Hoy, después de 17 años, gracias a la actividad de la @JEP_Colombia una familia rionegrera que represento, conoció la verdad sobre la muerte de su hijo y hermano a manos de un agente del Ejército Nacional.
Creo que es un error romper relaciones con Cuba. El gobierno actual de la Isla no promueve la revolución en Colombia. Eso quedó en el pasado. En cambio, Cuba ha sido esencial en la búsqueda de la paz entre nosotros. Puedo atestiguar el profesionalismo, la integridad y la seriedad diplomática del gobierno de Cuba en las conversaciones de fin del conflicto con las antiguas FARC. Pero voy más allá: Cuba no promueve la revolución, pero en cambio, sí es una voz política que contribuye a desarmar los espíritus de los más radicales. El argumento de que es un gobierno dictatorial, no resiste el menor análisis, no porque uno defienda a ese gobierno, sino porque con ese criterio Colombia debería romper relaciones con una infinidad de países. Las características del régimen no son las que determinan la utilidad de las relaciones diplomáticas con distintas naciones. Me llamarán mamerto de nuevo. No importa. Sugiero mayor reflexión.
Bueno, aprovecho el envión de atención que tuvo mi tuit para recordarles a quienes saben y contarles a quienes no que estoy coordinando esta escuela de artes y letras, que me tiene muy contento pero que necesita más estudiantes para poder yo dedicarle más tiempo y hacerla mejor:
Las cosas de vida: Pensando que la agenda política estaría determinada por los 900 Decretos y por el cambio de instituciones Social-Democráticas, por Neoliberales; pero NO, la agenda está determinada por el lugar de posesión del Presidente y si primero se reune civiles y luego con militares o todo lo contrario
Ahora le decía a una amiga que lo peor de esta temporada es que me tienen defendiendo valores republicanos y no me dejan ejercer en paz como comunista.
Los odio.
Lo ridículo que me parece que un tipejo como Daniel Briceño se vaya a pasar cuatro años en el congreso peleando por chichiguas.
No parce, con razón todo.
No quiero parecer muy ortodoxo, pero la descentralización consiste en transferir competencias o funciones de una entidad pública a otra con autonomía para ejercerlas. Una posesión en otra ciudad no redistribuye el poder ni modifica las competencias del Estado. ¡Qué ligereza!
Las denuncias de Angie Rodriguez se deben investigar pero teniendo en cuenta que hizo parte de ese tramado de corrupción que hoy denuncia; no podemos ser tan pendejos de creer que es la pulcra de la bandola @FiscaliaCol@ABDELAESPRIELLA
Nada sorprendente: tanta supuesta "sabiduría" y tanta "cátedra" terminaron desnudas en su pequeñez ante la miseria y ambición de un cargo vistoso que lo hará sentir que tiene la importancia que cree tener.
¿Cuál ego será más grande, el suyo o el del presidente electo?
La coherencia de algunos dura unas cuantas semanas.
Caso @jmauriciogaona en 3 actos:
1 acto: comunicado diciendo que no estaba en campaña de Abelardo, ni aceptaba cargos en su gobierno por reservas personales con alguien cercano a la campaña: se supo después que se refería a Carlos Alonso Lucio por haber sido del M-19 (toma palacio de justicia)
2 acto: carta de despedida de Colombia.
3 Acto: acepta y agradece designación como Embajador ante Naciones Unidas en Nueva York.
Curioso además porque Abelardo ha dicho que retirará a Colombia de la OEA y de Naciones Unidas.
Cualquier reserva moral y/personal se olvida ante una Embajada en Nueva York. "Ni más faltaba".
Los 3 actos:
Yo creo que la crítica a Federico Gutiérrez, su gabinete y amigos por estar en un espacio privado ejerciendo su autonomía y libertad, es bastante innecesaria. Lo contrario, hay que reclamar que esa vara moralista no sea un parámetro de juicio. Hablemos mejor de la ciudad.
Hoy voy a resumir la tesis de DWORKIN sobre la ÚNICA RESPUESTA CORRECTA EN DERECHO. Me preguntó sobre este tema una querida silexiana (https://t.co/sOIXwFDp46) en un curso reciente que impartí y quiero recoger aquí mi respuesta, siempre sometida a dudas y críticas, porque para eso somos profesores e investigadores y no hooligans sin seso ni reflexión.
La tesis de R. Dworkin sobre la única respuesta correcta nos dice esto, en resumen: si al sistema de las reglas (los enunciados normativos que encontramos como Derecho positivo y que leemos en el texto de la Constitución, de tal o cual ley, de este o aquel reglamento, etc.) le añadimos los principios que dan sus sentido de fondo y explican moralmente los contenidos positivos del sistema, entonces el sistema es completo (no tiene lagunas), es coherente (se disuelven las antinomias) y es claro (porque los principios dan respuesta objetiva unívoca a cualquier duda interpretativa que surja de las normas del derecho positivo). Evidentemente, el sistema de las reglas tiene lagunas, antinomias y e indeterminación semántica, pero, según Dworkin, si consideramos que el sistema jurídico es el sistema de las reglas más el conjunto de los principios inspiradores y fundamentadores de fondo, tal sistema completo ya no estará aquejado de ninguno de esos tres defectos.
