El triunvirato (Delcy, Jorge y Diosdado) debería pensarlo muy bien antes de interpretar esta descomunal derrota histórica de Trump y los republicanos en las elecciones de medio término.
“No hay nada más peligroso que un animal herido.”
Los analistas coinciden en que cuatro factores principales le pasaron factura a Trump y arrastraron a los republicanos:
1- La guerra en Irán se alargó demasiado. Se sintió directo en el bolsillo de los estadounidenses: gasolina y diésel por las nubes. No fue ni chicha ni limonada. Tenía que ser más agresivo o retirarse. Se quedó en el medio y pagó el precio.
2- Las deportaciones masivas. Se le fue la mano con el ICE. La mano dura que muchos pedían terminó generando rechazo cuando se convirtió en una operación de agresión permanente y visible.
3- La sombra de la corrupción familiar. Las fortunas que se han hecho con criptomonedas y el mercado de valores (con información privilegiada o acceso privilegiado).
4- La opacidad en Venezuela. Nadie sabe realmente los detalles de los contratos petroleros con el chavismo de Delcy Rodríguez ni cómo se maneja el dinero. Esa falta de transparencia también le pasó factura.
Trump ya pagó electoralmente por mantener esas políticas. Ya no tiene nada que perder. No será candidato en 2028. El único camino que le queda es terminar lo que empezó y está a medio camino. Y eso incluye a Venezuela: no puede irse sin la chiva y el chivito.
Si yo fuera chavista, lo pensaría dos veces antes de celebrar esta derrota. Aún le quedan más de dos años en el cargo, y un animal herido con poder ejecutivo, sin reelección posible y con negocios inconclusos en el patio trasero suele volverse más peligroso, no menos.
Y ojo, a los demócratas les conviene más ahora terminar de concretar un cambio definitivo en Venezuela y ganarse ese crédito para las elecciones presidenciales en 2028. Es decir, el chavismo sale sí o sí.
@Juliococo@ven1360 Yo estoy de acuerdo con usted un motivo que que vote contra la construcción del 99 es justamente porque no estoy de acuerdo con la doble nacionalidad
@Juliococo@ven1360 La constitución de 1961 no permitió la doblé nacionalidad
El artículo 39 de dicha constitución dictaba quien adquiere otra nacionalidad perdía la venezolana
No entiendo entonces por qué algunos movimientos y personalidades de izquierda de Europa, EEUU y Sudamérica insiste tanto en defender al chavismo como un movimiento de izquierda https://t.co/9fmyT3SyM3
Lo irónico es que los "progres" ponían de ejemplo al chavismo por la gran revolución que estaban haciendo, pero siempre se callaron con las violaciones de derechos
En 1989, la Stasi de Alemania Oriental mantenía unos 189 000 colaboradores extraoficiales. Aproximadamente uno por cada 90 habitantes.
El socialismo prometía una sociedad de camaradas y construyó una maquinaria de vigilancia donde hasta la confianza podía terminar convertida en expediente policial.
Cuba utilizó ese sistema desde mucho antes con la creación de los CDR en la década del 60. Chivatos pagados con miseria y chivatos miserables de gratis.
@pntleondacendra En dónde ven una influencia de la Nueva Granada determinante en la exploración y conquista del actual territorio venezolano durante la colonia, y eso no se puede aplicar a todo el territorio hubo zonas donde la influencia desde la actual Colombia realmente no existió
@pntleondacendra Es un debate que se a dado y tiene que continuar en desmitificar nuestra historia, eso también lo he visto en otros países un caso en Colombia sobre Venezuela
¿Saben qué sí hubiera sido catastrófico para Venezuela? Que Trump hubiera desconocido el resultado e intentado imponer a sus candidatos por la fuerza, desatando una crisis constitucional que consuma toda la atención de Washington y deje el proceso venezolano en suspenso. No pasó.
Vance podría salir no tan mal parado de la paliza de anoche como algunos creen. El principal catalizador del voto fue la inflación, de la que la guerra en Irán es en parte responsable. Y el mayor detractor de esa aventura militar en el gabinete de Trump se llama J. D. Vance.
menos del 5% de la diáspora actual reúne los requisitos para votar en los países donde migran. y de ese 5% la mayoría llevan más de diez años viviendo afuera, por ende es muy probable que ya se hayan adaptado a la situación política de dichos países.
este discurso es xenofóbico
@chourritos háganse responsables de sus decisiones como país, la derecha en colombia no ganó solo por los pocos venezolanos habilitados para votar, ganó por todos los colombianos que tomaron esa decisión
@chourritos los que más se aferran ese “contexto histórico” son de las diásporas más recientes y esos no votan. de hecho, aquí hablan muy mal sobre los venezolanos que se van y se vuelven “zurdos” (no son pocos); y eso sucede porque muchos, en efecto, salen y se adaptan por su nueva realidad
Para empezar, la política exterior es el dominio del poder ejecutivo. Por amplio margen. Esta tendencia se ha ido agudizando durante sucesivos gobiernos, tanto demócratas como republicanos. El Congreso se ha ido quedando con cada vez menos competencias efectivas en la materia.
