Me disculpo cuando hago algo mal. No cuando mi reacción es consecuencia de algo que me hicieron primero. Porque una cosa es reconocer errores y otra muy distinta aceptar culpas que no me corresponden.
La gota que derramó el vaso no es el enojo, es el cansancio, porque cuando uno se cansa la mentalidad cambia, no avisas, no persigues, no ruegas, no esperas, no corres, no te interesa más, sólo cierras el libro, apagas la luz, bajas el telón y punto final.