Como la naturaleza última de los principios es moral, son tales normas morales las que perfeccionan el sistema jurídico, cualquier sistema jurídico, y hacen que en él haya una sola respuesta correcta para cada caso que un juez tenga que juzgar y aun cuando esa respuesta a veces será contra legem, porque en ciertos casos un principio del sistema derrotará a la norma positiva (regla o hasta principio expreso o positivado del sistema), lo cual ocurrirá cuando la solución jurídico-positiva sea contraria a la solución que el principio avala.
Por tanto, para Dworkin, hay en el fondo de cada ordenamiento jurídico una única respuesta correcta para cada caso porque por encima del Derecho positivo, y diga este lo que diga, está el conjunto de tales principios, que son a la vez jurídicos (son normas del Derecho, son normas del sistema jurídico aun cuando el legislador o el poder constituyente no los haya acogido expresamente o, incluso, si los contradice con algunas de sus normas positivas) y morales (su fuente última no es ninguna voluntad legislativa, ningún poder jurídicamente constituido o políticamente legitimado) sino la moral objetivamente correcta.
Dworkin dice que tal solución correcta para cada caso existe siempre y en cualquier sistema jurídico, aunque sea a veces muy difícil que el juez la encuentre. Y acaba convirtiendo ese postulado de la única respuesta correcta en una especie de peculiar presupuesto cuasi-trascendental del todo Derecho. Todo juez tiene que razonar y fallar dando por sentado que la respuesta única correcta para el caso existe y debe esforzarse para razonar bien y encontrarla, aun a sabiendas de que solo un juez perfecto, cuyo ideal imaginario bautiza Dworkin como el juez Hércules, conocería siempre y en cualquier caso dicha solución, que es la única objetivamente correcta y lo es, a la vez, desde el punto de vista del sistema jurídico y desde el punto de vista del sistema moral: es la jurídicamente correcta porque es la moralmente más justa. Por eso Dworkin y los dworkinianos niegan la tesis iuspositivista de la separación CONCEPTUAL entre Derecho y moral y por eso combaten la antonomía del Derecho frente a la moral, incluida la autonomía del Derecho democráticamente legitimado y formalmente constitucional.
Acabo con mi inevitable opinión malévola: hay dworkinianos que se mofan de la norma hipotética de Kelsen (que es, en Kelsen, un presupuesto de la validez del Derecho como categoría autónoma y diferenciadora de los sistemas jurídicos frente a otros sistemas normativos, como la moral) y que se tragan sin rechistar a Hércules, Dworkin y semejante maraña de afirmaciones inverosímiles. Cosas veredes.
Pero lo que sí es claro, creo, es que con este paso de poner algo así como los presupuestos cuasi-trascendentales de lo jurídico en la decisión judicial, se inicia una transición que ha puesto patas arriba nuestros sistemas constitucionales y que ha provocado una transferencia de soberanía del pueblo, de los cidadanos electores, a los jueces. Se ha pasado del control de validez de las normas del Derecho, como control de constitucionalidad o de legalidad (según el peldaño de la jerarquía normativa en que se esté) al control de aplicabilidad de las normas, convenciendo a los jueces de que pueden excepcionar lo que las normas positivas mandan para el caso (incluido lo que dicen las normas constitucionales), con solo decir que hay un principio que en ese caso pesa más o es más importante o simplemente se impone porque sí.
Pagaremos durante muchas décadas esta catástrofe y acabarán viendo muchos la triste verdad cuando sea tarde: por eso hay gobiernos y partidos que ya han captado que, si el poder no es del pueblo, sino de los jueces, hay que asegurarse el dominio político y social controlando a los jueces. Los jueces arrebataron el poder soberano al legislativo democrático -y al constituyente de base democrática- y los gobiernos están ahora quitando ya para siempre su poder a los jueces y no habrá nadie ya que, ley en mano, pueda controlar al que manda. Y así, de la mano de nuestros queridos iusmoralistas dworkinianos y de algún colega alemán que pensó que la Providencia nos mandaba principios envueltos en tests que venden en Amazon, volvió el autoritarismo, despuntó la tiranía y se jodió el Perú (y todos nuestros países). A lo mejor los Trump, Maduro, Milei, AMLO, Pedro Sánchez y compañía no son más que lectores avanzados de Dworkin y los dworkinianos.
Y nosotros pensando que al fin llegaba la justicia y resplandecían los derechos humanos. ¡Qué incautos e irresponsables hemos sido tantos constitucionalistas, iusfilósofos y aprendices de brujo con cátedra de ciencias jurídicas ocultas!
Señor @nicoposadalopez, le exijo inmediatamente que retire mi nombre de ese listado. No tengo interés en Comfenalco y por el contrario, le aclaro que los verdaderos empresarios de Antioquia, saben perfectamente que yo he sido un opositor acérrimo de la izquierda y sus andanzas.
@nicoposadalopez Por afirmaciones irresponsables como esta, fui sujeto de persecuciones, amenazas y todo tipo de arbitrariedades durante este gobierno.@ABDELAESPRIELLA
Así que por favor, verifique su información y corrija, porque de lo contrario, tomaré medidas legales contra usted de inmediato.
Aquí son tontos, o nos toman por tontos, porque insinúan que centralización es cuando el presidente despacha desde Bogotá, y descentralización cuando despacha desde Barranquilla. Como si la centralización no fuese una estructura administrativa, legal, presupuestal, sino algo que se reduce a la ubicación geográfica del presidente.