Al final del día sólo soy yo en mi cuarto hablando con Dios y pidiéndole que por favor todo me salga bien, que me dé fuerzas para seguir, que me mejore mi vida y me ayude con todo lo que no le cuento a nadie y sólo él sabe.
Me parece linda la idea de construir algo con alguien: crecer juntos, admirarse incluso conociendo los defectos y errores del otro, y aún así elegir mejorar y evolucionar de la mano. Porque, al final, de eso se trata.