Criticamos la meritocracia generalmente cuando no ganamos el premio. De repente, conseguimos una beca o sacamos una oposición y no paramos de hablar de cuánto nos hemos esforzado.
No es una defensa de la meritocracia, es una crítica contra el esfuerzo.
El análisis profundo de uno mismo lleva a un único descubrimiento: que lo inconfesable es inmenso. Mucho más inmenso de lo que podíamos imaginar, mucho más inmenso de lo que podemos confesar.
El desprecio del juego por medio de la descripción más simplificada demuestra la simplicidad de la persona que lo desprecia. “22 jóvenes en pantalón corto corriendo detrás de un balón”.