Ajá. Abordemos la pregunta que muchos venezolanos seguro se están haciendo. ¿El triunfo inmenso de los demócratas en el Congreso va a afectar los planes de Trump sobre Venezuela? Probablemente no mucho. No tanto como pudiera pensarse. En este hilo explico por qué, a mi juicio.
CORTICA Y AL PIE
Venezuela ante el tsunami azul
La conducción de la política exterior estadounidense recae tradicionalmente en el Ejecutivo. El Congreso, aunque tiene atribuciones importantes —como declarar la guerra, aprobar fondos e imponer sanciones—, no dirige su ejecución.
Por eso mismo, sería un error dar por sentado que la victoria demócrata en las elecciones de medio término cambiará sustancialmente el curso de la política estadounidense hacia Venezuela. Podemos esperar más supervisión, por ejemplo, del acuerdo petrolero, lo cual serviría para conocer los detalles de ese fantasmal pacto. Pero una cosa es fiscalizar la política exterior y otra cambiar su rumbo.
Además, en Venezuela confluyen intereses económicos y de seguridad hemisférica del más alto nivel para Estados Unidos. Intereses que comprenden las élites del poder en Washington. Aunque haya quienes critiquen las formas del díscolo Trump por convicción o por réditos políticos, eso no significa que quieran revertir lo ocurrido el 3 de enero ni renunciar a sus resultados estratégicos.
De hecho, la presión demócrata podría traducirse en una mayor exigencia de elecciones en Venezuela. En ese sentido, hay pocas razones para asumir que el tsunami demócrata facilitará el enquistamiento del chavismo en el poder.
Los hermanos Rodríguez y Diosdado Cabello tienen razones para entender que lo ocurrido el 3 de enero y la nueva camaradería con Washington les ofrecen un puente de plata: la posibilidad de regularizar su situación y dejar de vivir como parias internacionales. Sobre sus cabezas sigue pendiendo, como espada de Damocles, la posibilidad de terminar acompañando a Nicolás y a Cilia en Nueva York.
Los demócratas recuperaron ambas cámaras del Congreso, arrebataron siete escaños del Senado a los republicanos y ganaron más de veinte puestos en la Cámara de Representantes. También lograron ganas gobernaciones y estados profundamente republicanos.
Ahora bien, yo le daría mucho más peso al tan famoso voto-castigo que a un respaldo entusiasta al Partido Demócrata. La economía, como casi siempre, fue lo más determinante. A eso sumemos la guerra en Irán, fundamentalmente por su impacto sobre los precios del petróleo y los combustibles, y la política migratoria, con el salvaje ICE...
Según los sondeos de salida, el 75% de los electores está descontento o enojado con el rumbo del país, el 70% quiere que el Congreso controle más a Trump y la aprobación presidencial ronda el 38%. La mitad de los votantes vio estas elecciones como una oportunidad para quejarse de lo que están viviendo.
Ojo, el Partido Demócrata tampoco tiene una valoración favorable entre la mayoría de los estadounidenses. Incluso alrededor de uno de cada cinco de sus propios votantes en estas elecciones tiene una opinión desfavorable del partido. Por eso insisto en el voto-castigo.
¿Es una derrota definitiva para los republicanos de cara a 2028? No me atrevería a asegurarlo. En 1994, Bill Clinton sufrió una paliza histórica, perdió ambas cámaras, rectificó y terminó reelegido dos años después. Bush perdió el Congreso en 2006 y Obama terminó gobernando con ambas cámaras republicanas después de 2014.
¿Cambiará demasiado el rumbo de Trump? Tampoco lo aseguraría. Vienen dos años de vetos, decretos y forcejeo institucional, aunque Trump ya haya tendido un puente a los demócratas y dicho que no pretende pasarse el resto de su mandato vetando leyes. El Congreso podrá bloquear nombramientos, investigar a los funcionarios y condicionar el presupuesto. Pero tampoco dan los votos para destituirlo mediante un impeachment: harían falta 67 senadores, suponiendo que estén presentes los 100.
La gran pregunta, ahora, es sobre lo que puede ocurrir dentro del propio Partido Republicano de cara a 2028… ¿Ya empezó la era post-trump? Hablemos, entonces, de… Marco Rubio.
