividido a quienes la conocieron. Para unos fue una impostora. Para otros fue una visionaria. Lo más probable es que ambas descripciones contengan una parte de verdad.
El gran experimento de internet
Lo verdaderamente fascinante de esta historia no es que utilizara un alias. Los seudónimos han existido siempre. Lo fascinante es que lograra construir una de las cabeceras culturales más influyentes de España partiendo de una posición aparentemente marginal.
No procedía de las grandes redacciones nacionales. No era una figura conocida del mundo editorial. No pertenecía a ninguna dinastía cultural ni contaba con una red de contactos heredada. En teoría, reunía muy pocos de los requisitos que solemos asociar al éxito dentro de las élites intelectuales. Y, sin embargo, lo consiguió.
Aquí aparece una pregunta incómoda. Durante años hemos escuchado que vivimos en una sociedad donde el talento termina imponiéndose por sí mismo. Pero la propia existencia de este caso parece sugerir algo distinto. Una mujer llegó a la conclusión de que su nombre real, su apariencia real y su vida real podían convertirse en obstáculos. Así que construyó una identidad alternativa. Y esa identidad sí obtuvo atención.
Quizá la historia no solo nos habla de ella. Quizá también habla de los prejuicios y mecanismos de reconocimiento que operan en los círculos culturales.
El ego como combustible
Existe la tentación de explicar todo lo ocurrido mediante una única palabra, manipulación. Es una explicación cómoda, pero insuficiente.
La realidad es que ningún engaño sostiene por sí solo una revista durante más de una década. Ninguna máscara consigue que cientos de escritores colaboren durante años si detrás no existe también una visión editorial sólida.
Mar de Marchis comprendió algo que muchas empresas periodísticas habían olvidado. Los buenos autores no buscan únicamente dinero. Buscan lectores. Buscan libertad. Buscan prestigio intelectual. Buscan un lugar donde se valore aquello que hacen.
Mientras numerosas redacciones reducían artículos para adaptarlos a métricas y algoritmos, Jot Down ofrecía exactamente lo contrario. Espacio. Tiempo. Cuidado formal. Respeto por el texto.
Para muchos escritores aquello se convirtió en un refugio. La revista no creció únicamente gracias a una identidad misteriosa. Creció porque supo detectar una necesidad real que otros medios estaban ignorando.
La sombra tras el mito
Ahora bien, tampoco conviene idealizar la historia.
Las investigaciones recientes describen prácticas mucho más problemáticas. Fotografías que no correspondían con la persona real. Biografías inventadas. Relaciones personales construidas sobre información falsa. Acusaciones de manipulación emocional y utilización de confidencias privadas para gestionar determinadas relaciones profesionales.
Si parte de esos testimonios es correcta, entonces la historia deja de ser únicamente la de una mujer brillante que utilizó una máscara para superar sus limitaciones.
Pasa a ser también la historia de alguien que terminó utilizando esa máscara como instrumento de poder. Y ahí es donde aparece la verdadera complejidad moral del caso.
Porque una obra admirable no convierte automáticamente a su autor en admirable ,pero tampoco los defectos de una persona borran automáticamente el valor de una obra.
Una tragedia contemporánea
Quizá por eso esta historia ha despertado tanta fascinación.
No habla únicamente de periodismo. Habla de internet. Habla de identidad. Habla de reconocimiento. Habla de una época en la que millones de personas descubrieron que podían relacionarse con el mundo sin que nadie conociera realmente quiénes eran.
Mar de Marchis llevó esa lógica hasta sus últimas consecuencias. Construyó un personaje para protegerse del mundo. Ese personaje le permitió levantar una revista extraordinaria.
Jot Down se convirtió en una referencia cultural. Y con el paso de los años el personaje terminó creciendo hasta hacerse inseparable de la persona.
Resulta especialmente triste que este debate se esté produciendo después de su muerte. María Jesús Marhuenda ya no puede explicar sus motivos, defenderse de determinadas acusaciones o reconocer posibles errores. Otros hablan ahora por ella, a favor o en contra, mientras su figura se transforma poco a poco en personaje histórico.
Sin embargo, quizá la pregunta más interesante siga siendo otra. Si María Jesús poseía desde el principio la inteligencia, la sensibilidad cultural y la visión editorial que permitieron crear Jot Down, ¿por qué sintió que necesitaba convertirse en otra persona para que el mundo estuviera dispuesto a escucharla?
Porque tal vez la respuesta a esa pregunta nos diga tanto sobre nuestra sociedad como sobre ella misma.