Me atrevería a decir que el secretario de Estado es el único gran baluarte que le queda ahora mismo al GOP dentro de la administración. Rubio ha caído parado. Ninguna de las principales razones del desencanto con Trump es directamente responsabilidad suya. La economía no tiene que ver con su cartera. La situación migratoria tampoco, aunque por su origen cubano haya recibido críticas. Y hasta la guerra en Irán, en la que evidentemente tiene responsabilidades como secretario de Estado, golpea políticamente más a JD Vance, quien decidió ser una especie de “vocero” en esto. Y, bueno, no salió nada bien…
A eso sumemos que los crazy Cubans lograron resistir y mantuvieron sus curules. María Elvira Salazar, Carlos Giménez y Mario Díaz-Balart, todos ellos ligados a Rubio y, sin duda alguna, grandes aliados de nosotros, los venezolanos.
¿Marco Rubio candidato en 2028? No estoy tan seguro. Tengo la impresión de que podría preferir esperar hasta 2032. Para eso, que se termine de quemar Vance.
¿Y Venezuela en todo esto?
No creo que cambie demasiado el rumbo que Estados Unidos ya ha definido para nuestro país. De hecho, me parece interesante lo que hizo Rubio precisamente entre el regreso de María Corina Machado a Venezuela y las elecciones de medio término. Profundizó algunos elementos del famoso “plan de tres fases” que hasta entonces no había explicado con tanta precisión: la renovación del TSJ y del CNE, la posterior declaración de la falta absoluta presidencial y las elecciones en un plazo de seis meses. También recibió al nuevo canciller de Delcy Rodríguez, Oliver Blanco, probablemente una figura que ahora ocupa ese rol porque así lo ordenaron desde Washington.
No creo que esos movimientos sean casuales. Y hay una razón bastante sencilla: que Venezuela logre llegar a elecciones libres y que un gobierno democrático, legal y legítimo pueda avalar los acuerdos alcanzados será la mejor defensa para la propia administración Trump. Sobre todo, ahora que tendrá un Congreso adverso.
Lo que sí podría cambiar, y bastante, es el escrutinio sobre esos acuerdos. Por ejemplo, el asunto de NABEP y el corrupto Alejandro Betancourt. Me atrevería a decir que este será uno de los primeros asuntos sobre Venezuela que los demócratas intentarán investigar cuando asuman el control de ambas cámaras en enero.
Por fortuna, María Corina Machado y su equipo han trabajado siempre con una lógica bipartidista en Washington. Como debe ser, aunque algunos sujetos hayan criticado aquello que es, para cualquiera con dos dedos de frente, una cosa absolutamente lógica.
Yo tengo mis propias consideraciones sobre el Partido Demócrata y, sobre todo, sobre la administración Biden. “Críticas” se queda corto de mi parte. Pero el trabajo de Venezuela en Estados Unidos debe ser bipartidista. Más todavía si hablamos de alguien que aspira a gobernar nuestro país, ojalá, en los próximos meses.
Por fortuna, también debo decirlo de nuevo, nuestros grandes aliados republicanos del sur de Florida resistieron una elección muy complicada. Aunque por márgenes mucho más estrechos de los que estaban acostumbrados.
El caso de María Elvira Salazar hay que mencionarlo, aunque también a algunos les molestará. Con una ventaja preliminar de poco más de mil votos, recibió durante la campaña los apoyos públicos de Javier Milei, Abelardo de la Espriella y, fundamentalmente, de María Corina Machado, quien fue la primera de ellos en respaldarla. No tengo cómo medir cuánto pesó cada uno, pero en una elección que se decide por semejante margen tampoco, y en ese distrito específicamente, no descartaría que esos apoyos hayan contribuido.
Ya está resuelta, en términos de mayorías parlamentarias, la elección de medio término en Estados Unidos. Trump tendrá que gobernar dos años con un Congreso adverso y los republicanos tendrán que recomponerse para 2028. Tampoco será sencillo para los demócratas, que ahora deberán demostrar que pueden hacer algo más que capitalizar el descontento con el presidente y, sinceramente, no les sobran grandes posibles candidatos. Algunos son, más bien, un peligro. Pero eso se verá en los próximos meses.
Nosotros, en Venezuela, tenemos otra elección pendiente. La presidencial de 2027.
Y mientras más rápido avancemos hacia ella, mejor. Para los venezolanos, porque podremos finalmente elegir libremente a nuestro gobierno, recuperar la democracia y ponerle fin a la tiranía chavista. Y para Estados Unidos, porque una Venezuela con instituciones legítimas y seguridad jurídica, podrá respaldar los acuerdos internacionales sin depender de la permanencia de una pequeña nomenklatura ilegítima y criminal en el poder.
Un win-win, como les gusta decir a los estadounidenses
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